Por Abel Rubén Romero

 

Soneto de las necesidades del cuerpo (con perdón)

 

La caca a medio culo me presiona,

en tráfico de un lunes vespertino,

y busco entre locales y no atino

la taza que redima a mi persona.

 

¿Qué pasa a los cristianos de esta zona?

no muestran solución a mi camino,

yo aprieto, presuroso y peregrino,

las ansias que la tripa no perdona.

 

Calaca tan rebelde y traicionera,

que acudes cuando menos se le espera,

no empeñes lo que resto de decoro,

 

¿no ves que apenas valgo una quimera?

si asomas entre paños tu madera

que encuentre a mi tobillo el inodoro.

 

 

Soneto del nunca becado

 

Para un soneto Novo me contrata,

Violante nunca impuso tal aprieto

y aunque no esté de moda, acepto el reto

si es cosa de contar con mano y pata.

 

Mas, ¿cómo he de lograrlo? si me mata

decir mis frustraciones no en cuarteto

si yo leí no más que aquel panfleto

que chanchan los del metro en la barata.

 

Es lo malo de hacer cual quinceañera

mis versos sin medida ni decoro

con versos que parió la cabecera.

 

Mas, ¿cuál es el problema? si hallo el oro

de una beca estatal, gran lisonjera,

escupiré sonetos como loro.

 

 

Soneto del abandonado y nuevamente (a)cogido

 

Moquear por la mujer que se ha marchado

dejándonos un hueco en la cartera,

moquear porque se fue la muy ramera

con otro cabezón mejor dotado.

 

Moquear porque nos deja lo pasado

con baba que nos moja la remera

y en baba nuestro cíclope cualquiera

se frota muy marchito y enculado.

 

Moquear nuestros porqués en la tertulia,

contar a otra mujer los sinsabores,

perder en la recámara la abulia.

 

Después reconocer que no hay calores

pasados que retocen como Julia.

Sanar a lengüetazos los ardores.