Por Oscar Mendoza Mora

Rafa Saavedra habría cumplido años hace unos días. Rafa, el del Tijuana Makes Me Happy cumplirá un aniversario luctuoso más. El autor de Lejos del Noise está por completar casi tres años de ausencia y silencio, que aunque haya quedado inmortalizado en sus libros y blogs, no volverán a tener más vida que la que sus lectores les otorguen. Todos, como Rafa Saavedra, estamos cumpliendo y transcurriendo hacía el mismo e inevitable silencio.

Estas palabras las escribo animado y despertado tras re-leer el texto sobre el autor tijuanense publicado aquí mismo en Clarimonda.  En ese reencuentro también leí algunas columnas dispersas, que aparecen cuando tecleas Rafa Saavedra en el buscador de Google, y encontré toda clase de opiniones. Y el resultado fue contundente: como él, no hay ni habrá dos iguales.

Hay de todo. Desde obituarios cursis, columnas conmovedoras, mini reportajes para darlo a conocer y hasta las clásicas reseñas al estilo Wikipedia. Notas sobre su muerte hay al por mayor, aunque algunas sin mucho contenido. Escritos de sus amigos, editores y lectores, muchos. Hay, desde luego, también detractores. Críticos de su obra y su persona. Algunos blogs se detienen a explorar las circunstancias materiales que permitieron su escritura. “Es un junior jugándole al hipster”, “Era un consentido del FONCA y las becas”, “Un cómodo haciéndose el rebelde y vocero” – dicen, entre otras cosas. Y nada de eso importa para Rafa porque ya está muerto; porque si puede leer da lo mismo. Y finalmente están los textos honestos sobre Rafael Saavedra. Los que no intentan defenderlo a como dé. Ni juntar leña caída y darle un cuchillazo a su cadáver. Esos textos sobre un ser humano escribiendo su entorno. Esas columnas que recomiendan sin afán de pretensión sus libros. Esos párrafos escritos por sus lectores; sin estudios previos de crítica literario, o carrera de renombre. Los hay y son esos los que conservan la vida de Rafa.

Foto: Revista Clarimonda.

Como su cumpleaños, su muerte o sus imitadores: las cosas llegan tarde. Comencé a leer a Rafa Saavedra gracias a un regalo.  Esto no es una salida: Postcards de Ocio y Odio llegó una década tarde y en un cumpleaños. Cuatro días después, si yo hubiera buscado más sobre el autor, me habría enterado de su último cumpleaños. Meses antes, conseguí en PDF una copia de La Gente Se Droga. Ambos textos despertaron mi curiosidad y ánimo por seguir descubriendo el mundo de Rafa Saavedra. De pronto me vi leyendo situaciones cotidianas enunciadas en su mezcla de español, inglés y un tercer lenguaje; uno más universal, más contemporáneo; más -de nosotros-.

La tecnología, las redes, la era del vacío, el nihilismo disfrazado de hedonismo, la noche y la fiesta, las drogas y el valemadrismo. La resaca y la muerte de los ídolos. Los cortes modernos, el hipster culturismo y la apatía convertida en autodestrucción. La necesidad de gritar en el vacío. La primera vez o la última; en cualquier cosa. Los rides y rants diarios. Los escapes con amistades lejanas, extraños en la noche y desconocidos al despertar. El crecimiento y los putazos en seco. La inmadurez para comprender que somos un sujeto cultural; o la grandeza de tenerlo todo gracias a unos cuantos clicks. Estos dos textos bastaron para adentrarme a ese mundo; uno que sin saberlo hemos habitado.

Foto: NitroPress.

Foto: NitroPress.

Después siguió Dios Me Persigue. 200 pesos en la librería porque MOHO ya casi no tiene ejemplares. Libro raro sí. El diseño le queda a deber a las Postcards pero se nota más maduro. Melancólico y distante; pero de contundente fuerza y abrumadora nostalgia. Añoranza por la fe ciega y cierto aire de transformación hacía un ser más frío sí; pero también más templado y sereno. La fuerza de la fiesta, los antros, Tijuana border y la dama blanca y fina, ya no estaban.

