Por Manuel Noctis

“Sé, de antemano, que cuando escriba de ello, todo se mirará mejor:

la nostalgia es un arma que embellece nuestros recuerdos”.

Rafa Saavedra, “La noche soy”.

Recordar a mis muertos es tratar de abrir un inmenso baúl que guardo a flor de piel con doble cerrojo. Una tarea complicada que remueve mis entrañas al momento que pretendo hacerlo. El día que mi amigo Marco Tulio, director de la revista tijuanense Diez 4, me preguntó cómo fue que conocí al escritor Rafa Saavedra, quien fuera también mi gran amigo, las palabras se contrajeron en mi boca provocando una explicación efímera como respuesta.

Rafa Saavedra, escritor tijuanense a quien se le atribuye la autoría intelectual de la frase “Tijuana makes me happy” que Nortec Collective inmortalizó, falleció el mes de septiembre de 2013 a causa de un problema en el corazón y tras una intervención quirúrgica que desafortunadamente no soportó. El día que esto sucedió, el 17 del mismo mes, me encontraba impartiendo un taller de creación literaria en la ciudad (Morelia). Les acababa de pasar el material de lectura a los alumnos y mientras repasábamos el pequeño cuento que seleccioné de Rafa recibí un Whatsapp de mi amigo el poeta Daniel Wence donde me informaba el deceso del también dj y fanzinero.

Me quedé estupefacto. Mis manos comenzaron a templar y quizá hasta mi tono de piel cambió puesto que los alumnos me observaron tratando de comprender lo que sucedía. Les compartí la noticia y decidimos terminar en ese momento la sesión. Mientras manejaba de regreso a mi casa, una infinidad de recuerdos transitaron por mi memoria y una ligera lágrima se desprendió de mis ojos.

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Rafa Saavedra y Manuel Noctis en Morelia, 2010.

A Rafa Saavedra lo conocí por ahí del 2008 o 2009 gracias a otro buen amigo tijuanense, Christian Fajardo, quien por esos años realizaba su tesis sobre la obra del escritor. Me comentó sobre sus libros después de una presentación que tuvimos con mi revista y de inmediato se nos ocurrió la idea de invitarlo a Morelia. Esto nunca se concretó, pero gracias también a este compa fue que pude leer, en PDF, sus libros Buten smileys (relatos, Yoremito 1997) y Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio (relatos, La Espina Dorsal 1996). Su estilo de inmediato me cautivó y como pude me puse en contacto con él.

En el 2010 Rafa llegó a Morelia invitado por los carnales del Colectivo Paracaídas para participar en el Encuentro Nacional de Letras Independientes. En cuanto me vio y supo que era yo aquel conocido moreliano con quien solía tener largas charlas vía mail se acercó para saludarme. Durante ese Encuentro me tocó moderar la mesa de presentación de su libro Crossfader. B-sides, hidden tracks & remixes (relatos, Atemporia Heterodoxos/Nortestacion Editorial 2009) y terminó por obsequiarme ese mismo libro en el que dejó escrita una dedicatoria para mí.

El mismo año otro buen amigo, Carlos Martínez Rentería, director de la mítica revista Generación, me invitó al 8° Congreso de Contracultura que se realizó en la Pulquería Insurgentes en el DF. Ahí coincidimos con Rafa y nos la pasamos súper cool tomando pulque, cerveza y charlando sobre distintas cosas, entre ellas sobre una antología de escritores nacidos en Tijuana que estaba preparando. En el 2011 Saavedra regresó a Morelia para participar en el mismo Encuentro de los compas de Paracaídas. Cuando nos vimos nos abrazamos cual buenos amigos y de entre sus cosas sacó una revista Diez4, edición número 16, en la que yo había colaborado con un cuento y me dijo: “Mira lo que me encontré, te lo regalo”. Obviamente agradecí el gesto y después fuimos a tomar unas cervezas. Ese día, le dije que cuando leí su texto “La noche soy”, incluido en el libro Crossfader, había sentido como si me hubiera escrito la justificación de mi seudónimo “Noctis”. Le dio risa mi comentario y me dijo: “Es tuyo, aprópiatelo y hazlo tuyo”.

No recuerdo cuando fue la última vez que vi, saludé o le escribí a Rafa Saavedra. Pero recuerdo bien esas palabras (publicadas en su cuenta de Instagram) con las que prácticamente se despidió, un día antes de su muerte, estando en el hospital: “En esta semana ha servido para pensar sobre muchas cosas: nuestra propia fragilidad, el dolor, las ausencias, el eco de la espiral de nuestros recuerdos, el poder del amor, la amistad que perdura, todos esos momentos felices que (re)vivimos al estar solos con nosotros mismos. Gracias por todo su amor y cariño. Abrazos eléctricos”. Así era Rafa, un tipo atento, buena gente, agradable y amistoso. Un tremendo cabronazo del que nunca me voy a olvidar y al que, seguramente, siempre estaré releyendo y consultando.


*Texto publicado originalmente en la revista Silabario el 6 de mayo de 2014.