Por Alfredo Padilla

“¡Gracias! No soy tan perfecta”, me dijo alguna vez Ximena Ayala después de que yo le arrojara un cumplido soso y cursi en la Ciudad de México. La vería como todos, por primera vez, en Perfume de Violetas (2001) de Marisa Sistach, la película inaugural de su trilogía sobre violencia sexual en contra de adolescentes, y en donde Ximena interpreta a Yessica, una chava agresiva y antisocial de dieciséis años recién ingresada a una nueva escuela luego de ser expulsada de su previo plantel por motivos de conducta, y que posteriormente sería violada por un chofer de microbús; ahí la conoceríamos, mientras ella danzaba “Monstruo Verde” de Las Ultrasónicas al lado de Miriam (Nancy Gutiérrez) una morra tímida que por alguna razón encuentra en Yessica su complemento, a pesar de tener personalidades distintas. La escucharíamos cantar “Por qué te vas” de Jeanette en Historias del Desencanto de Felipe Gómez y Alejandro Valle, junto a una sensual Fabiana Perzabal, así como en Ciudades Oscuras (2002) de Fernando Sariñana.

Sus personajes son punks, toscos, antigregarios, subversivos y rudos, “no soy demasiado prieta para ser indígena o demasiado güera para ser fresa”, dice. Vendrían posteriormente El Viaje de la Nona (2007), Los Insólitos Peces Gato (2013) y la más reciente El Tamaño Sí Importa de Rafa Lara, que la desmarcaría completamente de su estereotipo.

Yo me quedo con el punk y la anarquía que tutelaba a sus primeros personajes, entidades en un mundo caótico en el que el perfume no podía salvarte… ni siquiera el perfume de violetas. En aquél momento no supe qué contestarle cuando apagó en corto mi “piropo”, después de esta entrevista puedo decirle que sí, que es descomunalmente per-fec-ta.

Del 2001 al 2013 actuaste en trece producciones entre el cine y la televisión, caracterizadas todas por una atmósfera decadente y sucia, disyuntiva, interponiendo la realidad de un México tan oscuro que ningún ente podía brillar en él. ¿Cómo fue que se te encasilló en ese papel de la chica punk?

Yo creo que más que un encasillamiento personal es una inclinación discursiva del cine de esa década, aunque también es real que en el mundo del cine y el espectáculo está lleno de estereotipos físicos donde te colocan en un estrato social según tu color de piel y color de ojos.

Yo siempre he tratado de salirme de ese encasillamiento, aunque hago el chiste cuando tengo audiciones y no me escogen por mi tipo, y digo: “no soy demasiado prieta para ser indígena o demasiado güera para ser fresa”, qué duro es el mundo del estereotipo. Sin embargo, soy una actriz que ha tenido oportunidades de oro que me han dejado explorar rangos fuera de lo común. Como en la película de El viaje de la Nonna de Sebastian Silva, donde hice mi primer personaje “no pobre”. Valentina, una cariñosa nieta, al igual que en la serie de televisión, Locas de amor, con mi personaje de Eva, que también se sale del rango de personajes de estereotipo, allí Francisco Franco, me pone a chambear duro para sacarme de ese personaje y llevarme a algo más ligero y divertido.

Perfume de Violetas (2000) me parece un crudo retrato de la trágica y en ocasiones ignorada realidad de la sociedad mexicana, en la que “las buenas intenciones” son comúnmente castigadas por la deficiente educación moral de sus habitantes. Tenías veinte años cuando actuaste como Yessica, ¿qué tanto había de ella en ti y qué tan difícil fue interpretar este papel, con el que ganaste el Premio Ariel a la mejor actriz?

