Por Alfredo Barriga (H.C)

Principio del acto: manos arriba, tomen distancia unos de otros, basta ya del mismo discurso arcaico, retrograda que sólo tiñe arduamente la insípida titulación del homo no sapiens

Porque existen varias formas de guardar silencio además de apretar los labios. Una es hacerse cómplice; otra, prostituir su ideología y, la más frecuente, gritar carrasposamente a viva voz dentro de en pseudo coro. En todos los casos en los que su léxico no marca una diferencia, no propone un matiz, no objeta estructura, su Hip-Hop calla. Por eso la escena a pesar de su estridencia es silenciosa.

Es uno entre los muchos desviados por la incultura, vestigio del inadaptado polifacético o simple mal gusto.

La epistemología del sample, de las barras, del contexto para explicar la cultura y causar atropellos contra los gusanos del vulgo popular. Que cantan mexicanos a la guerra… pero ignoran que todo surgió en el Bronx, en Queens y  Brooklyn.

La gramática del desafortunado no existe, enmudeció la voz del necesitado, por eso escribe.

La poesía como símbolo de represión estética, nunca será aceptada.

Es provocativa de hecatombes en iletrados enfrascados en el discurso del “barrio”.

La fonología de la violencia en sus letras, metodología exacta para comprobar las teorías del débil contra el débil en su utópica jungla de asfalto (roba a su madre y prostituye respeto en cada escenario).

La sintaxis para organizar de nuevo la palabra hip-hop y el campo semántico al que pertenece, mismo campo en el que los surcos de tu libreta ningún verso será cosechado y digno de representar al movimiento.

Una generación dormida… fin del acto.