Por Judith Guzmán

Algunas categorías de periodistas musicales con los que podrías atraparte leyendo reseñas de conciertos:

Los groupies

Existe una línea delgada entre ser groupie y fanático de una banda o músico. La diferencia, es que el groupie quiere una de dos con más fuerza (o las dos con uninamidad): cogerse al músico o ponerse una pedota con la banda. No estoy hablando del periodista que se toma una foto con alguno de los músicos y la sube a su Facebook o a su Twitter, para nada, eso está chido y chingón pues es una oportunidad de compartir ese gusto que se tiene por un músico, de gritarle al mundo “me la pelan, yo además de venir a escribir del concierto me tomé una foto con Iggy Pop”, si se diera el caso.

El groupie va más allá del último riff que pueda dar el guitarrista para finalizar la presentación en vivo, el periodista groupie escribirá una nota escueta, sin trasfondo singular por la presentación, preferirá tener un acercamiento aún más íntimo con la banda que preguntarle sus influencias, querrá forjarle un porro a Vicente Gayo, darse unos pases con Silverio o hasta unos piquetazos con alguna de las bandas foráneas. A este periodista le importa más el afterparty, el backstage, que en sí la música, el evento en vivo o la calidad del sonido en el lugar.

Los aviadores

En uno de los conciertos que ofreció Ringo Starr en el auditorio Telmex, en uno de esos días de noviembre, me tocó sentarme a lado de una escritora del Informador. Para quienes no saben, cuando un periodista va a un concierto, evento o demás, en un lugar como el Auditorio Telmex, es casi seguro que se contará con un cuarto de prensa, donde a los encargados de ser los ojos, la voz y los oídos del evento podrán abastecerse con bebida, wi-fii y por supuesto en este caso: el setlist. Además de que se cuenta con asientos de alta calidad.

Regresando al concierto de Ringo Starr, claramente me tocó ver como la pseudo periodista tomó dos que tres fotos, las twitteó y para la segunda canción del ex beatle se levantó de su asiento y salió por la puerta.

Y me llamó la atención justo por lo siguiente: cuando leí su reseña en el periódico del que ella venía, me di cuenta de una reseña inexistente, con puntualidades en el inicio y un arco sin sentido en el cuerpo de la nota, me dio mucho coraje. El periodista es el vocero de aquellos que no pudieron estar en el concierto, es los ojos y los oídos de sus lectores que con gusto aceptan lo que él dice sin refutar y ciegamente creyendo que aquellas letras son merecedoras de una experiencia de la cual ellos sólo podrán ser capaces de vivir a través de las letras (o las imágenes) del periódico, la revista o el blog que estén leyendo.

Un amigo ya me había advertido esto, pero no le creí y me aseguró: “Nombre, si hasta le piden el teléfono a algún guardia para que cuando se acabe el concierto les “cuente” lo que pasó y así ellos puedan escribir su reseña”.

Los empíricos

Cuando sentí los miados calientes en la espalda, después de que gritaron “’ay valagua” me sentí terriblemente desdichada, estúpida y fuera de lugar. Hay algunos periodistas que les gusta meterse a los madrazos en los conciertos, que disfrutan de la energía del público sumada al poder de la interpretación de los músicos en vivo. Son aquellos que sudan la playera, que llegan con moretones a casa y aun así se sientan a redactar la experiencia recién vivida.

Fantasy writers

En una ocasión, una de las revistas locales para la cual colaboré por más de un año en eventos musicales en vivo, me pidió que hiciera una reseña sobre un concierto, eso no suena raro, eso me lo piden revistas locales sin mayor esfuerzo. Para ese festival del Indio Emergente que sucedió en noviembre del 2012, el último día tocó la hermosa Feist, pero lamentablemente no tuve la oportunidad de presenciar su acto en vivo, aunque curiosamente, la revista para la que cubría ese evento me llamó y aun así me dijo: ¿Podrías escribir la reseña del concierto?

La nota se publicó, como un reto a mis dedos acepté, pero fue un acto tan basúrico como carente de ética y profesionalismo, en primera por parte de la revista y evidentemente por parte mía en aceptarlo.

Los decepcionados

Que feo se siente leer una reseña de un concierto, al que no pudiste ir y que el periodista encargado de escribir la nota se muestre odioso y nefasto por lo que acaba de escuchar. Estos son los lobos devoradores, nunca les gusta por completo todo lo que van a ver, ya han escuchado y visto tanto que ya no hay algo nuevo que los pueda sorprender. Ahí está el ejemplo de La Marrana, cuando publicó la reseña más odiada por todos los fans que estuvieron y que no pudieron estar en el concierto que ofreció The Cure por más de 4 horas continuas.

Así que una vez que hayan leído estás categorías que sugiero a los distintos tipos de periodistas musicales, con los que me he topado o con los que seguramente ustedes ha llegado a caer en las garras de sus escritos, les recomiendo que encuentren a su escritor de confianza, a su periodista predilecto o que simplemente se queden como al inicio: creyendo sin dudar nada de lo que se ha leído.