Por Oscar M. Mora

Olvidemos por un momento que han pasado más de 10 años de la llamada “Guerra contra el narcotráfico” encabezada por el ex presidente Felipe Calderón. Que del tema se han hecho un buen número de libros, documentales, cintas de ficción, series, novelas, corridos, antologías de cuento y hasta cortos de animación.

Olvidemos “El Infierno”, “Heli”, “Narcocultura” y “Tierra de Cárteles”, los últimos dos, con una exposición del conflicto del narco en México clara, nítida, documentada y en cierto punto desmoralizante. “Nada puede ir peor” piensa uno al ver a los forenses de Ciudad Juárez morir uno a uno, o al comprender que las autodefensas de Michoacán, se convirtieron en otro grupo delincuencial del mapa.

En lugar de eso, concentrémonos en lo que Everardo González muestra en pantalla: rostros enmascarados hablando. De lo que no es glamuroso del narco, de los testimonios de primera mano, de cuando levantan a tu madre, buscas a tus hermanos, encuentras a tus hijos enterrados, de cuando disparaste tu primera arma, de tu primera tortura, de la última vez que mataste a un niño, de cuando no pudiste salvar una vida, de cuando comprendiste que no había vuelta atrás. Esto es lo que el director de “Cuates de Australia” y “El Paso” (éste último, antecedente directo que muestra las consecuencias de las agresiones a dos periodistas por parte del crimen organizado en complicidad con las autoridades y la impunidad) cuenta en su último y desgarrador documental titulado “La Libertad del Diablo”.

Quienes han visto otros documentales de este director sabrán que sus temáticas están en el borde. Sus temas van del exilio, el desolador desierto moral de los mexicanos y las consecuencias del egoísmo, la corrupción y la barbarie. Y es que en “La Libertad del Diablo” esta última alcanza niveles nunca antes vistos en pantalla: la voz, sin adornos de montaje, sin protagonismos, banda sonora grandilocuente, sin humor negro y con una sola premisa. La que nos muestra que después de la violencia, ya nada puede ser igual.

Foto: Internet

“La Libertad del Diablo” muestra más de una hora de testimonios e imágenes sórdidas en las que la violencia, la angustia, el miedo y el remordimiento se mezclan entre víctimas y victimarios.

En el documental encontramos la voz de sicarios, desertores del ejército mexicano, policías federales convertidos en vigilantes, madres sin hijos, hermanos sin hermanos, violados, violentados y violentadores. Toda la avalancha emocional va directo al espectador. Porque ya no hay montaje de ficción, ni planos secuencia, violencia gráfica, sangre en la pantalla o héroes. En este trabajo Everardo González nos muestra las consecuencias directas de la violencia y su implantación en la psicología moral.

Un punto fundamental de este documental es su presentación al público: directa y sin adornos. Y es que contar historias en las que la violencia es el eje conductor no debe ser fácil. Para nadie. Ni director, público o protagonistas pueden salir sin encontrar un nudo. Para llegar a esto, Everardo González despoja a la violencia de todo adorno. Por eso vemos rostros enmascarados, ojos lagrimeando y máscaras que se mojan, bocas que titubean y escuchamos voces que se quiebran, silencios que delatan traumas, miedos, angustias y remordimientos.

Foto: Internet

“La Libertad del Diablo” no es un documental fácil. Va directo a lo emocional y se instala como una voz de la conciencia. ¿Qué estamos haciendo para no ser una de las voces que se rompen, uno de los ejecutores que comprende que no hay retorno, una de las víctimas más de una década con más de 60 mil muertos y miles de desaparecidos sin contar? Y surge la otra duda, pues ¿cuántos enmascarados no nos rodean sin saberlo? El policía que patrulla el barrio o el soldado que custodia la carretera. Cualquiera puede ser víctima o victimario. Cualquiera de nosotros podría dar un testimonio de la violencia: porque a alguien que conoce a alguien le pasó, por segunda voz o hasta de manera directa.

El documental de Everardo González nos enseña una lección importante. Para quien esté buscando historias “impactantes”, cine de conmoción visual, filmes que solo rebuscan entre los típicos escenarios, actores y acciones. “La Libertad del Diablo” no cumplirá estas expectativas. Sin embargo su fuerza reside en los últimos minutos en los que dos disyuntivas se nos ofrecen ante la apabullante fuerza de la violencia. Una: la realidad, pura y directa con sus consecuencias y sus lecciones. O dos: lo romántico y hasta cinematográfico que puede ser el idealismo de la venganza y lo heroico. A este último no pertenece este documental, porque aquí sus protagonistas son humanos, más que personajes de una película.

“La Libertad del Diablo”  debería verse a sabiendas de que no hay violencia que valga más que la vida, y que esta guerra y cinta de horror que muchos viven a diario, ya dejó de ser una ficción y se ha convertido en la realidad de todo un pueblo.


“La Libertad del Diablo” de Everardo González se exhibe en Ambulante Gira de Documentales 2017.

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