Por Jesús Bartolo Bello

Comencé a leer el libro Dos versiones del libro que no escribí (Abismos Casa Editorial), de José Agustín Solórzano, y de entrada me encontré con una formula ya ensayada por muchos: los textos de otro que por causas fortuitas e inexplicables llegan a uno, en esta ocasión comprados en una borrachera a ese otro desaforado seudopoeta que se empeña en suicidarse de alguna forma y que tal vez quisiéramos ser nosotros.

Hasta ahí una como aversión hacia el texto hizo su nido en mí. Una negación de pasar a la siguiente página le puso freno a mi entusiasmo, confieso que siempre que me llega un libro del poeta en digital o en papel es para mí un gozo. Pero dejemos la zalamería a un lado y volvamos al punto en cuestión: para fórmulas los químicos y los matemáticos, me dije, tal vez este texto fue escrito para ganar un premio, especulé, mil chingaderas pasaron por mi cabeza hasta que me decidí a meterle diente a los poemas; entonces, como a una planta marchita (el cliché nunca debe de faltar en una como reseña) a la que le echan agua, me levanté de mi encorvada negatividad: “he visto a las voces más brillantes de mi generación/ sucumbir ante el negocio de lo cursi”, así, sin darme tiempo al respiro ¡pum! Primer chingadazo a la quijada, el José Agustín Solórzano de Versos mosca y poetas (su primer libro) vino a mí como un vaso de chela fría al mediodía: mordaz, lúdico, sarcástico, crítico, de un humor negro, bien negro, dando de palos al establishment de lo que ahora domina como poscultura, y a esas tendencias que son moda y a la vez modos de tener posfama, posbecas, pospremios, posescribiendo sepa su chingada madre qué.

Vaya, sí que ha madurado el poeta, se ve que al menos ha leído más que yo, sólo espero que no siga apostando cuando esté borracho, porque siempre pierde, esbocé en mis adentros. Entonces di rienda suelta a mi voracidad lectora. ¡Caramba!, qué forma de burlarse de sí mismo y de los otros, qué manera de poner la cara para recibir el chingadazo y la sonrisa:

 

la alegría de mis bolsos vacíos es suficiente

para asesinar a todos los pájaros del mundo

basta mi alegría necia

para enfurecer a cualquier sonriente de profesión

 

En estos poemas no hay seriedad, sólo poemas en serio. Que qué dije: nada. El poema es el poema y dactila o dilata al lector. Yo me he divertido, carcajeado hasta avinagrarme y desavinagrarme, y me han dado ganas de beber nuevamente; a mí, borracho redimido y estúpido, al leer:

 

beber

para aplacar

el cardumen de estrellas

que flotan muertas

en mis ojos ahogados

 

Escribir es vocación de siempre querer se otro: Jack Bauer o Hannibal Lecter, pero siempre nos conformamos con ser lo que somos o de perdida Juan del Diablo, nuestro héroe novelero, como dice José Agustín en uno de los primeros poemas del libro. Aspiramos a ser mejores, a competir, a no quedarnos en la mediocridad, “Eso pasa cuando uno se hace hondo, cuando se deja de escribir para afuera y se empieza a hacer garabatos, uno, para adentro”. Lúcido y lucido el poeta. Una confesión de parte y una disección, éste es el poeta, asomándose en sí mismo y desdoblándose en el otro y en los otros: yo reflejo en este poema: el radiografiado en este poema, aquellos fotocopiados en este poema, muchos en la letra de este poema.

 

exhibo mis ruinas

mi deshilachada tristeza

en esta plaza pública

llena de alas que bajan a beber piedra

           aquí

donde todos, veo, mastican 

con hambre sus horas

 

A mí me hubiese gustado escribir este poemario, ser el borracho al que el compilador robó estos poemas: porque uno quiere escribir los textos que le gusta leer y este libro me ha gustado de pe a pa. Bueno, también sería mentirles: me ha gustado a secas con retoños: sus influencias Shakirianas, Treviseñas, Arjonianas y los influjos y reflujos de las canciones populares que pululan a lo largo y ancho de este poemario, hablan del acervo musical pop de José Agustín Solórzano.

Lo entrevisto ahora, o imagino que lo hago, y me responde desde el libro que tengo en mis manos.

*Dígame poeta, ¿por qué escribe?

JAS: Escribo solo, para divertirme, eso hago. Me pagan, como ahora, por escribir, y sólo me divierto, solo me divierto. Deberías escribir más en serio, dicen unos, y no, para qué,

les contesto. La literatura es risa profunda, abrir la boca como quien se come el mundo, llorar mientras se burla uno de uno, lamerse el culo profundamente, buscarse uno el agujero, la parte nuestra donde habita la ausencia y así, morderla, atraparla con los dientes, y dejarla en nuestro cuerpo: adolorida, masticada.

*¿Alguna confesión?

JAS: No hay nada peor que una ausencia paralítica.

