Por Oscar M. Mora

I

No le bastó con poner una canción de Luzbel. 

Era un cover.

De Judas Priest.

Painkiller.

Cortamos al día siguiente.

II

Le compartí la discografía completa de New Order.

Él los vio en vivo.

Yo no.

Aún me odia.

III

En el disco grabó una de División Minúscula.

Me fue infiel.

Aprendí a perdonar.

Nunca me gustó División Minúscula.  Esa canción sí.

IV

Me enamoré en el slam.

La empujé, me empujó.

Fue hermoso.

Luego la canción se acabó.

Jamás supimos nuestros nombres.

 

V

Escucho una canción en volumen bajo.

Llega mi padre.

La reconoce y le sube.

Nos convertimos en cómplices.

Nunca incluimos a su esposa.

 

VI

Las de Akwid son de mi carnal.

Traigo dos o tres en el iPod.

Ya se casó.

Seguimos cantándolas, como si estuviera soltero.

Creo que jamás tendré una esposa.

 

VII

Murió.

Una semana después, me emborraché con sus éxitos.

Una señora me dijo que se puso bueno el homenaje.

Así fue como nos terminamos una botella juntos.

 

VIII

El concierto fue mejor de lo esperado.

Cantaron todo el disco nuevo.

Luego las del primero.

Tendré que buscar esas canciones.

El próximo año regresan.

 

IX

Siempre lo hacíamos en el piso.

El colchón era exclusivo para su novio.

De fondo sonaba el Sargento Pimienta.

Nos descubrieron; la delató un regalo que le hice.

Era un poster dedicado y firmado con mi letra.

Para mí, fue culpa de John Lennon.

 

X

Seguimos siendo amigos.

Esta agualoca sabe a ska y reggae.

Ya no tenemos 17 años.

Mi pelo ahora es corto y mis manos lucen viejas.

El suyo ya rebasa los hombros y sus uñas lucen barniz negro.