En cambio en estos cuentos (¿ensayos del propio Rafa-persona?) y textos se encuentra un ser más calmado. Sereno y observador. Incluso para algunos parecería ser profeta. ¿De qué? No lo sé ni me atrevería a llamarlo así o de alguna otra forma que intente abarcarlo todo. Y todo comenzó a ofrecer una respuesta a esos textos -como dije- que lo alaban hasta el hastío. A esos otros que lo demeritan hasta caer en el resentimiento, y otros, como los que me gustan, que solo lo describen. Los honestos, distantes y entrañables. Algo que si adoptaron de Rafa, debería ser su legado.

Dios me persigue fue el final de Rafa Saavedra. El mismo editor, Fadanelli, admite haberse tardado mucho en su publicación. El prólogo, de su mismo amigo Heriberto Yépez, anuncia el final de una era en Rafa. La que seguía (según sus fieles) era que Saavedra hubiese escrito su obra maestra. Quizá fue mejor así. Nos olvidamos del declive que se viene, inevitable y agónico, después de alcanzar la gloria.

Foto: Moho

Foto: Moho

Si la música, la cultura pop, el videoclip, el internet, la banda ancha, la triple www y el http://, lo pocho, gabacho-chilango, el cinismo y la ironía era el talante de Rafa en sus primeros libros, la madurez no hubiese aguantado. Entre esta especie de primera etapa (adelantada, fanzinera y vanguardista/caótica) y el último libro hay un mundo por descubrir. Cuando se lee su primer libro y después llegamos a Dios Me Persigue hay una sensación de honestidad funesta. Un Rafa Saavedra reconciliándose con las ideas más profundas de sus cuentos; Dios, el tiempo, las relaciones, la sed existencial y la captación underground de la realidad de por-sí irreal y literaria. Su ópera prima es un agujero de gusano conectada a su obra póstuma; más que ciencia ficción es la ironía de su vida.

Buten Smileys es el puente perfecto. Sus textos, que van desde el burro horny leyenda negra de Tijuana, hasta el diario íntimo de un borderline psicópata. Pasando por el hermano muerto y los feelings distantes de la frontera. Deformes con autoestima en construcción y la biografía del vagabundo favorito. Los cuentos de este libro son la síntesis y puerta de un Rafa Saavedra puro, pleno y escritor en el sentido más amplio. Nos cuenta historias que bien podrían ser falsas. Pero entonces volteaba al mundo, pensaba en mis conocidos, los lugares donde he orinado, bebido hasta el amanecer o de donde me he retirado en silencio y le daba la razón.

El libro es un prodigio. Concentra a un Rafa cómodo y poseedor de un estilo. Lo maneja, lo lleva y lo proyecta en sus cuentos-crónicas creando un mundo; su mundo. Y con él, y a través de sus personajes claroscuros, somos invitados a explorarlo so riesgo de quedar enamorados o espantados. En formato electrónico o impreso; da la sensación de naturalidad y conciencia propia. Rafa Saavedra ofrece relatos anónimos y sin afán de protagonismo. Él es, sencillamente, un testigo más de su mundo.

Este mundo quedó culminado en su bonus track, Tijuana para principiantes. Con ese texto, su autor no sol describió una ciudad o zona. El ensayo-crónica parece más una elevación arquitectónica y literaria; una creación de territorio que ya nada tiene que ver con su origen, y que sin embargo y sin esfuerzo, reinventa un mundo. Creo que estaba dibujándose un mapa. Si este es impreciso e incorrecto, es porque el mismo Rafa Saavedra, era parte de ese mapa.

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Foto: Amazon

Otro libro. Crosfader es un tanto indeciso. El autor está en sus páginas pero se muestra más oculto, más distante. Eso no quita que los ensayos sean de interés y hasta se muevan en el límite de lo literario. Ejemplo claro: Lo Retro is Over La Noche Soy. 

De los cuentos, puedo asegurar que se pasan rápido porque, dentro de su lógica, no son buenos ni malos. Son de Rafa Saavedra, por lo que se cuantifican solos. También hay remixes (que serían como un cover: aunque estén bien ejecutados, son canciones ajenas) y microtextos. Rafa era tuitero o creo que quería dejar de serlo. El libro más irregular de Saavedra, hubiese podido ser el mejor de muchos.