*¿Cuál sería un ejemplo de sublimación?

JAS: Así, por ejemplo, uno a veces “se rasca la cola” como diría mi mamá, y otras se pica la nariz con entusiasmo infantil, es decir: realmente sincero.

*Un recuerdo del que no se acuerde pero que intuye que así fue, qué nos diría:

JAS: Así abrimos las noches, cada vez, una botella de Oporto, o de charanda, lo que

alcance, como quien espera que el tiempo embriague y la vida sea como una noche de copas: donde bebimos, cagamos, cogimos, y claro, nos echamos a dormir con el ronquido hiriéndonos la sangre.

*Muchas gracias por esta mini entrevista, ¿desea agregar algo más?

JAS: no creo en los amores cósmicos

soy agreste      terrenal

 

jamás oirás de mí:

te quiero de aquí a la estrella más profunda

y de vuelta

 

si acaso:

te quiero de aquí al Oxxo

y de regreso

 

el amor

siendo honestos

vive de la sangre

de amamantarse de la teta hinchada

de nuestros temores más húmedos

 

Amar o no amar es lo de menos, los poetas alguna vez tienen una musa preferida, B es la musa de este poeta moreliano con raíces guanajuatenses.

Y hay musas etílicas y trasnochadas, esta primera parte del poemario, llamada Antología de papeles rotos, me ha roto en mil pedazos como botella arrojada a la pared a las tres de la mañana, botella que nadie escucha porque es día feriado. Me ha desmadrado pues, porque para Agustín los poetas no manejan, ni tienen cédula, ni cartilla y pierden la credencial de elector, mientras que yo: manejo, tengo cédula profesional, más de dos identificaciones, número de seguridad social, bailo: no soy poeta, pero si un escribidor desmañanado y trasnochado, haciendo alucine por este libro: cotorro, impropio para la huestes de academia y la cofradías dominantes: mentada de madre para la buenas costumbres.

Por otro lado, la segunda parte: El lado alcohólico del corazón (crónica de un conquistador de cantina) es un manual anti romántico, poscursi, de una lujuria lúdica, de un cachondeo hilárico y verbal, una verba que divierte y posenamora: es un poema que desvencija la verija, de cabo a rabo, no habrá poema que no le desternille el humor, que no lo haga esbozar una gran carcajada y acomodar las nalgas para estar como para rato, porque estos poemas se leen de un solo jalón, en una cagada hasta que le quite el último olor a la mierda. No le recomiendo tomar mientras lee, porque entonces puede suceder que le dé por aplicar las técnicas ilustradas en estos poemas:

Luego de esta primera cerveza comenzaré a pensar que tu cuerpo es un pozo, un abismo o cualquier cosa parecida a un agujero; me verás, a la segunda chela, colocándome el envase ámbar sobre cualquiera de mis ojos y tratando de explorar tu cuerpo, como si fuera un universo.  

Sencillamente léalo, aprópieselo, deje a un lado el enfado por la vida, diviértase, espárzase, saque al romántico de closet que siempre ha llevado dentro y deje la cara dura para tiempos  mejores, pontifique con sus amigos la teoría del foco, seduzca a la chacha con estas palabras:

Recordarás aquel texto de Cortázar; iba algo así como: lo que me gusta de tu cuerpo es la boca, lo que me gusta de tu boca es la lengua, lo que me gusta de tu lengua es la palabra, y lo que me gusta de la palabra es el sexo. ¿Qué?, ¿no iba así?, bueno pero era algo como eso y hablaba del sexo de las palabras…

Llame a los vecinos, por supuesto varones, no, mejor a hombres y mujeres, porque sino nos acusarán de machistas, y estos poemas no son machistas, son parchistas, no le saque al parche, renuévese, estos son los poemas más serios y filosóficos de José Agustín Solórzano, de experiencia y vida:

Mi madre se ríe de mí de esa misma manera cuando le digo que algún día dejaré de beber y formaré una familia. Sé que no es cierto; pero me gusta ver reír a mi madre como si le crecieran pájaros de la lengua…

Aquí se mira cómo a lo largo de los años la voz del poeta se ha pulido como las piedras de río, a punta de agua: aquí hay un pitorreo fino rayando en la cordura desmesurada, casi vesania: locura a piel de flor, al revés volteado: a flor de piel:

No estaba seguro de decírtelo, pero ahora que sacas a flote el tema debo confesarlo: soy virgen. No me mires con esa cara, es cierto. Ahora sí que como diría el Arjona: tuve sexo mil veces, pero nunca hice el amor. Veo que nada te lo tomas en serio. ¿Que no te gusta Arjona? Eres como todas esas chicas intelectuales que han querido convencerme de no beber caguama en la banqueta y de no dibujar penes en la cara de los amigos cuando se quedan dormidos. La vida, como diría el maestro Ricardo: La vida no es vida si no la usas en vivirla.