En realidad Yessica es uno de los personajes más ajenos a mí y a mi mundo, además de la Mara, que interpreté en la serie Capadocia. Son personajes sórdidos, enojados, sobrevivientes, dolídos y con una gran fuerza de sobrevivencia en un mundo completamente marginal. Yo  me inspiré mucho en una amiga que tuve en secundaria, pues yo era la “Miriam” en mi realidad. Tomé muchas cosas de ella y otros pequeños detalles de otras amigas, como la parte donde echo perfume al aire. Yo estaba en una escuela privada, entonces tenía un acento que no le quedaba al personaje, en aquel momento trabaje el acento con una couch de entonación. La parte corporal y de puestas en escena las trabajamos con Clarissa Malehiros, una gran actriz brasileña y Maryse Sistach, la directora. Fue un proyecto y un personaje muy cuidado. Fue mi primer experiencia en el cine como tal. Trabajar en función de la cámara y en función de una historia completamente ajena a mi realidad se me hizo un trabajo muy mío. Muy fácil en el sentido que nunca tuve dudas de nada, yo confié en mi intuición y en la visión de la directora.

¿Qué fue de Nancy Gutiérrez?

Estudió ingeniería en sistemas en la UNAM, sigue actuando en proyectos de Maryse Sistach y Pepe Buil. Volvimos a coincidir en La niña en la piedra y en El brassier de Emma. Ya es una feliz mamá.

“El Pop nos lo da todo”, como diría el #3, artista plástico de Guadalajara. Tú eres una discípula clarificada de la Cultura Pop, el arte abstracto y la geometría espacial, devota además, del cine de Krzysztof Kieślowski y Emir Kusturica. ¿Cuál es tu óptica personal del arte con referente al Pop?

Diversión. Yo nací en los 80, donde el Pop me entró por los ojos, los oídos, en las caricaturas, los chocolates, los calcetines fosforescentes. Era una época muy Naif aún, yo creo que el Pop es Naif, es soñador, es irreal. Mis exposiciones favoritas en la adolescencia fueron los surrealistas, Man Ray, André Breton, Marcel Duchamp con el dadaísmo. Me sorprendían, me provocaban y me cuestionaban las reglas de lo que se supone que es real y no. Entonces, en una muestra de la cineteca vi por primera vez Tiempo de Gitanos, donde descubrí el surrealismo en el cine y me cautivó. La estética, el concepto visual y musical de Kieślowski también me revolucionó la cabeza. En realidad es por eso que amo el cine; yo como público soy una apasionada por ambientes e historias de esa índole. Bueno, qué te puedo decir de Tarantino, uno de nuestros representantes del Arte Pop en el cine. Lo amo y me parece una pieza clave en mis referencias cinematográficas Pop. También soy demasiado fan de las películas de dibujos animados: Hayao Miyazaky, Toy Story, Kung Fu Panda, entre otras.

“Amo las melodías hermosas que me dicen cosas terribles” dice Tom Waits, ya te hemos visto bailar “Monstruo Verde” de Las Ultrasónicas, ¿qué es lo que escucha regularmente Ximena Ayala, qué es lo que pones en tu estudio a solas, con qué música bailas la tristeza?

Con Mozart, Beethoven, Vivaldi, Bach, Sia, Natalia Lafourcade, Jazmín Solar, Los Ángeles Azules y Shakira.

Historias del Desencanto (2005) de Alejandro Valle y Felipe Gómez es una película infravalorada; tendría veintitrés años cuando la vi por primera vez. Ahora que estaba preparando esta entrevista la revisité y me pareció hermosa, verdaderamente poética, experimental y onírica; esa historia en la que los personajes se quedan atrapados en una vigilia gobernada por el desencanto a partir de un accidente automovilístico. Háblame del rodaje, de cómo fue cantar desnuda “Por qué te vas” de Jeanette y de cómo fue actuar con Fabiana Perzabal.

En realidad yo fui invitada a ese proyecto antes que Perfume de violetas, comencé el proceso de ensayos varios años antes con Alejandro Valle, Mario Oliver y Fabiana Perzabal llegó a pocas semanas de rodar.

Fue increíble jugar, volar, cantar, bailar desnuda, sin prejuicios. Completamente natural, pura, sin pensar en el qué dirán ni en el morbo. Amaba la historia, me gustaban mucho las referencias cinematográficas de Alejandro Valle, el mundo de las hadas, de los sueños de Alejandro Jodorowsky, las referencias estéticas de Jean-Pierre Jeunet en las películas, La ciudad de los niños perdidos y Delicatessen. Es una gran propuesta de cine mexicano que se sale de la convención del realismo costumbrista, y como sucede con grandes piezas, a veces son incomprendidas en su época.

