Por Gerardo Farías

 

La doctrina

El Cristo siempre las vigilaba y las monjas también. De rodillas, en murmullos, tratando de evitar todo movimiento innecesario, las niñas repetían sus oraciones incansablemente. Cada vez que decían Amén, sus rodillas se iban clavando más y más en el piso. Un día, una de ellas no se pudo levantar. Las monjas le dijeron que siguiera rezando y ella obedeció. Al día siguiente, dejó de sentir las piernas, las tenía duras y grises. Las monjas le dijeron que siguiera rezando y pidieron a las demás orar a su alrededor. Todas obedecieron. Al tercer día, se convirtió en piedra. Las monjas ordenaron construirle un altar dentro del monasterio y hacer una fiesta cada año en su memoria. Todos obedecieron, y en el rostro enjuto del Cristo se dibujó una sonrisita.

Vocaciones II

El hacedor de pájaros renegaba de la falta de disciplina de sus alumnos. Tiraba todas sus malas creaciones a la basura. ¡Así no se hace un pájaro! Les gritaba.

Los aprendices iban luego al basurero y rescataban a sus pingüinos, pavorreales, gallinas y avestruces.

Comprometida

La había engañado otra vez. Él pedía perdón desde la calle. Ella estaba hirviendo de coraje. Otra vez. Empezó a echar toda su ropa por la ventana. Y cuando le aventó el anillo de compromiso, olvidó quitárselo… y ella también cayó desde el quinto piso.

Maniquí

Ya había pasado su adolescencia y nada. Había cruzado la barrera de los treinta y nada. No tenía novia ni dinero ni amigos. Y las muñecas inflables aún no se habían inventado. No tenía opción: era hacer esto o suicidarse.

Usó un serrucho para abrir la hendedura necesaria. La desesperación de una virginidad tan prolongada le nubló la lógica: olvidó pulir los bordes.

Unos minutos después, el tan anhelado orgasmo llegó. Cayó extasiado, sobre su costado, dentro del charco que ya se había formado en el piso.

Vocaciones IV

Quería ser un poeta de verdad: escupir versos, cagar metáforas, exprimirse sonetos de la cara. Pero en lugar de eso, escupía gargajos, cagaba mierda y se exprimía espinillas de la cara: su verdadera vocación era ser un hombre común y corriente.

Arte en el siglo XXI

Le dijeron que para el posmoderno todo era válido, que podía reciclar lo que quisiera. Era pintor de media brocha pero también poeta frustrado y un pésimo músico.

Compró un delfín en el mercado negro y lo crucificó sobre una pared blanca. Pintó un mar violento con sus vísceras, sampleó sus chillidos y reprodujo el loop en las salas de todo el museo. Finalmente, usando Google Translator, tradujo al esperanto El cementerio marino de Paul Valéry y recitó los versos, hincado frente a su altar.

Inspiración

Su asistente lo estaba engañando con el trapecista. Todos en el circo lo sabían. Fue este mago y no otro el que inventó el truco de la caja y el serrucho.

La red

Cuando el pescador la arrastra por el agua, ella hace un ruido como cuando uno llama a su perro o a su gato.

Indiferencia

El fin del mundo, no es el fin de nada.

Armas

  1. Cuando estaba a centímetros de su frente, la bala gritó: «¡Gané!»
  2. Las navajas de afeitar practican una religión que le parece ridícula a la guillotina.

III. La espada le teme tanto a la carne que cuando la ve, se esconde.

  1. Las supernovas se llenan de ternura cuando piensan en la bomba atómica.

*Todas las minificciones son parte del libro Inventario del crimen, editado por Editorial Diablura. Agradecemos al autor por las facilidades para su publicación.