Por Oscar Medoza Mora

La noche del viernes vi Me Estás Matando Susana y me gustó. Sé que así no es como se comienza una reseña o una crítica cinematográfica, pero aquí no se pretende hacer un análisis del discurso audiovisual de la última película del director mexicano Roberto Sneider. Menciono el hecho de su nacionalidad por dos cosas: su cinta, que está hecha en México y que su referente sea nuestro país y sus contemporáneos habitantes.

Me estas Matando Susana es una película por lo tanto, cien por ciento hecha en México, y suscrita a nuestra cinematografía nacional. Un hecho destacado si pensamos en el resto de la cartelera y las películas que vendrán en los próximos meses. La mayoría, como ha ocurrido desde el nacimiento de nuestra historia fílmica, solo serán comedias simplonas.

Protagonizada por Gael García y Verónica Echegui, la cinta –basada en la novela Ciudades Desierta de José Agustín– cuenta la historia de una pareja. Una pareja que como las contemporáneas que se engaña, se manda a la chingada, no una sino varias veces, se reconcilia y en sentido literario y metafórico: se mata. No solo es que Susana esté matando,  (la española-extranjera-acostumbrándose a los modos de México) el personaje interpretado por Verónica, sino la relación misma que le da dinamismo a la cinta. También es importante destacar la actuación de Gael, quien con su carisma y experiencia, le otorga a su personaje –un espléndido y miserable mexicano sujeto llamado Eligio– una moral llena de matices. Tal y como sería un novio común al estilo del macho mexicano.

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Foto: Videocine

La historia, que va contándose sin mucho esfuerzo de montaje, se desarrolla entre Ciudad de México y un lugar perdido de Estados Unidos (no importa en dónde, el cambio es radical y se logra transmitir la frialdad y superficialidad de sus habitantes). Así encontramos a Susana, quien es una mujer extranjera y que un día abandona a Eligio, y a su vida pasiva, para tomar un curso de escritura y concursar por la publicación de una novela.

Eligio en cambio es un típico machito mexicano sin ambiciones mayores que emborracharse, mantener a su pareja en la cama mientras él se divierte, ligarse a las mujeres que conoce y mantener su estatus de esposo-novio y pseudo dueño de Susana. La relación, como las que conocemos con tan solo pensar en nuestros padres o amigos (e incluso en nosotros mismos), se rompe y revela su retorcida y ambigua fragilidad cuando las aspiraciones al fin se confrontan.

En Me Estás Matando Susana dos líneas se oponen, se encuentran, se separan, se re-encuentran y se concilian. Y en este juego, entre Susana y Eligio, la película conserva su frescura. El humor, la ironía, la ridiculización del machismo, la parodia del oficio de la escritura y la sagaz crítica a las relaciones son la guía para que esta cinta mexicana funcione y funcione bien.

Foto: Videocine

Foto: Videocine

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“Pues está esta y esta y la otra y la mexicana”

Sin embargo las cosas no pueden terminarse con solo decir “me gustó la película, es buena y vayan a verla”. No, en un momento donde la cartelera está repleta de superhéroes, supervillanos, equipos de superhéroes, de supervillanos, de películas que pretenden espantar y solo terminan en memes y de la que el público llama “la mexicana”.

Que Me Estás Matando Susana haya logrado ofrecer un guión sólido. Que sea una propuesta divertida. Que haya provocado risas, sin caer en el pastelazo fácil o las chichis de Martha Higareda, y que se mantenga en la cartelera es importantísimo. Tanto para su director (que ya la había armado en sus dos películas anteriores “Arráncame la Vida” y “Dos Crímenes”) como para el público que queremos más historias y más cintas que nos hablen de nosotros. Claro, a nadie le gusta pensar que su noviazgo pueda tener matices de machismo o que nuestras relaciones están suscritas a la lógica del poder y la doble moral. Pero hemos sido infieles, hemos condicionado la afectividad y hasta hay quien prohibe a su pareja hacer tal o cual cosa por muy importante o insignificante que sea.

