Por J. M. Servín

Con la publicación en 1970 de El Derby de Kentucky es decadente y depravado (The Kentucky Derby is Decadent and Depraved), para la modesta revista deportiva Scanlan´s Monthly, el periodismo contemporáneo daría un golpe de timón definitivo. La subjetividad, pero sobre todo la introspección delirante, serían elementos recurrentes a una narrativa de la realidad que escritores como Truman Capote habían comenzado a explorar magistralmente con su novela de no ficción A sangre fría, publicada en 1959, paradigma de lo que luego se conoció como Nuevo Periodismo.

Hunter S. Thompson, un joven reportero ávido de fama y aventuras, escribió hace ya cuarenta años un peculiar reportaje por encargo sobre carreras de caballos, que de inmediato le daría celebridad y un distintivo único como creador de un género. Eran una voz y un estilo nunca antes vistos. El artículo fue el primero donde Thompson utilizó lo que a lo largo de su trayectoria se encargaría de propagar como creación suya: periodismo Gonzo. Una descripción maniática y subjetiva en primera persona que Thompson tuvo que emplear circunstancialmente, desesperado porque enfrentaba un cierre de edición. A grandes rasgos, su aportación consistió en convertir al reportero en un desquiciado protagonista de los hechos narrados y, como si éste observara su entorno bajo un microscopio, dar preponderancia al ambiente por encima del hecho mismo o del dato duro. Digamos que trasplantó los principios del surrealismo al reportaje, es decir buscaba descubrir una verdad con escrituras automáticas, sin correcciones racionales, utilizando imágenes para expresar sus emociones, pero que nunca seguían un razonamiento lógico.

Sin más tiempo para cumplir con el encargo (solía pasar buena parte de su tiempo drogado y borracho), Thompson arrancó las notas de su cuaderno de apuntes y las mandó sin corregir ni revisar por fax a su editor. Thompson estaba seguro de que sería despedido pero ocurrió todo lo contrario. Lo demás es historia, leyenda y mito alimentado por el mismo Thompson:

Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada.

Hunter Stockton Thompson nació en Lousville, Kentucky, el 18 de julio de 1937 y murió el 20 de febrero de 2005 en su rancho de Woody Creek, Colorado, al dispararse en la cabeza con una pistola. Es uno de los íconos más populares de la contracultura estadounidense. Durante su juventud fue arrestado por robo después de chocar un camión de la empresa de envíos en la que trabajaba. Se enlistó en la fuerza aérea de su país y durante un tiempo trabajó en el departamento de información de la base militar de Eglin, Florida, donde se convirtió en reportero del periódico de la base. Al mismo tiempo escribió para diarios locales infringiendo el reglamento militar. “A veces, su actitud de superioridad y rebeldía parece contagiarse en otros miembros de la tropa”, diría de Thompson uno de sus superiores en Eglin.

Tras darse de baja se muda a Nueva York y toma cursos de escritura creativa en la Universidad de Columbia. Durante este tiempo trabaja como redactor para la revista Time, y aprovechó el horario laboral para copiar en su máquina de escribir El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald y Adiós a las armas, de Ernest Hemingway, argumentando que quería aprender del estilo de ambos autores. Fue despedido por insubordinación.

El “doctor Thompson” declararía a la revista Star en abril de 1979: “He sido un delincuente juvenil, el típico que calzaba tenis blancos, camiseta de la universidad de Oxford y jeans. Me dedicaba a robar cosillas, sobre todo licor, que era por lo que nos pagaban más […] Sé más sobre las cárceles que la mayoría de los convictos del país. De los quince a los dieciocho mi vida transcurrió repartida entre las rejas y las calles”.

En 1960 se muda a San Juan, Puerto Rico, para trabajar en una revista deportiva y como freelance en otras publicaciones. Durante ese tiempo escribió dos novelas Prince JellyFish y la muy disfrutable autobiográfica The Rum Diary, escrita en la década de 1960, publicada en 1999, mucho después de que Thompson se hiciera famoso y llevada al cine en 2012 bajo la dirección de Bruce Robinson y Johnny Depp interpretando a Paul Kemp, el narrador de la novela. En ella se leen pasajes como el siguiente: “yo era un aventurero, un culo inquieto, y en ocasiones un buscapleitos estúpido. Jamás me estaba quieto lo suficiente como para poder reflexionar sobre las cosas, pero en cierto modo sentía que mi instinto no se equivocaba […] Al mismo tiempo compartía la oscura sospecha de que la vida que llevábamos era una causa perdida, que éramos todos actores y que no hacíamos sino engañarnos a nosotros mismos en una odisea sin sentido. Y era esta tensión entre ambos polos —un inquieto idealismo, por una parte, y un sentido de inminente perdición, por otra— lo que me mantenía en el camino”.

