Por Arturo J. Flores

(Del cuaderno de notas de Nancy)

Apenas el Diablo se vino dentro de ella, Alexa prometió que nunca volvería a dibujar pentagramas en su cuarto.

Pero la curiosidad ganó. Así que dos días después de que Satán la sedujera, decidió darle una segunda oportunidad. Se largó temprano de la oficina. Camino a casa compró en el mercado algunas vísceras de animales. Antes de la medianoche sirvió sangre de vaca en dos copas. Encendió las velas negras y pronunció en latín la misma frase con la que había conseguido invocar al demonio la primera vez.

Lo logró. El Señor de las Tinieblas se apareció en su casa con la cornamenta recién lustrada, las pezuñas imprimiendo sus huellas sobre la alfombra y el enorme miembro erecto apuntado directamente al cielo.

El olor a azufre hizo que se mojara Alexa, quien se acomodó sobre el sofá, abriendo lo suficiente las piernas para que Belcebú pudiera ver la pequeña cruz invertida que se había modelado en el vello púbico. El Demonio se llevó una mano a la verga, de la que se desprendían pequeñas llamas. Se masturbó enérgicamente mientras sus ojos se clavaban en los rebosantes senos de la joven, que se iba bajando el vestido negro para enseñarle los pezones.

Alexa había puesto un álbum de black metal para animar la escena. El último de Behemoth. Belcebú se acercó a ella, quien se chupó el índice de la mano derecha para después bajarlo a su clítoris. Comenzó a trazar movimientos suaves en forma de número 6 provocando que sus flujos vaginales escurrieran hasta mojar el tapiz del mueble. Satanás exhaló una bocanada de aire caliente apenas percibió el aroma del sexo de la joven y se puso de rodillas delante suyo. Con su lengua bífida de serpiente, el Diablo tomó el lugar del dedo de Alexa para  dibujar aquella serie invisible de números 6 sobre su clítoris, hasta que un potente chorro escapó de ella, empapando al Diablo desde la cara hasta el pecho. Lucifer pegó la boca a la vulva de la muchacha para sorber el agua salada directo de su fuente.

Mucho mejor que antes, pensó Alexa, mientras evocaba aquel rito de la primera vez en la que tuvo dentro el enorme miembro infernal. Todavía con los últimos estertores del orgasmo palpitando en su vientre, se arrodilló ahora delante de Satanás. Le besó la punta del glande, rojo como la sangre de vaca que ninguno de los dos había probado. Alexa comenzó a lamer con delicadeza aquel miembro que seguro habría empalado a Eva a espaldas de Adán, saboreaba por anticipado el momento en que le destrozara la entrada de la vagina con sus embates.

Cuando ya no pudo más, se dio la vuelta para colocarse en cuatro patas. Se levantó bien el vestido para que Luzbel pudiera verle el culo, que brillaba de tan húmedo. Alexa apoyó la frente contra el piso, de forma que las nalgas se levantaran lo más posible y su vagina se abriera para tragarse todo lo que el Maligno tenía para ella.

Sintió la punta y un escalofrío la recorrió. De un golpe, el diablo le hundió aquella gran torre. Por un momento pensó que la partiría por la mitad, pero a los pocos segundos sucedió otra vez lo mismo que la primera vez que lo invocó.

Satanás se vació dentro de ella. Eyaculó lo que pareció un litro de fuego líquido directo en su útero.

—Perdóname —se disculpó apenado Belcebú—, te juro que no suele pasarme nunca.

La verga que, cuando el Diablo llegó, parecía que iba a estallar de tan hinchada, ahora era un encogido capullo sin mariposa.

—No te preocupes —respondió Alexa, mordiéndose los labios, conteniendo su frustración para no avergonzarlo más—.

Seguro has tenido un día muy pesado.

—¿Volverás a llamarme? —le preguntó temeroso el diablo, cuando desaparecía en la estrella de cinco picos.

—He pensado que quizá debamos darnos un tiempo —contestó ella.

Una vez a solas, Alexa tiró a la basura las velas negras, las copas de sangre y el disco de Behemoth. Al día siguiente renunciaría a su trabajo para internarse en un convento. Tantas monjas no podían estar equivocadas. Quizá la competencia la tuviera más grande.


*Este texto forma parte del libro Fuck me, Nancy!, el cual está a punto de salir bajo el sello editorial de la revista Marvin, de su colección Tinta Sonora.