Por Dèbora Hadaza

Milena o el Fémur más bello del mundo es uno de los últimos libros que he leído, escrita por el periodista y escritor Jorge Zepeda Patterson, y ganadora del Premio Planeta 2014.

  1. Porque el tema de la trata de personas para prostitución es abordado sin adornos pero sí con ingenio, con crudeza pero también con sensibilidad, con todo el dolor que merece pero también con esperanza.
  2. Porque los criminales no son los protagonistas.
  3. Por los personajes femeninos. Por Milena que oscila entre la intrepidez y el suicidio. Por la sororidad entre las protagonistas más jóvenes. Por la rivalidad con respeto, y hasta admiración, entre las más maduras. Porque todas son diferentes pero ninguna calza en los clisés de lo femenino. Porque te dan ganas de ser cualquier de ellas, la empresaria de un diario, la política de izquierda comprometida pero con claroscuros, la chica profesionista que es torpe, sexual, segura y rara, y también la prostituta prófuga que sabe vengarse elegantemente.
  4. Por los personajes masculinos primarios. Podrías, si te gustan los hombres, enamorarte de todos pero no por sus fortalezas si no por su adorable vulnerabilidad. Porque sí son valientes, caballerosos, y enamoradizos, pero también infieles, manipuladores, machines, leales hasta donde sus intereses lo permiten, ambivalentes, indecisos, es decir, puedes pensar en muchos de los hombres que conoces y quieres.
  5. Por la serie de XY. ¿Quieres saber lo que piensan los chulos, los clientes asiduos de la prostitución? ¿Quieres saber como se justifican y se adulan? ¿Quieres saber qué tipo de hombres son? Esas secciones son bastante reveladoras.
  6. Por este párrafo: “Los cientos de hombres que pasaron por las piernas de Milena dejaron menos huella que las miles de páginas que desfilaron ante sus ojos; el sórdido blanco y negro de su brutal existencia perdió sustancia frente a la rica gama que las historias leídas coloreaban en su imaginación.”
  7. Y sobre todo por este: “Se dijo que debía elegir con cuidado en qué pensar en sus últimos minutos de vida… Concluyó que los instantes de los que verdaderamente quería despedirse eran los que había pasado frente a un libro abierto. Extrañaría a los personajes en los que se había refugiado para hacer llevadera la existencia; ahora los evocaba para hacer soportable el tránsito hacia la muerte. Se despidió de Anna Karenina, de la Maga, de todas la heroínas en cuya piel había habitado a lo largo de estos años…”