Por Oscar Mendoza

Antes de Drive (2011) eran poquísimas las personas que conocían el trabajo del director danés Nicolas Winding Refn. Personalmente, empecé a ponerle atención a sus películas después de la extraña mezcla de neo-noir, drama y synth thriller que significó la galardonada cinta.

Tras el éxito en festivales e Internet (porque Drive se convirtió en una cinta de culto en el mundo de los torrents y streamings), Widing Refn causó expectativas y dirigió las miradas hacía su nuevo trabajo “Only God Forgives” (2013). Ambiciosa, estéticamente impecable, de un ritmo calmado -a veces demasiado- y con actuaciones de primer nivel; como la de Kristin Scott Thomas en su infame papel de mamá sedienta de sangre, o un desconocido Vithaya Pansringarm como el Ángel de la Venganza (¿y justicia?) la cinta puso a su creador en un nivel que pocos alcanzan: el hacer lo que le dé la gana.

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En su nueva película The Neon Demon, se nota el transcurso de su madurez y la disposición, hablando en términos de presupuesto, de realizar una película más cautivadora, más “apantallante”, más estilizada, más metafórica y visualmente completa. Polémica, madura, perfeccionista, así es la nueva cinta. O sea, una cinta al más puro estilo Widing Refn.

La historia narra el paso de una joven modelo llamada Jessie (Elle Fanning) que de pronto se ve inmersa en el superficial mundo de Los Ángeles, la moda, la belleza de pasarela y la corrosiva moralidad del instante estético, armónico y destructivo de quienes viven para y por su apariencia.

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Así, Jessie entabla amistad con una maquillista y pronto atraviesa el umbral que la lleva a la vida de las modelos, los trastornos de personalidad, la ambivalencia ética (porque Jessie es menor de edad, pero eso no impide que pueda modelar) y el neón; un eterno elemento que acompaña a la envidia y discordia que provoca su belleza.

The Neon Demon, la última cinta de Widing Refn es un relato sobre la discordia entre la auténtica y la aritificial belleza. Por un lado, la de Jessie -su protagonista y víctima- en su inocencia e ingenuidad y por el otro, la de las modelos -antagónicas y contrapuestas- que temen a la vejez, a la realidad y a la destrucción de lo superficial. En este mundo de neón, shows nocturnos, luminarias, fotografías que lo exigen todo y sintetizadores armónicos, Jessie es un elemento móvil: su fuerza y debilidad consiste en no pertenecer al demoníaco cosmos de lo perfecto, ajustado y bello.

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Sin embargo el problema con The Neon Demon es el relato. De a ratos parece alargarse en pro de lo estético y da la sensación de escoger metáforas de fácil interpretación (cosa que la beneficiará en taquilla) con tal de impactar al espectador. Por momentos uno preferiría volver a ver Mulholland Drive (David Lynch, 2001), un comercial largo de Variety Magazine o videoclips de Nine Inch Nails. “Apantallante” sin sustancia para algunos. Visualmente impresionante pero sin argumento, para otros.

The Neon Demon es una película que realza el trabajo de Nicolas Widing Refn porque es todo lo que él ha hecho: violencia gráfica y simbólica, encuadres perfectos, obsesión por la luz (blanca y negra, un juego impresionante) y el score funcional. A veces la cinta exige toda la concentración y de a ratos se cae por querer avanzar precisamente en su argumento. En resumen: hay cosas que se ven hermosas, pero solo eso porque parecerían no aportar nada, ni al desarrollo de los personajes o la trama.

El Demio Neón, como fue traducida en México, es una película que sí debe verse en pantalla grande y que seguramente, y con intención obvia de su director, dará más de qué hablar. En The Neon Demon el espectador no puede quedar solo atónito o mudo, porque todos estamos inmersos en esta superficial moral de la belleza, y porque al final, queda la sensación de ser partícipes o víctimas de esta nueva violencia. La agresión por ser feos, la envidia por ser hermosos y el miedo a desear la belleza ajena; o en su defecto, la de codiciarla.

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A favor: la música, el score, el estilo visual y la puesta en escena.

En contra: la trama -un poco floja-, las metáforas intencionalmente impactantes -necrofagia por ejemplo- y algunas actuaciones.

Recomendada para fans de Nicolas Widing Refn y quien quiera ver una película visualmente narrativa y estilizada.

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Otras películas de Widing Refn recomendables:

  • La Trilogía Pusher, que descubrió al magnífico actor que es Mads Mikkelsen y en la que un debutante director retrató un submundo de dealers, drogas y matones de medio pelo.
  • Bronson, porque Widing Refn sabe sacar lo máximo de un actor y en este caso, Tom Hardy, hace un maravilloso papel como el psicópata Charles Bronson. Una especie de Naranja Mecánica con los Pet Shop Boys y hospitales psiquiátricos.
  • Vallhala Rising, en donde quizá comenzó la transformación de su director en un cineasta que en lugar de filmar violencia solo por que sí, la convierte en un retrato simbólico de nuestra condición humana. Un inquietante film sobre la venganza, la redención y el poder de un hombre frente a una fuerza que lo sobrepasa.
  • Drive, por su soundtrack, porque sacó lo mejor de Ryan Gosling, Oscar Isaacs y Ron Perlman, además de los arquetipos que reelabora: la ciudad como personaje permanente, el mafioso cínico, el ex presidiario con mala fortuna, el anti-héroe misterioso y la posibilidad de redimirse.
  • Only God Forgives, porque aunque se note ya la influencia de Jodorowsky -su mentor- es una buena cinta en donde la violencia sirve como hilo conductor entre la venganza, la justicia y la desaparición de polos. El bien, el mal, lo blanco y lo negro se confunden en una Tailandia neón, luminosa, quieta y cómplice.

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