Por Judith Guzmán

Por música no debe entenderse sólo la que se toca,

Sino también la que queda eternamente por tocar.

-“La hora del Diablo” Fernando Pessoa

Toda la música tiene importancia, tanto la que ya pasó por nuestros oídos como la que está aún en proceso de creación. Desde Compay Segundo hasta Black Sabbath no hay líneas disyuntivas de lo que el oído pueda degustar. Para mi en este sentido, la música es un estímulo que si bien se le da la atención que necesita, puede llegar a alcanzar estados visuales y transgredir de lo auditivo a lo sensorial en su totalidad. Pero para ello cada quien tiene su propio método y sus filias muy marcadas.

Tener una discusión sobre música con musicofilicos, melómanos y megamelómanos es una pelea constante entre lo que se debe seguir considerando música, en tiempos de siglo XXI y lo que ya pasa a ser meras experimentaciones sonoras, más como eso que llaman “arte sonoro”; tenemos bandas que TODOS consideramos tener en nuestro playlist personal, como en una canasta básica musical podría decir: Pink Floyd, Depech Mode, Beethoven, The Doors, Snoop Doog, Janis Joplin, Beach Boys, Café Tacvba, Manu Chao, Metallica, Aterciopelados, Led Zeppelin… Y qué sentido tiene pelearme con mis alrededores sobre qué otras bandas se consolidan para la posteridad, la cosa es que para unos pueden ser unos y para otros pueden ser otros.

La sensibilidad musical es, por su puesto, tan subjetiva como que cada uno de nosotros tiene dentro de sí un contexto y un color que nos separa a unos de otros. Yo no busco la homogeneidad en la humanidad, esta no existe, de la misma manera tampoco la sensibilidad auditiva para cada obra. El andar del escucha es tan diverso como los gigabytes que contenga su ipod o computadora, el número de discos que un coleccionista decida almacenar o los innumerables conciertos que se dan abasto durante toda la semana en cualquier rincón del mundo. En estadística unas 3,500 canciones por segundo son escuchadas simultáneamente en el mundo.

Vivir en el siglo XXI, en un territorio occidentalizado, donde hay libertad del download y del intercambio musical, es tanto un privilegio como un arma de doble filo.  Me agrada la idea de tener el control de lo que uno decida escuchar, de tener un botón llamado play y otro fordward, de saber si se activa el shuffle del reproductor o si se deja correr la grabación completa, ese es el verdadero sentido del escucha, aquel que es consciente de lo que entra a su cabeza a diferencia del que pone play sólo para tener música de fondo. Entiendo cuando las generaciones más nuevas se pierden en ese mar informativo musical y terminan escuchando cosas como Skrilex, Arjona o Carla Morrison, eso puedo entenderlo, pero no me cabe mucho la idea, de que fuera de los musicofílicos, melómanos y megalómanos, las nuevas generaciones no podamos dedicarle un poquito más de tiempo a la historia musical. Pero bueno, al final del día, la música ya para muchos es mero entretenimiento, mera moda, maldita moda.

Recomendaciones, para este mes del Halloween:

  • Misfits – “Walk Among Us”
  • Black Sabbath – “Black Sabbath”
  • White Zombie – “La Sexorcisto: Devil Music, vol. 1”
  • Tom Waits – “Orphans – Brawler”
  • Tiger Army – “III: Ghost Tigers Rise”

Búsquelos, es fácil.