Vivir es la premisa, vivir los poemas la demanda, mía (de quién más si soy el reseñador), de este escribidor que está aquí para convidar rebanadas de versos como si fuera un pastel de quince años. Ande, jambe sin miramientos, de una cosa estoy seguro: hombre, mujer, quimera, chichifo, marica, saltapatrás, tortillera, furcia, taxista miope, barbi, macho men, poetas y puetas, pospoetas, pospospoetas, vacas sagradas y sangradas, y todos los que quepan en esta lista y que no voy a escribir, entren entre tapa y solapa a este mar enfurecido que es la poesía: “Ver a tu pareja hacer chis es como el amor, así”.

Y como la poesía plurivalente y significativa. Cómprelo, cómprelo y pare de sufrir.

***

Para que no te quedes con ganas, acá te agregamos dos poemas del primer capítulo Antología de papeles rotos.

 

he visto a las voces más brillantes de mi generación

sucumbir ante el negocio de lo cursi

he visto a la melosidad cantar en los bares, vestida de trova

y al resentimiento leer poemas en las facultades

he visto ráfagas de amor convertirse en negros libros

de desesperanza

he visto a esos hijos de puta matar a Kenny

una y mil veces

he visto una botarga bailando, emocionada

luego de leer a Walt Whitman

he visto el nombre de Dios enloquecido

cabalgando las nalgas de las prostitutas

he visto a las mejores mentes de mi generación con corbata

he visto a las mejores corbatas de mi generación con hambre

he leído Howl de Ginsberg y me ha parecido inmoral

aburrido y demasiado hebreo para mi gusto

he visto a las mentes más brillantes de mi generación

ser sustituidas por focos ahorradores de 12 watts

he visto emoticones y postpoesía y experimentos inútiles

tratar de revivir la belleza con electroshocks

he visto crecer la yerba de todos modos

y al sol salir sin haber pagado la factura de la luz eléctrica

veo las pantallas, mis dedos molidos sobre el smart phone

he visto sucumbir a mi mente, brillante

frente a la inteligencia, vital, de un asesino

miro la calle, las aceras, miro el viento invisible

del desasosiego, atravesar los pulmones heridos

de la madrugada

¿qué he visto? ¿qué miro con los binoculares de poeta?

que me hacen parecer antiguo, estúpido, anormal

no lo sé. Me he visto conservar la calma frente a un genocidio

y encender un cigarro, beberme un trago de rencor

frente a mis más queridos y embriagados amigos

nos he visto atravesar el umbral del hedor y rancios

caminar en zigzag entre la ciudad que rumia mis poemas

¿qué he visto? ¿qué veo? si mi iluminada idiotez

no me deja ver más allá de mí mismo

y canto y he visto cantar mejor a Whitman

que a cualquier banda de rock actual

no confío en las multitudes, ni en los solitarios

soy un perro solo que se acerca a beber de los charcos

no confío en los hombres por animales

y me acerco a los animales por humanos

he visto la marca de Caín en las mejores farras

y la huella dactilar de Abel en los crímenes perfectos

¿qué he visto? ¿qué miro con este telescopio atómico?

los electrones bailan el vals de la incertidumbre

un dos tres un dos tres: veo que el mundo es un ritmo

y que el ritmo es un tajante discernimiento

¿ser o no ser? ¿será ésa la cuestión?

Kenny no era Hamlet pero se lo hubieran preguntado

antes de matarlo una y mil veces

hijos de puta.

 

autorretrato del poeta

quizá usted se asustaría de ver

lo terriblemente alegre que es mi vida

de no sólo encontrarse conmigo por la calle

y abordarme preguntando que qué tal me va

y que qué gusto saludarme

a mí         al poeta que en dos o tres ocasiones

ha encontrado en lecturas o presentaciones públicas

 

quizás usted no se acercaría de verme

revolviendo papeles en el escritorio

latas en la despensa

entrañas con la punta de mis dedos

 

quizás entonces usted se alejaría

fingiría no verme

se cruzaría de acera

y silbaría para alegrar en lo posible

tan mal momento

 

pero no es necesario    debo decirle

no me daría cuenta de su andar apresurado

 

yo ando casi siempre con la cara gacha

buscando no pisar mi sombra

para no ensuciar un poco más mi sucia alma

 

podría decirle

que no será necesario que se cruce de acera

que silbe para convocar a la alegría

 

la alegría de mis bolsos vacíos es suficiente

para asesinar a todos los pájaros del mundo

basta mi alegría necia

para enfurecer a cualquier sonriente de profesión

 

no se equivoque

si se cruza conmigo quizá

notará mis zapatos sucios

las arrugas de mi camisa

el aliento festivo que molesta a los viandantes

 

pero será difícil que note

se lo digo en serio

que mi alegría lleva días sin tomar la ducha

meses sin aparecer por la peluquería

 

quizás usted se entristecería de ver

lo alegremente terrible que es mi vida.