Por Alfredo Padilla

El cine de terror mexicano tuvo una radiante época de oro entre los años 50 y 60, en la que igual convergían luchadores, charros, detectives y gángsters con monstruos, mutantes, alienígenas, hombres lobo, robots y vampiros, mismos que saltaban a la pantalla grande desde tenebrosas y lúgubres mansiones o castillos, emergidos todos de la imaginería y pincel artístico de Gunther Gerszo, pantanos, mazmorras, vecindades, cuadriláteros, naves espaciales y cantinas. Directores como Juan Bustillo Oro, Miguel Zacarías, Chano Urueta, Fernando Méndez, Rafael Baledón, Alfonso Corona Blake y Carlos Enrique Taboada aterraron a un país entero con películas como El jinete sin cabeza (1957), El ataúd del Vampiro (1957), Santo contra las mujeres vampiro (1962) y Hasta el viento tiene miedo (1968), después vino el sigilo, el crepúsculo, y los monstruos tuvieron que enmudecer, consumar su letargo doliente en la oquedad minúscula de la penumbra, relegados, ocultos y temerosos de los rayos del Sol de una industria cinematográfica indiferente.

Víctor Dryere irrumpe desde esos calabozos con una opera prima colmada de propuesta, talento, terror, euforia y supervivencia, renovando así, un género que tras varios intentos fallidos, había permanecido inanimado. Dryere escribe y dirige 1974: La posesión de Altair (2016), la historia de una pareja de recién casados en el México de los años 70, cuyo trágico destino será captado por una cámara de 8mm. Un found-footage que te hará experimentar el terror verdadero, el que advertías cuando niño, ese continuo y despiadado derramar de sangre en el blanco y negro de los televisores antiguos.

Charlé con Víctor Dryere al respecto de su ópera prima, el género del mockumentary, el terror en México, la escritura, los premios y sus películas favoritas, a continuación la entrevista.

1974: La posesión de Altair es un mockumentary, al igual que películas como Abnormal Activity (2010), VHS (2012), The Black Door (2002), The Blair Witch Project (1999), Atrocious (2010) y obviamente Alucardos (2010) de Ulises Guzmán, ¿por qué continuar con esta tradición del subgénero del found-footage?

Con 1974, quise hacer una fusión entre la narrativa del found-footage y la narrativa cinematográfica de ficción en general. Utilizando el nivel de realismo e intimidad que ofrece la narración en primera persona, pero incluyendo herramientas narrativas que nos permiten explorar otros estados de percepción. Por otro lado, no quería contar una historia recreada en los setentas, quería contar una historia como si ésta hubiera sido realmente filmada por una pareja en 1974 en México, y hoy escaneáramos ese material fílmico que se mantuvo guardado por más de cuatro décadas. Para lograr ese tratamiento visual, era fundamental filmar en 8mm y, por ende, cada elemento de la película tenía que ser original de la época. De esta forma, el espectador podría viajar a través del tiempo —alejándose de lo que ve y vive en su cotidianidad—, para adentrarse en una atmósfera íntima y presenciar en primera persona la tensión y terror de lo desconocido. También me era importante contar la historia de manera fragmentada y con cortes abruptos, haciendo alusión a la manera en la que los recuerdos se guardan en la memoria.

El terror es, en su mayor parte, inútiles crueldades cometidas por el miedo, decía Engels, ¿qué es lo que más te atrae de este género?

El horror es una fuerza que siempre me ha llamado, es ahí donde exorcizo y exploro la oscuridad que me habita. Como género cinematográfico, el horror me impresiona por su fuerza impecable para conmocionarnos y ponernos delante de posibilidades que en la cotidianidad evitamos. En 1974 quería explorar esa fuerza, un horror sofisticado y elegante que colocara al espectador frente a sus propios terrores, y qué más terror que el asecho de lo desconocido… por eso durante la película busqué mantener esa tensión, podría desde el principio resolver la incertidumbre creando monstruos, pero era importante no revelar nada hasta el final, porque ningún monstruo que yo cree va a ser mayor a los monstruos y demonios que cada persona trae dentro. Al colocarnos delante de sucesos inesperados, surgen las preguntas vitales que nos hacemos siempre que vivimos alguna experiencia que nos golpea, ¿qué pasó? ¿por qué pasó esto? ¿qué significa esto?… 1974 es una invitación a los espectadores para que vayan e indaguen ese lugar propio, ese fondo oscuro que nos aterroriza, ahí donde se encuentra el tesoro más preciado: lo que somos.

Una pareja de recién casados desaparece en el México de los años 70, su trágico destino será registrado por una cámara de 8mm, ¿de dónde proviene esta historia?