En 1965 el editor de The Nation, Carey Williams le ofreció escribir sobre su experiencia con la banda de motociclistas Hell Angels. Thompson había pasado un año viviendo con ellos, pero la relación se rompió cuando sospecharon que Thompson ganaba dinero a sus costillas. La banda exigió parte de las regalías y todo terminó con una fuerte golpiza al infiltrado. Una vez que se publicó el artículo aquel mismo año, Thompson recibió varias ofertas para escribir un libro sobre el tema. En 1966 Random House ganaría la exclusiva titulada Hell Angels: la extraña y terrible saga de las bandas forajidas de motociclistas (Hells Angels: A Strange and Terrible Saga).

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Este escritor representa el espíritu salvaje de una época de incorrección política que tanta falta nos hace ahora. Thompson personificó hasta sus últimas consecuencias el lema “sexo drogas y rocanrol”. Y no es gratuito relacionarlo con otros paradigmas de la contracultura pop: la película Easy rider, dirigida e interpretada en 1969 por el recientemente fallecido Denis Hopper, la literatura Beat (Miedo y asco en las Vegas es una road story mucho más demencial y nihilista que On the road, de Kerouac) y el rock sicodélico.

La emblemática revista Rolling Stone publicó mucho de lo mejor del trabajo de Thompson durante la década de 1970. Esta revista fue, además, la impulsora de toda una tradición periodística con el estilo gonzo, que como una de sus características principales, mostraba un marcado desprecio hacia el status quo. En su primer artículo para RS: “Freak power”, Thompson narra su experiencia como candidato a sheriff del condado de Pitkin, Colorado, como miembro del partido Freak Power. Thompson perdió por un estrecho margen de votantes, había prometido la despenalización de las drogas y no así del narcotráfico, al que desaprobaba por completo. Destruir las calles y convertirlas en áreas peatonales empastadas, entre otras descabelladas propuestas, lo convierten en un visionario de las agendas políticas de vanguardia de hoy en día. Además, Thompson, ya como jefe de redacción, fue uno de los pilares en el proceso de expansión de la Rolling Stone para convertirla en algo más que una revista musical especializada en rock. De hecho, jamás publicó un solo artículo sobre el tema.

Thompson cargaba a todas partes una de las primeras máquinas de fax y se hizo famoso por enviar desde ahí sus artículos a última hora, casi ilegibles, a la redacción de la revista en San Francisco, apenas a tiempo para publicarlos sin el tamiz de la corrección. Thompson explicaría alguna vez refiriéndose al término “gonzo”: “un amigo mío en Oakland lo utilizaba, siempre pasadísimo, para referirse a esos sujetos que tienen la mente peor que los locos”. En realidad la autoría del término corresponde a Ed Mcbain, un prolífico escritor policiaco que en uno de los capítulos de su novela The Pusher, publicada en 1956, utiliza el término cuando dos policías interrogan a un drogadicto callejero en busca de la identidad de un díler del barrio: “es un tipo al que llaman Gonzo”, responde el detenido.

James Booker fue un genio del piano nacido en Nueva Orleans. Interpretaba Rhythm-and-blues. Obtuvo su mayor éxito discográfico en 1960 con una pieza titulada “Gonzo”, probablemente influido por la película The Pusher, que llegó a las pantallas de cine ese mismo año. Seguramente Thompson  tenía conocimiento de ambas obras pero nunca les dio crédito.

Pese a que el “doctor Gonzo” escribió varios libros de periodismo político, su valoración entre el gran público reside en Miedo y asco en las vegas (Fear and Loathing in Las Vegas), publicada en 1971 y llevada al cine por Terry Gilliam en 1998. Este híbrido de periodismo y ficción condensa lo mejor del ars narrativa de Thompson. En compañía de su abogado, el “doctor Gonzo” emprende un viaje a bordo de un Chevrolet descapotable hacia las Vegas. El propósito es cubrir una carrera de motos pero circunstancialmente se involucran en un congreso del FBI sobre drogas en esa ciudad. El viaje simboliza la búsqueda del sueño americano, tan idealizado en la literatura Beat, pero llevado a un punto extremo. Drogas, Vietnam, la adicción al juego, violencia y paranoia forman parte de la pesadilla de una cultura tan indulgente como punitiva con los excesos, que Thompson supo explorar a fondo en esta obra emblemática del periodismo contemporáneo.

La vida y obra de Thompson fueron una interminable bacanal en pro de las garantías individuales (lo cual incluía drogarse a placer), y una corrosiva burla a las convenciones sociales que marcaron la década de 1970 y posteriores. Nadie podría reprocharle su activismo político sostenido en un ego monstruoso que acabó por dejarlo atrapado en el personaje que Thompson creó de sí mismo. Thompson fue algo completamente nuevo e innovador en la tradición literaria estadounidense y una enorme influencia para escritores de otros países. Su obra es una vuelta de tuerca a la literatura humorística de Mark Twain. Como bien apunta otro pilar del Nuevo Periodismo, Tom Wolfe, Thompson escribió de una manera que fue en parte periodismo y en parte testimonio personal entremezclado con una inventiva salvaje y poderosa, y una aún más salvaje retórica inspirada en la extravagante exuberancia de una civilización joven. Su discurso era el de un maniático predicador bíblico que pregonaba la inminente destrucción del género humano.