¿Qué fue lo que te atrajo de la arquitectura y el urbanismo, quiénes son tus arquitectos predilectos?

Me gusta la capacidad de generar y crear estructuras que provoquen o inspiran calidad de vida y calidad de tránsito. Belleza visual compartida. El urbanismo lo conocí viviendo en Paris, antes nunca fui consciente de la importancia de los trazos de una ciudad y sus espacios y mobiliario público.

Mis arquitectos favoritos del mundo son mexicanos: Barragán, Mathias Goeritz, el que hizo las torres de Satélite y Mario Pani, el encargado de hacer los edificios más bonitos de la UNAM.

¿Qué es lo más satisfactorio de formar parte de un equipo de vestuario?

Varias cosas, uno, que diseñas al personaje según una paleta de color, texturas, funciones y emociones. Es una tarea compleja, pues es la primer piel del personaje, es lo que determina todo lo que no se dice y dice mucho. El estado de ánimo, el estrato económico, un oficio, una actividad determinada.

Me gusta cuidar al actor, como actriz sé qué vestuario es uno de tus primeros aliados, o el departamento que más tiene que cuidarte, que no te ensucies, que no pierdas nada, que mantengas una continuidad, que no se te suba la playera, etc. Tienes que estar pegado al monitor viendo el cuadro por si hay algo que no está correcto y tengas que corregirlo. Amo esa parte de estar pegada al monitor. Lo más cansado y divertido es vestir extras y la ambientación de las prendas. Hacer que parezcan gastadísimas y con hoyitos o que no se arruguen. La obsesión de la perfección y el trabajo en equipo me parecen fascinantes.

Has dicho que Los Insólitos Peces Gato (2013) es “una historia que debió ser contada”, ¿qué tiene esta ficción en particular?

Es una historia que retrata un drama sin abordarse como drama. Una situación familiar compleja con un peso importante en el ritmo del cotidiano. Un cotidiano funcional por sobrevivencia. Refleja un México poco retratado y muy autentico. Tiene identidad, luz, corazón y mucha inteligencia. Es una pieza muy completa. Y todos los personajes son maravillosos.

¿Por qué incursionar en el cine comercial con El Tamaño Sí Importa (2016)?

Porque a mí me gusta salirme de mis espacios de confort. Ya desde hace tiempo estaba buscando un proyecto así, donde se pintara de otros colores el alma de mi personaje. Colores pastel o más brillantes. ¡Más Pop! Y no por decir Pop o comercial significa que mi personaje es superficial. Yo lo abordé exactamente igual como todos los personajes que he creado. Con verdad, indagación, escucha e intuición. Vivi le trae mucha alegría a mi carrera y a mi momento profesional, donde yo misma me sorprendo de jugar y de salirme del cajón de los estereotipos. Es una muy bonita historia de amor, amistad y crecimiento personal.

Háblame de HomoHabilis.

HomoHabilis es mi nuevo compañero de vida, es un equipo que comenzó con mi padre y ahora ya lo conformamos varios más. Es un proyecto de diseño, que busca rescatar técnicas tradicionales de la marroquinería, el trabajo de la piel en bolsos, mochilas y accesorios. Un tipo de nueva artesanía contemporánea que enaltezca lo hecho a mano en México.

Aquí exploto mi parte creativa y directiva en la generación de un concepto, una identidad y una actividad de inspiración en el diseño y producción de algo concreto y tangible.

Es mi oasis, mi parte concreta y desafiante para aprender a caminar caminos desconocidos para mí. Como el Excel o los porcentajes e IVAS en los puntos de venta.

Yo siempre he creído que los seres humanos somos capaces de hacer muchas cosas, somos seres renacentistas, tenemos el potencial creativo para poder generar diferentes proyectos en una vida.

Me inspiran en este proyecto, Leonardo Da Vinci, Albert Einstein, Steve Jobs, La Bauhaus, la estética japonesa, la prehistoria, las tribus africanas y México.