Por Juan Alberto Apodaca

Heroyna (2015) es una película escrita, fotografiada, editada y dirigida por Alejandro Solórzano Garibaldi. El joven cineasta comenzó a gestar su ópera prima mientras estudiaba comunicación en la Ibero de Tijuana, ciudad que sirve de escaparate para una historia harto conocida en el cine internacional pero poco abordada en el cine mexicano actual. La trama: King (Luis Enrique Calva) y Queen (Yara Lina Soto) son dos jóvenes que ante un flechazo de Cupido deciden convertirse en una pareja de ladrones (Bonnie and Clyde 2.0), adictos a la heroína (¡obvio!) y que, según la sinopsis oficial: “juntos forman el centro del universo”. ¿Cliché adolescente? ¡Nah!

Después de algunos robos, de declaraciones de amor un tanto empalagosas, de muchos pero muchos planos-detalle a los rostros de los personajes y de un sinfín de metáforas visuales que a simple vista poco (a veces nada) tienen qué ver con la narrativa, nuestros protagonistas terminan en una espiral de violencia y existencialismo personalísimo, valga la redundancia. Y es que, efectivamente, la pareja es el centro de su universo, un universo algunas veces confuso pero otras veces, genial.

Aquí es donde radica la novedad de Heroyna: una historia fuera de los cánones narrativos convencionales que, apuesta por una estética atrapante, preciosista, colorida, multi- atmosférica. Se trata de una película montada meticulosamente para que cada plano tenga su lugar. Sí, está plagada de imágenes y locaciones que se repiten una y otra vez, lo que puede resultar cansado para algunos espectadores, sin embargo, es parte de la propuesta estética de Solórzano y el resultado es gratamente efectivo.

El aspecto más débil de la cinta es el manejo de actores, principalmente de ambos protagonistas y de manera particular de Queen. Diálogos acartonados, por momentos inverosímiles a los que ni siquiera lo caricaturesco de sus personajes logra salvar.

La imagen de Tijuana en Heroyna es interesante en el sentido de que sirve como una gran locación sin caer en lugares comunes de manera directa, es decir, aunque la historia habla de drogas y violencia, en ningún momento se cuelga del nombre de la ciudad. Incluso algunos espacios utilizados en otras cintas rodadas en la ciudad fronteriza (casi) no se reconocen debido al hábil manejo visual. En esto y varias cosas más, Heroyna se codea estéticamente con Dobermann (Jan Kounen): una historia hiperviolenta de una pareja poco convencional (Vincent Cassel y Monica Belluci) rodada en París en la cual, la ciudad es lo de menos. Me atrevo a asegurar que la propuesta visual de la cinta tijuanense se inscribe sin ningún problema en la tradición estrambótica de Trainspotting (Danny Boyle), Requiem for a Dream (Darren Aronofsky) y Corre Lola Corre (Tom Tyker), todo esto aderezado con un dejo de violencia adolescente al más puro estilo de Voy a explotar (Gerardo Naranjo). Si a lo anterior le sumamos un extraordinario soundtrack elaborado expresamente para la película por músicos también tijuanenses (Grenda/Wayhome/Braulio Liam), estamos ante un trabajo que abona al cine made in TJ hecho con ganas genuinas de alejarse de aquel mundo mediático-audiovisual de la ciudad que cada vez más, va quedando en el olvido.

Si bien, Heroyna tiene algunos fallos son mayores sus aciertos. Solórzano de la mano de la productora, maquillista y vestuarista Claudia Sánchez Espinoza lo hicieron tan bien que su primera obra ha sido seleccionada en una docena de festivales internacionales y ha cosechado algunos premios como el best feature film tanto en el Miami Independent Film Festival como en el West Texas Film Festival. No hay que perderle la huella a este par de jóvenes que han iniciaron con el pie derecho su incursión en el mundo del cine.