Pese a la importancia de la obra de Thompson, el estilo gonzo sigue siendo menospreciado por el canon periodístico y malamente imitado por muchos de sus exégetas. Al día de hoy “gonzo” se ha convertido en un sinónimo de lo estrambótico y desbocado y se aplica a cierta clase de fotografía, televisión y pornografía. El cronista, retomando la figura de Hunter S. Thompson, aficionado a las armas de fuego, es un cazador con una sola bala en su rifle. Sobrevivir al tedio informativo y a la indiferencia de los lectores, depende de su buena puntería aunque en ocasiones, como ocurrió con Thompson, el disparo vaya dirigido contra sí mismo.

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Breve Glosario Gonzo

Cardoso, Bill. El primer editor que describió como Gonzo una crónica de Hunter S. Thompson. Cardoso describió la aparición del artículo The Kentucky Derby is Decadent and Depraved en 1970 como una iluminación: “Ahora sí, esto es Gonzo puro. Si éste es el principio, que siga llegando”. Thompson tomó la palabra de inmediato y, según Ralph Steadman, dijo: “Ok, eso es lo que hago: Gonzo.”

Gonzo, periodismo: Descripción maniática y subjetiva de un evento, que convierte al reportero, casi siempre, en un desquiciado protagonista de lo hechos narrados. Se da preponderancia al ambiente por encima del hecho mismo o del dato duro. El periodismo gonzo trasplanta los principios del surrealismo al reportaje; es decir, escritura automática sin correcciones racionales, se expresan emociones y estados de ánimo y nunca se sigue un razonamiento lógico. En realidad, hubo dos personajes que utilizaron la palabra “gonzo” antes que Thompson: Ed MacBain en su novela The pusher (1956), apoda así a un díler callejero; James Booker fue un excéntrico y virtuoso pianista de blues de Nuevo Orleans que grabó su mayor éxito en 1959, cuando sólo tenía veinte años, ¿el título?: Gonzo. De cualquier modo, este peculiar estilo periodístico nace y muere con su creador. Lo demás son meras imitaciones casi siempre de muy pobre nivel literario. Gonzo también es un término que se utiliza para cierta clase de reportajes televisivos a la Jackass y para nombrar al subgénero más popular del porno.

Nuevo Periodismo. Término acuñado y popularizado por otra gran maestro del periodismo narrativo: Tom Wolfe. En realidad, el “nuevo periodismo” ya se practicaba en Estados Unidos y Latinoamérica desde principios del siglo XX. El Nuevo Periodismo es literatura pop de muy alto nivel. Algunos de sus máximos representantes son Gay Talese, Truman Capote y los ya mencionados Thompson y Wolfe.

Steadman, Ralph. Genial ilustrador que colaboraría con Thompson en gran cantidad de artículos con dibujos expresionistas a tinta y lápiz. Thompson lo introduciría a las drogas  y en adelante, los dibujos de Steadman tomaron otro camino. Delirante dupla que haría toda una época.

Thompson, Hunter S. Ícono de la cultura pop y de la contracultura. Nació en Lousville, Kentucky (estado conocido por el bourbon que tanto gustaba a Thompson), el 18 de julio de 1937. Su madre tenía problemas de alcoholismo. Desde muy joven se convirtió en un delincuente de poca monta, arrestado principalmente por robo y peleas en bares. Trabajó para la Revista Time como auxiliar de redacción, ahí aprovechó para copiar a escondidas en su máquina de escribir El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, y Adiós a las armas de Ernest Hemingway, argumentando que quería aprender sobre los estilos de los autores. Su temperamento impredecible y broncudo propició que fuera despedido de casi todos sus empleos. Escribió dos novelas: Prince Jellyfish y El diario del ron, publicada en 1998, mucho después de que Thompson se volviera famoso. Impulsó campañas a favor de la despenalización de las drogas y el ecologismo. Entre su abundante producción tiene varios libros de memorables: Hells Angels: la extraña y terrible saga de las bandas forajidas de motociclistas (1966), La gran caza del tiburón (1979), y Miedo y asco en Las Vegas (1971), su obra más conocida y llevada al cine por Terry Gilliam. Un 20 de febrero a los 67 años, se disparó en la cabeza en su recinto fortificado en Woody Creek, Colorado. Sus restos fueron lanzados por un cañón desde lo alto de una torre con el puño de dos pulgares en lo alto, símbolo del periodismo gonzo. En realidad, a Thompson lo mató su ego monstruoso y el personaje destructivo que creó de sí mismo.


*Texto publicado originalmente en Del duro oficio de vivir, beber y escribir desde el caos. Cal y Arena 2012.