Por Manuel Noctis

El pasado viernes 15 de julio el compa Hilario Peña presentó su más reciente libro “Págale al Diablo” en La Caja Fuerte, que se encuentra dentro del Pasaje Rodríguez, en Tijuana. Me invitó a comentar el libro y este fue el texto que leí en esa noche:

Desde que salí de la universidad suelo cargar libros en mi maletín para darles una lectura en los lugares que me da tiempo hacerlo: trayectos en taxis, intermedios de trabajo, en la calle mientras voy caminando y cualquier lugar donde tenga que estar esperando algo o a alguien. Muchos libros los he terminado así en semanas, incluso me he llevado varios meses y otros tantos se han hecho viejos y se arrugan porque un día los saqué para darles lectura y jamás los volví a tomar en cuenta por aburridos. Pero desde que ando en la reporteada me es a veces imposible siquiera hojear algún libro porque la explotación laboral nos trae diariamente de un lugar a otro a veces sin comer y muchas tantas teniendo que correr para alcanzar la noticia.

Pero con “Págale al Diablo” de Hilario Peña me pasó todo lo contrario. Días después que me lo obsequió lo metí como muchos en mi maletín para que en el momento menos esperado comenzara su lectura. Pasaron otros cuantos días hasta una ocasión que me encontraba en la oficina pendejeando mientras se llegaba la hora de mi salida. Saqué entonces el libro y desde ahí todo valió madre. Me atrapó de un madrazo la novela y la hora que me faltaba para salir se me fue como un disparo secó y certero a la cabeza. Ese día chequé tarjeta en automático y me fui caminando hacia la parada de los taxis para encaminarme hacia mi cantón. Caminé algunas cuadras con el libro en las manos y la vista clavada entre sus páginas.

No me di cuenta que había llegado al bulevard Díaz Ordaz, a la altura del Mercado de Todos, cuando ya iba encaminado a cruzar mientras leía y leía la novela. De repente escuché como un carro derrapó, sonó el claxon varias veces y escuché una mentada de madre. Cuando me salí del trip volteé a todos lados y vi que el carro estaba frente a mí, el vato que iba al volante seguía vociferando y yo, sin pena y con mucha gloria, nada más me le quedé viendo y me regresé a la acera por donde tenía que tomar el taxi. “No mames, me andaban atropellando por andar leyendo un libro del Hilario”, pensé, y como buen idiota de inmediato lo compartí en Facebook.

Desde ese día mi vida cambió un poco. No porque me haya salvado de haber sido atropellado, sino porque después de varios años me había envuelto otra vez una novela con tanto ímpetu como lo hizo “Págale al Diablo”.

¿Por qué cuento todo este mamotreto que quizá a ninguno de ustedes le importa? Porque precisamente ahí creo que radica la importancia, la chingonería y la trascendencia de un libro. Como licenciado en Letras con especialidad en Estudios Literarios que soy, nunca he pretendido descifrar una obra con clichés mesiánicos y academicistas sino con la experiencia propia que te arroja una lectura. Y “Págale al diablo” por poco hace que, de haberme atropellado, le hubiera pagado al Diablo quizá con alguna fractura o la vida misma.

Lo primero que me atrapó de su lectura fue la estructura misma del libro. La segmentación por pequeños capítulos que como serie de televisión, cada que terminaba uno me quedaba la sensación de ya querer ver-leer el otro para saber que era lo que a continuación sucedía. En la reporteada policiaca sucede a menudo que cuando pasa un suceso la mayoría de los reporteros van a lo que la dependencia en turno confirma como oficial y ahí se quedan. Pero yo no. Porque cada historia marca un capitulo que conforme uno va investigando se va encontrando con vínculos, elementos y aspectos que van relacionando la historia hasta conformar un todo. La novela policiaca no está por demás y eso me sucedió. Toqué la puerta de este libro con mi puño cerrado y el demonio abrió, sacó la cabeza para ver si alguien miraba y en seguida me hizo pasar.

“Págale al Diablo” se divide en dos partes: en la primera el que cuenta la historia es Silverio Peralta, un hombre fracasado que apuesta todo por el amor de una mujer, Telma Suárez, quien lo convence de matar a su marido para cobrar un dinero con el cual pueda cumplir su sueño de largarse a Long Beach para llevarle flores a la tumba de su artista favorita Melody Sánchez. A partir de ese momento se desarrolla una historia llena de engaño, desventuras, tragedia, redención y venganza. Silverio se ve atrapado en las redes de una mujer fatal que lo seduce con sus encantos, que lo incita a sacar no su lado oscuro, sino su personalidad y su sed de venganza. Todo ello enmarcado con un toque de humor negro que hace más amena la lectura. Situación que en la segunda parte del libro cambia. El narrador ya no es Silverio sino un vato que todo lo ve y todo lo sabe. La novela se recrudece. Salen a flote los negocios turbios enmarcados por el narcotráfico, por la desdicha, las apuestas y por el mismo engaño que se hace mucho más presente.

La novela de Hilario Peña no se enfrasca en la típica novela policiaca con sus estereotipos en los personajes, sino que los transpola a una cotidianeidad más enfocada a la realidad mexicana, de quien toma venganza por sí mismo. La autoridad, la policía nunca aparece, o si aparece es nada más para hacer bulto dentro de la historia. Esto quizá porque como el mismo Hilario menciona en una entrevista, no se trata de desentrañar una realidad patológica del mexicano, sino una circunstancia individual que muchas veces, diría yo, no aparece en los diarios o las noticias oficiales del día.

“Págale al Diablo” es pues una novela de la que no les pienso contar más, para que la compren y la lean, pero que se disfruta de principio a fin. Una novela que intriga. Que pone a prueba la capacidad del lector para retener los elementos que la conforman y que capítulo por capítulo van dando pistas para destramar el nudo que le enmaraña. ¿Hasta dónde un hombre puede redimir su orgullo para conquistar el amor de una mujer que tiene bien claro su objetivo? ¿Hasta dónde puede llegar el impulso caótico de una mujer con aspiraciones bélicas que lo único que le importa es satisfacer su propia necesidad? ¿Hasta dónde puede llegar el instinto de la venganza de una persona? Eso, y muchas cosas más, ustedes lectores, lo vas a descubrir hasta que lean esta novela del tal Hilario que está publicada bajo el sello de la chingona Editorial Nitro/Press, por eso, yo aquí termino, y no les cuento más.

*Tópale ACÁ para que te lo armes.