Por Manuel Noctis

Antonio León, poeta originario de Ensenada y avecindado en Mexicali desde hace un par de años, dice que “siempre hay poetas interesantes en Baja California”, sin embargo, le da flojera hablar de generaciones, bolitas, clubs del té, cofradías, pubs o talleres.

Él es originario de Maneadero, en el área rural de Ensenada, “la parceliza que antes producía vegetales, pero ahora se ha dejado para hacer naves de maquiladoras”, un lugar donde no hay grupos de poetas, y tampoco hay agua. Por ello le parece que “la poesía es un asunto de individualidades”.

Por ello, dice, le encanta Tere Avedoy, a quien le perdió la pista (“si alguien tiene más publicaciones suyas, móchese”), además que es un gran fan de Roberto Castillo, del Poncho García Cortez y que también leo a Jorge Ortega, quien es un querido amigo desde que vive en Chicali.

Pero también lee a personas como su amiga Rosa Espinoza, que además “es una gran editora”, a Flora Calderón, que recientemente fue homenajeada en Tijuana y es su amiga desde hace más de 20 años y entre todo ellos están también su “hermanito” el Carlos rodríguez y el Hamlet Ayala, dentro de los poetas jóvenes.

En ese entendido, a Antonio le gustaba pensarse como poeta Joven, “pero valió madres” ya que “las nieves del tiempo platearon mi sien” y en alguna parte del mundo debe seguir siendo poeta joven, o príncipe del rockabilly, o Rey del biutiful, lo que sea.

Y aunque Antonio ya no es del todo un joven, sí es un poeta que ha cimbrado el panorama literario bajacaliforniano con sus letras, sobre todo ahora, que recientemente resultó ganador del Premio Estatal de literatura de Baja California, en la categoría de poesía, con su libro El Impala rojo, del que platicamos con él.

Sobre este premio, Antonio me platicó “que le gustó ganar” y que por lo tanto no se atrevería a decir “una tontería para demostrar que soy humildito y tal”, porque finalmente el premio le va permitir, o más bien, le va a tocar ir a regularizarse en el SAT y, sobre todo, que lo inviten a más fiestas, aunque también le hace ilusión ver el libro impreso y todo el kit.

Ante la pregunta de si estos premios sirven para impulsar la creación, me dijo que no tiene ni la idea, pues es el primero que le dan y a pesar de ello sigue escribiendo regularmente, aunque ahora tiene que lidiar con raza que le quiere mandar sus textos por Facebook para que los lea.

Sin embargo, sí cree que su proceso de escritura, en este caso, fue una pulsión, puesto que nunca antes había escrito un libro en tan poco tiempo, como éste, que le llevó tan solo 4 meses su proceso de escritura, pero el asunto en este caso, me dijo, era “casi una obsesión”.

“Hablo de que el Impala se me aparecía en todas partes, incluso un amigo de mi hermano me dejó subirme a su bellísimo Impala color guinda. También estuve repasando lecturas sobre road movies y revisitando a mi Russ Meyers. Y leyendo a Robert Creeley, como siempre”, comenta.

Para su configuración también estuvo escuchando sin cesar la canción Johnny Get Angry, de Joannie Sommers, que aparece como un loop en la parte central de este trabajo, además de escuchar “un chingo” a Rocío Durcal, pero eso básicamente porque le encanta el descontrol.

El libro se llama El Impala rojo, pero antes hubo varios intentos preliminares de bautizar al engendro: “primero se iba a llamar Abulones y solteras, pero sonaba a obra de teatro de Jorge Ortiz De Pinedo. Luego, pensé en Postales, pero probablemente ya existan libros de poesía con ese nombre, además que Postales es una palabra horrenda que no se debe usar en un texto, tampoco Hojarasca ni Solar”.

Pero postales se llama la primera parte del libro y dice que finalmente se quedó El impala rojo por ser un elemento principal del texto, casi un personaje. Rojo, porque quería un color, y el rojo le gusta mucho.

Antonio me dijo que sobre el mismo título, en una entrevista de radio mencionó que se llamaba así porque la primera vez que se di un revolcón  con un homosapiens fue en un impala rojo, pero nada más lo dijo por chingar, pues “probablemente fue en una combi culera” y hubo quien se lo tomó en serio.

De acuerdo con Antonio, el libro tiene todos los hilos que conducen a cosas que le preocupan, desde la edad, la muerte, lo jodido que dejamos todos los sitios en los que vamos a fiestear, hasta la rabia que le tenemos a la belleza del paisaje, en el que solemos dejar nuestros pinchis cheetos y envases vacíos.

Además, le interesaba también hablar del mar, algo que evitó toda la vida porque las poetas de su ciudad chingan mucho al respecto, pero se unió al club y ahora también habla del mar, porque “el mar es hermoso, después de todo y si el mar tuviera perfil en Grindr, todo mundo se quedaría sin coger”.

Antonio asegura que el libro saldrá durante el 2017, pero no hay fecha exacta de edición aún, pero estará haciendo lecturas en distintos sitios y próximamente irá a Guadalajara, en enero próximo, porque Guadalajara es una de sus ciudades favoritas y espera que la muchachada ahí le caiga (próximamente más info, dijo).