Por Martina Kaniuka

Diane Nemerov es hija del tiempo en que la sociedad americana perseguía el sueño de un mundo donde todo era posible con esfuerzo y determinación. Una sociedad en la que el éxito era una carrera en la cual, mientras millones participaban, sólo algunos pocos afortunados que habían nacido tocados con la varita mágica llegaban a disfrutar de los primeros puestos.

Hija de una familia de clase acomodada de Nueva York, imaginaba al abrigo de los universos posibles reflejados en los espejos de Lewis Carrol, cómo se transformaba en una Alicia en un país de maravilla que traspasaba los límites de la Quinta Avenida. Imaginaba cómo en la lucha por romper con lo establecido, se volvía libre y descubría el misterio de lo real, oculto en los márgenes de lo permisible y lo bello.

Diane-Arbus.-Untitled.-1970-1971.

Intenta en una primera instancia obedecer los mandatos sociales, como si estuviese probando su capacidad de resistir. Se casa entonces a los 18 años con Allan Arbus, de quien hereda el apellido y con quien en un primer tiempo fotografía modelos y famosos que responden a los patrones de belleza reinantes en Vogue y Harper’s Bazaar. Pero Diane necesitaba ser. Encontraba en los esquemas de luces y sombras, de lo estéticamente permitido y de lo políticamente correcto, una limitación para ese espíritu arrebatado que intentaba contener detrás del foco. En esos universos paralelos de Alicia, tras los espejos, debiera reflejarse algo más.

Después de divorciarse de Alan, en la búsqueda por develar el absurdo de una sociedad que escapa a sus dioses y monstruos reemplazándolos con ídolos de proporciones perfectas, toma clases con Lissete Model, una fotógrafa de culto austriaca cuya preocupación preponderante era que sus discípulos pudiesen Atreverse a ver, ser conscientes de lo que existe y de cómo existe“. Así, con el leit motiv que la empuja a querer develar lo siempre aparente, Diane completa, en la búsqueda del mensaje que desea trasmitir en una especie lucha contra el sueño americano, con asombro, temor y vergüenza, un camino de ida hacia el mundo de quienes consideraría “los aristócratas” en la sociedad de lo absurdo.

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Maravillada después de ver Freaks la película(La parada de los monstruos) de Tod Browning, 1932, Diane encontró ese otro mundo que su interior necesitaba; un mundo donde lo real no son sonrisas perfectas y caras bonitas, sino un mundo donde lo real necesita mostrarse en primer plano porque está escondido. Los inadaptados, los excluidos, los marginales, los distintos son retratados desde su visión, en el afán de construir una especie de Gestalt en la que va desde los detalles mínimos y visiblemente aborrecibles para un tiempo en el que lo que sobra es lo que gusta a la vista, a lo general de una sociedad que confusa esconde sus secretos. “La fotografía  —dice— es un secreto que habla de un secreto. Cuanto más te dice, menos te enteras.”

Las fotografías de Diane Arbus tienen un elemento esencial: derrochan sinceridad, en cada toma un golpe nos asesta mil bocados de realidad. Retrata sus monstruos como son: los admira y los fotografía sin atender a las convenciones sociales, en primera persona, en un primer plano que pareciera incitar a evadir la alienación, es una invitación a la rebelión de lo que en apariencia es bello y por ende correcto.

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“La mayoría de la gente se pasa su vida temiendo pasar por una experiencia traumática. Los freaks nacieron con sus traumas. Ellos ya han pasado su prueba. Son aristócratas” Se dedica a retratar a la población marginal norteamericana; en un intento por demostrarnos que todos nosotros somos monstruos y que la realidad vista de cerca no es lo que parece ser.

Toma fotos a travestis, lisiados, minusválidos, homeless, nudistas, enfermos mentales  y personas a las que más allá de que la vida injustamente pareciera no haberlos beneficiado, se mantienen felices en una relación casi inconsciente de su dolor o fealdad.

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Los personajes de Diane en el país de sus maravillas son reales, no son construcciones del tiempo en el que nacieron. Son el producto de la historia dolorosa que en un grito ahogado y resurgente los constituye, los interpela y los hace ser dioses en un mundo donde lo normal parecía ser el reinado de lo monstruoso.

Pueden ver también la excelente pelìcula de Steven Shainberg Fur, an imaginary portrait of Diane Arbus con Nicole Kidman y Robert Downey Jr.