Por Jonás

¿Quién dice qué es bueno y qué es malo? ¿Quién dice que es naco, feo o joto? ¿Por qué de repente este debate tiene sentido para la vida pública? Durante algunas décadas muchos sesudos analistas han tratado de explicar el gusto,  la distinción que ésta otorga y su función en una sociedad dominada por clases.

Desde el ámbito cultural se han dado algunas luces a través de la sociología del francés Pierre Bourdieu. En su libro La distinción. Crítica y bases sociales del gusto, el autor nos lleva al límite de lo inimaginable para una cuestión cotidiana pero fundamental en un sistema social como el nuestro: el gusto es una cuestión de clase, y es la clase dominadora la que impone su gusto. ¿Cómo? Para el francés el gusto se determina a partir de las clases con mayor capital cultural, un capital que en términos coloquiales conocemos como “el culto”, quien se impone dentro de estos términos –es decir, el educado, el cosmopolita y viajero– determina los gustos en tanto clase dominante… ¿y el otro lado? Las clases dominadas podrán determinar su gusto sólo a partir de ese otro, del dominador.

Por ese motivo, quizá, pueda tener sentido que el naco es el que escucha reggaetón, banda, reggae, norteño, lo que sea que no le guste a las clases dominantes. ¿Se creía usted libre de decidir sus gustos? Puede ser que no sea tan fácil.

Pero incluso dentro de esos cánones doctos existen en algunos momentos fugas de escape para solucionar esas contradicciones de la vida. Este debate en México se reavivó con la muerte de Juan Gabriel, cuando Nicolás Alvarado, ex director de TV UNAM, escribió en una columna que el artista representaba lo “naco y joto”. Más allá de la publicación misma lo que motivó a repensar lo que se dijo líneas arriba fue que, por ejemplo, el espectáculo suma el llanto de los indecisos, de los acaparatodo, de los que quieren sobresalir como doctos. ¿Por qué digo esto? Porque para los sesudos electores del buen gusto no se puede tener admiración por David Bowie y Juan Gabriel al mismo tiempo.. ¿quiénes nos creemos al escuchar de igual forma a dos ídolos internacionales aunque distintos en todo sentido (musical, claro)?

No se tiene derecho a escuchar de todo. No se puede “lamentar” la muerte de dos personas que aunque distintas en sus estilos fueron unos disruptores de su momento. La ley del buen gusto dice que esos cánones musicales no se comparten. Como diría Frantz Fanon, existen zonas del ser y del no-ser, en la zona del ser vive un Bowie musicalmente internacional y respetado por los legisladores del buen gusto; mientras que en la zona del no-ser nos encontramos con el lumpenproletariat que goza del estilo musical de Juan Gabriel.

Posmodernos en todos sentidos, los dos músicos comparten los ejes del «sistema-mundo» en el que viven, pero las divisiones entre lo que es bueno y no, los separan. Los límites de clase, raza, sexo y género se acentúan para dividir, fragmentar a la sociedad y sus «gustos» con base en las mismas distinciones.

Quien gusta de uno no puede gustar del otro, no es docto, no es culto, no es digno de los legisladores del buen gusto. La distinción va más allá de las formas personales, se cimienta en la estructura social de la dominación, y no lo digo (solamente) yo. No importa cuál haya sido la construcción social del individuo, no importa si sus gustos han sido moldeados por distintas formas de acuerdo a lo que comparte con los otros, el legislador del buen gusto lo dirá: tus gustos no van acorde a los de la clase dominante…sujétate a sus formas.