Por Alfredo Padilla

Mis palabras son valientes. Debo decir la verdad.

Ronnie Medellin

Aunque me espine la mano.

Jorge Negrete

 

“Una calle de provincia. Noche”.

Libros como Los Días con Mona (FETA, 2011) y La Conquista del Monte de Venus (Abismos, 2017) de Joserra Ortiz, Mecánica de la Materia (Ponciano Arriaga, 2015) de Oliver Guevara, Peces Muertos (Feta, 2014) de Jesús Navarrete, Mi Corazón es la Piedra donde Afilas tu Cuchillo (ERA, 2014) de Luis Carlos Fuentes, El Fuego Camina Conmigo (Nitro Press, 2014) de Gerardo Cruz-Grunerth, Asesinos Accidentes (Pictographia, 2013) y Dieciséis Toneladas (FETA, 2017) de Ronnie Medellín, Souvenir (Debajo del Agua, 2012) de Señor Violencia y Perros Contradictorios Devoran mi Cadáver (FOEM, 2015) de Tristana Landeros, son publicaciones que contradicen a la literatura autóctona de miel y golosina, a esa gramática que resulta “más dulce que los besos de la novia”.

Libros que se abren paso en un círculo emperifollado y displicente, que rompen con el San Luis Potosí que montaron alguna vez los trovadores y poetas de oficio. De ahí se desbandan, le dan la vuelta a los talleres literarios de Olimpia Badillo, Ana Neumann, Karlos Acosta y del difunto David Ojeda, el Colón “descubridor de la América retórica”.

La Avanzada Potosina no es un tipo de literatura que se pueda engullir con queso de tuna, son letras que se digieren con mezcal Laguna Seca, grafías escritas con “gramos de tristeza”, como garrapatea Oliver Guevara en Escorbuto, un lenguaje en el que “arrojamos a la fosa el excedente de nosotros / para que no nos sobrepase la demanda”, una literatura en que se oferta de noche al estado, al país, y se descuenta a los muertos que no aparecen aún, aquellos con boca de trapo, dispersos en la calle, con canes pardos, disputándose saldos dentro de las hieleras; parafraseando aquella Mecánica de la Materia de Guevara, el reportero potosino de la nota roja.

Punks, homicidas, trans, cholos, psychos, pixies y marytrolis convergen en una fauna urbana hiperrealista en la región centronorte del país, al norte con Monterrey, al sur con Guanajuato y al oeste con Zacatecas. Un movimiento que mama de otras tunas y nopaleras, de diferentes libros, como San Automóvil (1938) y El Coronel que Asesinó a un Palomo (1952) de Jorge Ferretis, de Elegía de un gran Poeta Equívoco (1947) y Dios Existe. Poematrices (1948) del poeta maldito Juan de Alba, considerado por el canon potosino como de “segunda línea”, sólo porque fue un contemporáneo de Gorostiza, Pellicer, Paz y Chumacero; un marginal entre los marginales, alguien que no ha sido leído lo suficiente, justo como la Avanzada Potosina… pero todo aquel que se jacte de ser lector debería de hacerlo ya, que al nopal sólo lo van a ver cuando tiene tunas y justo ahora estamos en temporada.

La Avanzada Potosina podría tener en su manifiesto un punto como el siguiente: Alterar las estructuras de la literatura regional, abordar temas tabú y desordenar todos los parámetros creativos. Pero no lo tiene, no es necesario, en el anti-manifiesto de la Avanzada Potosina sólo caben dos palabras: partir madres.