Por Carlos Dzul

Will, consolidado tatuador yucateco, es también el organizador de una de las expos de tatuaje más concurridas de la República. Platicamos con él en su estudio de la calle 61, en el centro de Mérida.

Primer tatuaje

El primero fue el logotipo de Sepultura y se lo hice a un amigo porque la persona que al principio lo iba a tatuar era un tatuador que no sabía dibujar, le tenían que hacer el dibujo y a la hora de tatuar manchaba todo y se perdía la imagen y terminaba haciendo otra cosa. Entonces mi amigo me pidió que yo hiciera el dibujo y a la mera hora me dijo: ‘oye, pero si tú dibujas quizá también puedes tatuar’. Yo nunca había tatuado. Tenía como 16 años. Me faltaba conocimiento y técnica pero ahí me aventé y en lo que cabe me quedó bien, tomando en cuenta que entonces no había las máquinas ni las tintas adecuadas. A la gente le gustó  y me empezaron a pedir más.

Aprendizaje

Cuando yo empecé a tatuar, apenas estaban utilizándose las máquinas eléctricas, pero rudimentarias. Antes se hacía con la pura mano, usando una aguja sujeta de un palillo, tipo tebori japonés. La máquina eléctrica le vino a dar otra textura y un trazo más fino.

Por más buen tatuador que fueras no ibas a lograr lo que se puede hacer ahora.

Yo veía las revistas, que venían en inglés, y si por ejemplo salía la foto de un tatuador, en su mesa de trabajo, me fijaba en lo que él estaba utilizando.

Después me contacté con un tatuador que venía de Estados Unidos. Él tatuaba con máquina eléctrica. Hechiza. La que tú mismo fabricabas. Pero ya traía una hechura más fina. Ya no usaba aguja de coser sino cuerda de guitarra afilada. En vez de jeringa como punta usaba lapiceros más  finos. Tenía un motor más  liviano. Todo rústico pero mejor. Roger el Cholo, le decían. Era un cholo que vino de Los Ángeles. Estuvo varios años en prisión y allí aprendió a hacer tatuaje chicano.

También me metí a estudiar artes plásticas. Una carrera muy completa. Y eso me ayudó a ver el tatuaje de otra forma. Empece a viajar, iba a expos. Y aprendí no de una sola persona sino de muchos compañeros. Veía cómo forraban su mesa para tener una higiene más adecuada. Lo que usaban para esterilizar.

Pasé por toda la República. Pero a donde más  iba era Toluca, León y el D.F.

Rituales de trabajo

Música. La música te ayuda a concentrarte más en el tatuaje. Depende de tu estado de ánimo y del diseño que estás haciendo. Yo soy una persona que escucha muchos géneros. Si el tatuaje es divertido pones algo movido.

Eso, y platicar con el cliente. Por ejemplo, un mecánico trabaja con un motor. Pero el tatuador trabaja con una persona viva, que tiene algún problema o un motivo para tatuarse. Hay quienes lo piensan mucho antes de hacerlo y ese día es algo especial para ellos. Y salen pláticas  más profundas acerca de por qué  se están tatuando. No es exactamente un ritual pero es algo que trato de que siempre haya, esa conexión.

Tatuadores a nivel nacional

Me gusta la gente que ya tiene mucha experiencia. Existen  muchos estilos y acabados. Ahorita están de moda unos tatuajes que son como muy comerciales. Ejemplo: tatuajes de acuarela o de realismo a color. Son trabajos que yo sé , por la experiencia que tengo, que en determinado tiempo se van a deteriorar. Y llaman mucho la atención. A lo mejor un tatuador que yo admiro sube en el face una foto de un trabajo que está  perfecto porque le va a durar toda  su vida al cliente, y  le dan un like. Y otro tatuador sube una foto de un tatuaje a color, que se ve impresionante, que parece que va a hablar, porque tienen una técnica muy buena, pero no toman en cuenta que eso con el tiempo se va a deteriorar por muchos factores. Y tiene diez mil likes. Son tatuajes para tomarles la foto, subirla y que la gente se impresione pero el tatuaje no es eso; es, como su nombre lo dice, algo para toda la vida.