La idea de la película comenzó cuando encontré el proyector súper 8mm de mis abuelos y proyecté los videos de mis padres cuando eran recién casados, dándome cuenta que las imágenes filmadas en ese formato, guardan un rastro de algo más profundo, algo un tanto oscuro que se respira en un momento que parecería ser cotidiano. Entonces imaginé lo que sería encontrar en una casa abandonada una caja de cartuchos donde se revelara una historia de terror vivida en los setentas. Así nace 1974, como una búsqueda por retratar el horror y la angustia que una pareja vive ante el asecho de lo desconocido. Proponiendo una narrativa cinematográfica que está dada por los cortes de la memoria, haciendo visible lo que los personajes viven en un ámbito de percepción más allá de lo que queda registrado en la cámara.

México tuvo alguna vez una industria de cine de terror muy nutrida, después vino una época de ausencia, ¿cuál es el panorama actual de cine de terror en México?

Hay un resurgimiento del género en México… la mejor etapa del horror en el país está por venir. ¿Por qué? La vida desea todo el tiempo. Se desea a sí misma, desea el deseo en sí y desea manifestarse de múltiples formas. Cuando esas formas son claras y más o menos tangibles, se pueden detectar ciertos patrones, después esos patrones pasan a ser clasificados por el ser humano, se les pone un nombre. Cuando esto sucede, se crea un movimiento, una ola. Creo que las películas de genero en México están pasando por esa etapa. La vida quiere manifestarse aquí, en el cine, a través del terror. Y cuando esto sucede, no es de un día para otro… evoluciona lentamente. Yo, en lo personal, quería hacer películas de terror desde que tengo uso de razón, y me costó treinta y tres años lograrlo. Imagino que esa semilla que existía dentro de mí desde que nací, fue plantada (por así decirlo) en muchas otras personas. Y es ahora cuando está dando frutos. Me parece muy interesante ver a muchas personas en México que, aunque muy a su manera, tienen objetivos similares a los míos. Hoy en día hay escritores, directores, productores, distribuidores, festivales, entre otros, que sienten la necesidad de expresarse y/o de hacer negocio a través del terror en México y en América Latina. Estamos pasando por una etapa en la que todo está acomodado para que ese deseo —de la vida y de nosotros— pueda multiplicarse. No es casualidad que haya festivales internacionales que promuevan actualmente el cine de género latinoamericano. Y, desde mi perspectiva, lo mejor está por venir. Podemos ver ahora el inicio de algo, pero no sabemos en qué se va a transformar… y eso, para mí, es lo más interesante.

¿Cómo fue el proceso de escribir 1974: La Posesión de Altair?

En mi caso, mis creaciones vienen de una fuente inagotable que existe dentro de mí. Mis referencias no son otras películas, ni otros guiones, ni el estilo cinematográfico de moda, ni los temas que estén siendo más taquilleros en el momento, mis referencias vienen de mis propias curiosidades, de mis propios temores, de mis propios deseos y de los caminos que me interesa explorar. Normalmente hay algo que resuena en mí con mucha fuerza y ésa es la señal de que aquello debe de ser explorado. En 1974, ese algo fueron las imágenes de 8 mm que vi proyectadas.

Asustar a los demás es algo que disfrutas desde pequeño, cuando en los viajes familiares imaginabas y contabas historias aterradoras, ¿cuáles eran tus películas favoritas del cine de terror mexicano en ese entonces?

Las películas mexicanas de terror que más disfruté de pequeño son:

El Escapulario (1968) – Servando González

Hasta el Viento tiene Miedo (1968) – Carlos Enrique Taboada

Más Negro que la Noche (1975) – Carlos Enrique Taboada

La Tía Alejandra (1979) – Arturo Ripstein

El Extraño Hijo del Sheriff (1982) – Fernando Durán Rojas

Veneno para las Hadas (1984) – Carlos Enrique Taboada

Santa Sangre (1989) – Alejandro Jodorowsky

Con una opera prima lograste el Premio a Mejor Película Latinoamericana en el Festival Internacional de Cine Fantástico SITGES de Catalunya, continuando el éxito en Mar de Plata, Macao, Finlandia y ahora en Brasil y Corea del Sur, ¿cómo se siente todo este éxito después de cinco años, cuando se comenzó a filmar La Posesión de Altair?

