Por Pau Polar

“Buenas noches” y me sumerjo en ese espacio apretado de nalgas que van temblando gelatinosamente unas contra otras, algunas en el aire, si hay suerte y les toca la puerta.

Los que vamos pegajosamente sentados, no nos va mejor, es voltear sobre el hombro izquierdo y ver el pantalón raído  de un hombre que termina en unos zapatos deshaciéndose en lodo, un poco de mierda que se aferra a un paso, un olor entre rancio y queso que sale sigilosamente haciéndote pensar en gotitas de sudor mezcladas con polvo, enterrándose entre los dedos y bajo las uñas. Subes la mirada y el olfato, por las piernas del señor peludo a tu lado  y encuentras manchas entre comida y semen que resaltan cuando por tanta gente, el hijo de puta comienza a humedecer las axilas y la frente, como si guardara un par de cebollas moradas entre tanto pelo tieso, tapo la nariz cuando prácticamente veo un hilo de baba con algo parecido a un pedacito de jitomate resbalando por la barba, y el aire parece volverse un tanto verde, volteo rápidamente hacia mi derecha y una perra regordeta de tetas grandes y saltarinas amamanta a un niño chillón lleno de mocos, intento no parar la mirada justo al frente de mi  porque va un culo parado que me golpea con su olor a guardado y restos de caca que llevan pegados quien sabe cuántas semanas, mas unas gotas agregadas de orines. ¡No quiero! Me resisto a voltear hacia ese culo fofo, pero la puta de mi hombro derecho está mareándome con su olor a coagulada menstruación que sale rápido y violento entre sus piernas.

Intento ver alrededor, la apatía en el aire, esas caras picadas por viruela o barros grasientos, el cabello seboso y la fealdad resaltada con kilos y kilos de maquillaje que nos hacen lucir acartonadas y desechables, esas bocas con mentiras pudriéndose en las muelas y encías. El espacio pequeño, mentes vacías  en un caldo de cuerpos en descomposición, de cuerpos caducos que explotan en pequeñas dosis de calor, sudor, saliva y mierda reposada.

Veo un lugar que reconozco, paso entre la lluvia de sudor que va quedando en mi cuerpo y que voy dejando. “Gracias” y me voy con las nalgas mojadas del pinche plástico del asiento, donde a todas horas un culo tras otro se va asfixiando.