Entre los colegas que admiro están Pedro Álvarez, un  tatuador muy maduro y completo que vive en el D.F., tiene un estilo propio, sus tatuajes tienen perdurabilidad; y Superfly, él es de Celaya y  trabaja en León. Es muy versátil, hace muchas cosas.

Escena local

Aquí hay gente que está trabajando muy chido. Muchos de los que están  aquí conmigo me gusta cómo  están sacando sus trabajos. Están creciendo. El nivel de Mérida está creciendo. Hay muchos que van bien, que incluso están sobresaliendo a nivel nacional.

Colaboradores

Por lo general llegan al estudio. Son gente que está tatuando bien pero en su casa, y les falta conocer más el equipo y compartir su experiencia y convivir con más colegas para que se levanten. Yo veo lo que hacen y digo’ ah, mira, le falta esto pero si se corrige…’. Y les doy a hacer tatuajes  sencillos, luego hacen otros más complicados, y así se van soltando hasta que llegan a tener un estilo y a trabajar de forma independiente.

Reacciones negativas

Tengo como 22 años en esto. Cuando me tatué los brazos todavía era algo marginado y mal visto. Por ejemplo, a veces iba yo al banco a cambiar un cheque y llamaban al gerente, como dudando de que yo pudiera cobrar aquella cantidad. O iba a comer a algún lugar y no me querían atender porque dudaban que tuviera para pagarles. Y me tocó  en ocasiones  que tatuaba a una persona y luego me lo topaba en la calle con su hermana o su mamá y casi casi me querían pegar:’¡por qué  lo tatuaste!’.

Estamos hablando de los años noventa, principios de los dos mil.

Luego  empezó a salir mucho sobre tatuadores en los medios y ahorita es súper común.

Antes la gente se tatuaba en lugares donde no se viera y cuando ya no tenías espacio pues ni modo, aunque se viera. Ahora es al revés, primero los chavos se tatúan donde más se vea y luego las partes ocultas. Quieren tatuajes en el cuello, en las manos, en la cara.

Últimamente hasta gente que trabaja en empresas de gobierno tienen tatuajes visibles. Hace poco fui a pagar impuestos y la persona que me atendió tenía tatuados los dedos.

Expo

Yo organizo la Expo de tatuajes aquí en Mérida y es impresionante ver la cantidad de gente que va y que se tatúa. En esta última edición, que fue a finales de enero, entraron alrededor de siete mil personas en dos días. Y calculamos que se hicieron alrededor de 700 tatuajes. Estuvo el lugar lleno. En algunos momentos la gente hizo fila para que un tatuador los pudiera atender. Algunos de ellos hicieron hasta cinco tatuajes al día. Eso habla del auge que está viviendo esta profesión.

En 2016 cumplimos 13 años. Fue la séptima, no lo hacemos cada año. Más o menos cada dos. Porque el evento es grande y nos consume mucho tiempo. La mayor parte de los tatuadores que vienen son de fuera, de casi toda la República y esta vez tuvimos invitados de Canadá, Colombia, Argentina, Estados Unidos, España, Hong Kong. Tatuadores de calidad, reconocidos. La siguiente edición está planeada para finales de enero de 2018.

Trabajo especial

Hace poco desgraciadamente falleció un hermano, que era tatuador igual, y a mi cuñada le hice un tatuaje  de la máquina  que él usaba. Y le puse un fondo de flores y unos listones con un texto acerca de los sentimientos que ella tenía por mi hermano. Hasta la fecha es el tatuaje más especial que he hecho.

Nuevos proyectos

Tengo tres locales en Mérida y uno en Villahermosa. Y creo que con eso es suficiente. Es complicado tener un estudio porque es difícil también buscar gente que trabaje contigo. Ahorita  hay un boom de tatuadores que se anuncian en las redes sociales, allí pueden agendar y atienden en su casa. Entonces ya no es tan necesario estar en un lugar público o local céntrico cuya renta además tiene un costo elevado.

Recomendación musical

Escucho de todo. Algo que me gusta mucho, de repente, es Depeche Mode, Smashing Pumpkins. Cuando estamos más relax hasta escuchamos trova, Pablo Milanés, ¿no?. Y si es un día movido, Celso Piña.