Me Estás Matando Susana habla de una realidad y una sociedad mexicana en la que estamos todos involucrados. Mejor si contribuye a pensar cómo podemos cambiarla. Ya después podremos retomar la guerra entre Batman y el mal o al Joker y sus tatuajes cholos.

Foto: Videocine

Foto: Videocine

Otra más: la novela, lo que explica el guión y la excelente definición de sus personajes. Claro, tratándose de una historia de José Agustín podemos explicarnos que la trama sea una sagaz y aguda reflexión sobre nuestros modos y formas. Sin embargo el mérito del director y la cinta en sí es estar circunscritos a la lógica de la cartelera y el cine mexicano. Ser “la mexicana” entre tantos elementos gringos, pop, blockbusteros y taquillazos es una apuesta que no muchos enfrentan. Es aquí donde recae su doble importancia. Una, porque demuestra que se pueden filmar buenas historias y dos, porque arroja luz sobre la desgastada y absurda forma de hacer comedia a la mexicana. 

La cinta está y ojalá se mantenga. Ya sea por ver de nuevo a Gael actuando para el público que lo vio crecer. O para reírse un rato. O compartir la sensación de que a veces y de a ratos somos Susana o Eligio. Y para darnos cuenta de que sí se puede ver una buena película sin necesidad de asistir a todo el circo publicitario que significa “ir al cine”. Por todo lo anterior, y lo que se vaya añadiendo, invito a ver Me Estás Matando Susana.

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Antes de la película

El circo de ir al cine es un sacrificio moderno que incluye chutarse el ritual de comprar los boletos. Comprar algo de comer y aguantar mucha basura previa.

Entre esta basura, y como Me Estás Matando Susana es una película mexicana, las cadenas transmiten avances (tráilers) de otras cintas nacionales.

“No Manches Frida” (Nacho G. Velilla) y “La Vida Inmoral de la Pareja Ideal” (Manolo Caro) son dos de estas cintas mostradas. La primera es detestable desde su casting (Omar Chaparro o Martha Higareda por ejemplo) o la presentación de sus personajes. De la segunda no podemos afirmar que sea una basura, aunque los antecedentes de Manolo Caro sean claros. El tipo lleva ya varias películas haciendo lo mismo: una especie de comedia dramática con personajes insufribles que por puras casualidades forzadas acaban redimiéndose; además de caer en el ridículo y exagerado uso de colores, encuadres y canciones intencionalmente usados para provocar emociones. Muy a la Almodóvar o Wes Anderson pero mal hecho. El panorama, pensando en estos ejemplos, es difícil para “la película mexicana”.

Foto: Internet.

Foto: Internet.

Entre el camino que dejaron cintas como “Nosotros Los Nobles” (Gary Alazraki), Eugenio Derbez y sus cintas que ni del nombre vale la pena acordarnos, o ¿Qué Culpa Tiene en Niño? (recientemente) y la ruta que pueden trazar películas nuevas, bien hechas y con contenido; ojalá podamos continuar con las segundas.

La ruta para el cine mexicano todavía está en continua construcción. Vendrá y se estrenarán más cintas. Buenas, excelentes, malas, pésimas y las olvidables; y entre esta dinámica está envuelto el público. Una sociedad, que como todo el planeta, está en constante transformación y reestructuración. Y así dependerá también de nosotros (directores, creadores, difusores, críticos, público y consumidores) acompañar al cine mexicano en este viaje.

La elección es clara. O tenemos películas que puedan reflejar y devolver una vista a la realidad; más objetiva, más crítica, más contemplativa y más reflexiva o preferir la vía fácil: la invención de valores vacíos, clichés nacionales, lugares comunes, ridiculización y normalización de la corrupción, la violencia y la discriminación. En eso radica el valor de nuestro cine.