Por Jonathan Ávila

“Rusó (pensativo): Es verdad, pero, ¿y quién eres tú, hombre arruinado, para discutir conmigo?

Yo: Pues yo jugué basquetbol y leí a Schopenhauer”

Fragmento de El hombre nacido en Danzig, de Guillermo Fadanelli

Cuando la sinrazón se convierte en razón tenemos una masa inobjetable de filosofía impura a la que debemos transformar en sólo una de dos cosas: una víctima de un destino mortal innecesario o en un libro de reflexiones casi autobiográficas, mejor dicho, sumamente autobiográficas; y darle gusto a un voraz lector que terminará entendiendo nada de un libro filosóficamente incorrecto para el egresado promedio de una carrera que ya estaba extinta desde su más elevado auge en la Grecia Clásica. Y entonces usted dirá, desafortunado lector, ¿de qué demonios está hablando éste imbécil? Pero yo le responderé que le estoy dando mis últimas reflexiones sobre el libro de un escritor maldito con el que por fortuna me topé en el ya lejano 2014.

Guillermo Fadanelli ha tenido el acierto, o el infortunio, de hacer un libro en el que la filosofía es el punto medular, no porque se haya aventurado en crear un nuevo discurso filosófico que termine siendo una receta para la calvicie, sino porque El hombre nacido en Danzig no es más que filosofía pura y llana penetrada por el, así percibido, involuntario humor de su autor. Es la figura de un detestable hombre el que carga con una trama que parece sacada de un libro de detectives pero que termina siendo una sátira de la desafortunada soledad que vivimos, de la desalentadora realidad que ninguna gratificación merece y la esquizofrenia voluntaria en la que nos vemos inmersos cada mañana en este inseguro país.

Esta novela parece más una anti novela, o es que será la capacidad bukowskiana de Guillermo Fadanelli la que lo haga ser un escritor más cercano al relato corto que uno que en verdad pueda escribir una obra similar a los años que le lleva al hombre comprender la obra completa de Hegel.

¿Quién fuera Fadanelli para poder conversar con los filósofos que nadie nunca ha leído? ¿Quién fuera Fadanelli para penetrar en una discusión sin sentido con un personaje histórico del que nos acabamos de enterar en su novela? Porque aunque usted no lo crea, se necesita un poco de sapiensa aberrante sobre filosofía para poder arrojar el libro al aire en medio de las carcajadas que causa la lectura de una conversación entre un donnadie con Rosseau. Todavía recuerdo esa milimétrica conversación entre el protagonista de la historia con el filosofo iluminista para también entender que esta novela ha parecido el cierre perfecto de un año atribulado entre la falta de razón que es la razón misma hecha sociedad. Y me refiero al triste destino mexicano que nos rodea, porque al final eso es el mexicano, un sujeto falto de razón que representa la razón misma que los filósofos primermundistas aun no han entendido o escrito.

Para infortunio de la editorial que este año lo sigue acompañando, la bien conocida Almadía, Guillermo Fadanelli camina junto a un lector cualquiera y lo transporta a la esquizofrenia motivada de un solitario basquetbolista amante de Schopenhauer. Entonces recuerdo que no sé si me ha gustado más la consternada mente de un hombre que ha contratado a un detective para confirmar la infidelidad de su mujer, o las involuntarias referencias a Arthur Schopenhauer, el verdadero hombre de Danzig y muerto en Frankfurt.

“La piedad de las mujeres es un placer sofisticado”, reflexionaba el protagonista de la historia casi como un manifiesto de lo que representaba estar con una y otra mujer al mismo tiempo que aborrecía a Elisa Miller, la mal llamada pareja de un hombre cuyo nombre desconocerá el lector hasta el final pero que representa más la figura del autor que la de cualquier imbécil que haya leído al hombre de Danzig.

Basta decir que entre las reflexiones insanas de un solitario ex alumno de ingeniería, la locura transformada en conversación con filósofos de la talla de Séneca, Montaigne, Rosseau, Weininger y Schopenhauer; las peripecias de una esquizofrénica sensación de persecución del protagonista de parte del detective Riquelme —al que ha contratado para espiar a Elisa Miller—, y las anécdotas innecesarias de un trastornado basquetbolista, disfrutará enormemente de un libro que le dejará una sensación más de ignorancia que de satisfacción, no antes de una necesidad insana, también, de leer al verdadero hombre de Danzig y unos tremendas ganas de agradecerle a Fadanelli por su más reciente novela.

Casi a manera de posdata y antecediendo a una poco apetecible conclusión, le vengo a decir que no estoy siendo producto de un conocido “chayote” periodístico o una inserción pagada por el autor, antes soy producto de una mala educación filosófica cuyo encuentro con el más reciente libro de este escritor ha causado gran sensación en mi gusto por la literatura y se lo he venido a externar.

Porque no encuentro las palabras necesarias para mencionar lo grato que ha sido leer a El hombre nacido en Danzig, un libro que hasta ahora cumple con su no papel de penúltima novela de Fadanelli. Sí, y es que la última todavía puede ser una sorpresa para el lector promedio en México, porque es la sorpresa el elemento cumbre de una vida novelada en esta reciente entrega del autor, es lo único que puedo agregar, ya que en verdad puede valer la pena para que los siguientes años pasemos a un porcentaje irrisorio de lectores en el país.

…Una cosa más. Como si fuera un Black Friday a la literaria, corra a la más cercana librería, si es Gonvill –y seguramente lo será— se pasa de largo a menos de que quiera leer a Murakami, y adquiera esta novela porque en verdad vale la pena. Salud.