La aventura no ha concluido. Aunque La Gente se Droga no rebase el tiempo de lectura de media hora; es una obra que también se mide y cuenta sola. Un canón de la generación perdida. Porque ya no somos EQUIS ni blanca o beat. Y las drogas, el viaje y la escapatoria se da a todas horas, edades y circunstancias. Así, siguiendo a Rafa Saavedra y leyéndolo, nos sentimos parte de todas las situaciones, momentos, sentimientos, miedos, placeres, orgasmos y depresiones en los que alguien se mete una tacha, fuma un porro, se inyecta, aspira o bebe o se quema. Porque “se droga” tiene una carga semántica moralista que Saavedra elimina y porque drogarse solo, entre amigos, desconocidos o re-conocidos es algo que a todos nos pasa. Si Rafa pudiese ser un fantasma, debería volver y torturar a los que se digan la excepción al trip de las drogas.

Foto: Vice.

Foto: Vice

Me falta Lejos del NoiseBorder Pop. Pasa que no sé donde comprarlos ni a quién pedirselos prestados. Pero Rafa Saavedra merece la paciencia. Quisiera haberlo conocido, sin duda. En algún encuentro saludarlo y decirle “cabrón escribes bien verga”. Pero hubiese sido algo ridículo y romántico, en el sentido de la cursilería, después presumirlo. Mírenme, yo sí era fan de Rafa. No como esos que ya solo lo conocen porque se murió y Sin Embargo le dedicó una columna. Como sea, las cosas terminan encontrando su razón propia.

Después de eso nada puede permanecer estático. Rafa Saavedra me ha influido, como a muchos de sus lectores, y despertado la energía y picazón por escribir. Él solo tuvo que voltear, observar y vivir en su entorno. Imprimirle su esfuerzo y vida al teclado. Ahí está la prueba: sus libros.

Qué importa si era junior, becado, fresa o atascado. Da lo mismo si no es un profeta o adelantado a su época. Nadie podría asegurar eso siendo un ser mortal. En cambio prefiero leerlo y sentir la vitalidad de sus personajes. El aire pesado y opaco de Tijuana que de pronto se ilumina de neón y se consume entre cervezas y la madrugada. En eso radica el valor de y las trascendencia de Rafa.

Si te hace sentir vivo; entre cortadas en la punta del dedo y moretones en el tobillo vale la pena. Si al leerlo, de pronto sientes la necesidad de describir tu ciudad. Con sus putas, sus camiones contaminantes, su río hediondo y sus cantinas, con todo eso. Yo leí a un Rafa Saavedra honesto, violento, fuerte, directo, musical, cinematográfico, culto sin presumirlo, nostálgico y estoico. Los libros que tengo suyos no tiene su firma ni autográfos, pero son suyos y marcarán mi vida. En los libros que él escribiro, y que quiero leer, espero encontrar más puentes entre el Rafa Saavedra imprimiento sus cuentos y el Rafa que sin saberlo, publicaría hasta despúés de fallecido. En sus textos está él; de lo otro ya podemos ir liberándonos de recuerdos exagerados o prejuicios aferrados.

Foto: MOHO.

Foto: MOHO

Rafa Saavedra cumplirá años de haber muerto. El 1) Tijuanense. 2) Cronista snobground. 3) Fanzinero-revistero de luxe (Psychocandy, El Centro de la Rabia, Velocet, Radiante) . 4) CDJ en alza (style + songs + bagaje cultural). 5) Escritor beyondeado con tres libros de relatos editados: Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio (La Espina Dorsal, 1996) y Buten Smileys (Yoremito, 1997), Lejos del Noise (Moho, 2003). 6) Productor de Selector de Frecuencias (a very cool radio show). 7) Fotógrafo de escenas y nimiedades. 8) Bloguero posteverything, habría completado 49 vueltas. Eso si las cuentas no me fallan.

Feliz cumpleaños Rafa Saavedra; tus libros nos habrán de acompañar de aquí en adelante.

Foto: Internet.

Foto: Internet.

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Gran parte de la obra de Rafa Saavedra se puede leer en su blog Bukonica en el que dejó testimonio de sus crónicas, rants, cuentos, ensayos y ficciones revisadas y comentadas por él mismo. Como decía, gracias de nueva cuenta.