Aún no he tenido tiempo de digerir lo que ha sucedido con la película. Inmediatamente después de terminarla, entramos a la etapa de festivales; en la cuál tuvimos que crear los materiales para prensa (press book, tráiler, poster, stills), tener la película lista en su más perfecto estado, buscar financiamiento para asistir a la mayor cantidad de eventos posibles (festivales, funciones especiales), viajar, hacer citas con compradores, agentes y productores, aprender a hablar de mi película en público y, finalmente, exhibirla en salas comerciales del país. ¿Qué se siente? ¡Aún no sé! Cada día hay nuevas aventuras, obstáculos y posibilidades. Ahora que termine su recorrido en la cartelera del país, me daré tiempo de analizar todo. En unos meses te podré dar una respuesta concreta.

Si lo escribes, te da menos temor, has dicho; ¿qué estás escribiendo ahora?

Ahora estoy en los últimos ajustes del guión de mi próxima película, titulada La Muerte de Lucy. Es una historia de terror acerca del lado oscuro de las mujeres. Estoy muy emocionado con este próximo proyecto. Tanto en forma, como en fondo, será algo impactante.

¿A qué crees que se deba el que México sea el país número uno en consumir horror?

Somos una cultura que tiene una relación muy cercana con la muerte. La tenemos muy presente en el día a día, además de adorarla y crear religiones alrededor de ella. Desgraciadamente, nos hemos acostumbrado al sufrimiento y a la violencia. Ver películas de terror es una vía para explorar el horror del mundo en el que vivimos. Incluso te permite entrar a las profundidades de tu propio ser, analizar tus propios demonios y exorcizarlos, todo en la seguridad de las salas de cine.

Levantaste este proyecto con dinero propio, ¿cuáles fueron los problemas más grandes a los que te enfrentaste durante la producción?

Filmar en 8mm implicó muchos retos, las cámaras son extremadamente ruidosas, el grano es muy pesado —haciendo casi imposible la integración de efectos visuales sobre el material granulado—, los cartuchos tienen una duración efectiva de aproximadamente dos minutos, y en ese entonces las cámaras de 8mm no tenían salida para ver la imagen en un monitor, sumando que el tiempo y presupuesto eran muy cortos para filmar, mandar a revelar el material y utilizarlo como guía para ver el resultado de las tomas; todo esto aunado a que tampoco sabíamos cómo se vería el grano en la escala de una pantalla de cine. Fui con el fotógrafo a un lugar especializado en Los Ángeles, Pro 8mm, compramos la cámara que hacía menos ruido y la modificamos para cambiar la relación de aspecto de 4:3 a 16:9 para lograr el formato rectangular de las pantallas. Cuando llegamos al set nos dimos cuenta que el ruido de la cámara era mucho peor de lo que creíamos, interfería excesivamente con el boom y el lavalier; corrimos las primeras pruebas de sonido directo por un programa de edición de audio y vimos que sería imposible eliminar del todo el ruido que generaba la cámara, pero decidí seguir con el rodaje. Como no tenía video assist —y sólo teníamos presupuesto para hacer tres tiros por toma—, usamos una cámara digital para definir el encuadre, el movimiento de cámara y la coreografía de los actores; una vez que todos los elementos estaban en su lugar, filmábamos con la cámara de 8mm. Mi atención estaba en la sensación que me daban de los actores, todos en el set teníamos claro hacia dónde íbamos y confiaba plenamente en el fotógrafo, pero al no tener monitor… no sabía si realmente lo que yo estaba viendo y lo que habíamos ensayado se iba a ver igual en pantalla. Terminando el rodaje fuimos a Los Ángeles a revelar el material, y ahí me di cuenta que las distintas ASAS que habíamos utilizado daban una calidad de grano muy distinta entre cada toma, gran parte de la película tenía una aberración y se dibujaba una viñeta negra alrededor de algunas tomas. También me di cuenta que el lente, la distancia focal y la cantidad de luz que la cámara de 8mm capta, es completamente diferente a la cámara digital con la que habíamos hecho los ensayos; por lo tanto, me encontré con una película diferente a la que creí haber filmado. Esto me llevó a realizar tres re-shoots exhaustivos, hasta que tuve en mis manos la película que visualmente había buscado desde un inicio. Con respecto al sonido directo, muy pocas tomas funcionaron… la cámara emitía diferentes ruidos que por momentos se agudizaban y que además variaban dependiendo de la distancia con los actores, por lo cual nos vimos obligados a hacer ADR del 70% de la película. Fueron 3 años de post producción para llegar a ver lo que es 1974… un material fílmico que quizá sí sucedió en los setentas.

¿Cuál sería la recomendación para ir a ver 1974: La Posesión de Altair?

1974: La Posesión de Altair es una película inteligente para un público que piensa. Es terror 100% mexicano, hecho por jóvenes mexicanos y trae consigo los premios más importantes del género para Latinoamérica.