Por Manuel Noctis

Fotos: Carlos Prieto y Javier Gómez

Para Alfredo “Libre” Gutiérrez, Arquitecto y artista visual tijuanense, la migración es cultura, es un intercambio, es conocimiento, y en ese sentido un migrante fortalece y comparte de su cultura con otros, por lo tanto representa una mera cuestión de aprendizaje, situación que en su natal Tijuana se presenta como un vivo ejemplo, por la gran cantidad de personas que hay procedentes de todo el país y hasta personas de todos los países del mundo, fluyendo en un mismo espacio y compartiendo unos con otros, construyendo esa identidad multicultural que se percibe en la frontera norte del país.

Este asunto le hace pensar y consolidar la idea de que el mundo se ha hecho a base de la migración, desde el hombre primitivo, quien buscaba otros espacios por seguridad, por el clima, por protección y mil cosas que eran para su beneficio. Como ahora lo hacen los migrantes “contemporáneos”, quienes migran por un mejor futuro, porque la mafia asola en sus regiones o países, porque es demasiada la corrupción, entre otras cosas, es decir que la gente “migra por necesidad y es muy poca la que migra por puro gusto”, y eso es algo que cree se tiene que valorar y respetar, por ende se tiene que apoyar.

Una visión de apoyo que concretó con su proyecto de “El Transportapueblos”, una escultura de gran tamaño representada por un coyote, símbolo característico de la migración, que nació de un personaje que creó hace más de 10 años, el cual ha pintado constantemente en sus murales en varias ciudades del mundo, representado con ciertos animales como los propios coyotes y venados, además de personas a los que les coloca estructuras citadinas en la espalda.

Ruta migrante

Esa percepción de que “El Transportapueblos” es un personaje que representa la idea del migrante, por aquello del pasar de un lugar a otro cargando en la espalda la cultura, las tradiciones y las raíces, llevó a Jenaro de Rosenzweig, integrante de la asociación Street Art Chilango, encargado de difundir este tipo de creación en la Ciudad de México, a proponerle la idea de configurar el personaje pero en una escultura, idea que Alfredo también venía pensando desde el 2016, pero que por diversas circunstancias ambos lo dejaron a la desidia un tiempo.

Un año después se pudo concretar la idea, debido a que Alfredo estuvo participando como voluntario en una casa hogar de migrantes en la Ciudad de México, en donde realizo talleres de pintura, y fue gracias las constantes conversaciones que sostuvo con estas personas procedentes del sur del país y de países centroamericanos, quienes en sus testimonios le compartieron que una de las dificultades más grandes a las que se enfrentan en su camino es que no saben cómo llegar a los destinos a donde piensan llegar o no saben dónde están parados, lo cual los hace todavía más vulnerables ante las autoridades policiacas, migratorias y, sobre todo, ante el crimen organizado.

De todos estos testimonios que escucho atento, surgió entonces la idea de hacer la escultura en la que compartiera un mapa con toda la información completa de rutas, directorios de albergues en todo el país y los números telefónicos de emergencia a donde pudieran comunicarse en caso de que requirieran de alguna ayuda. Elementos que reforzaron la idea inicial y que complementaron para hacer que este proyecto sirviera precisamente de algo a todos esos migrantes que diariamente arriesgan sus vidas queriendo encontrar mejores condiciones de vida.

Este proyecto en concreto se trata de una pieza de arte con un mensaje para ayudar a los migrantes, y para ello se dio a la tarea de hacer una profunda investigación para conocer y trazar las diferentes rutas desde distintos puntos de la república que conectaran hasta la frontera norte del país, situación que le llevó a encontrar nueve nueve puntos importantes por donde fluye la migración que viene principalmente del sur y de Centroamérica. La primera de ellas en la estación de Lechería, en el Estado de México, justamente por donde llegan los migrantes que viajan a en las espaldas del tren conocido como “La Bestia”.

Inseguridad, secuestro y robos a la orden del día

Lechería es una estación del tren que se ubica en el municipio de Tultitlán, en el Estado de México, en donde existía un albergue conocido como Casa Del Migrante San Juan Diego, el cual proporcionaba a los migrantes apoyo, comida y un lugar para dormir, pero que tuvo que cerrar en julio de 2012 a consecuencia de las numerosas quejas de vecinos por la inseguridad que se vive en el lugar.

En este sitio, Alfredo decidió instalar la primera de sus esculturas, una zona peligrosa y de alto riesgo que la que diversas organizaciones pro defensa de los derechos humanos han identificado como uno de los puntos en donde los secuestros, los robos y las extorsiones están a la orden del día, pero que escogió precisamente por ser un punto ciego y estratégico para la migración que ahí termina parte de su viaje. Además que es un lugar casi abandonado que con esta pieza recibe a quienes van llegando, porque está justamente donde se bajan, llegan y lo primero que ahora ven es la escultura, lo cual les está provocando una sensación “bien interesante”.

“Libre” Gutiérrez cree que aunque la zona está densa, también hay quien quiere ayudar a los migrantes, ya sea con comida, agua, cobija, medicamento, calzado, y la idea de instalar esta escultura en ese sitio también va en el sentido de darles la mano, que los migrantes vean que hay gente a la que le importan, es decir, una escultura con la idea de “no nos conocemos pero nos ayudamos, nos importamos y nos echamos la mano, o como ser humano te doy un abrazo y te extiendo la mano de la forma que pueda”. Puesto que no todo es violencia en el país y se trata de contrarrestar estas experiencias, ya que siempre se quejan de la mafia, de la policía, de migración y demás, por eso con esto el artista considera que se trata de “al menos contrarrestar ese sentimiento peyorativo que tienen de la experiencia en el cruce”.

Homenaje a la estructura de emergencia

Alfredo “Libre” Gutiérrez, quien fue considerado como uno de los “mexicanos más creativos en el mundo” por la revista Forbes México, realizó está escultura a base de madera reciclada, en primera porque la hizo con sus recursos y segundo porque se la compró a un señor de la localidad en un precio más económico, por lo tanto tiene esa alegoría a las casas que se hacen en las periferias de las ciudades, como en Tijuana, específicamente en Lomas Taurinas, colonia emblemática por haber sido el epicentro del asesinato del entonces candidato a la presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio, quienes a partir de la necesidad construyen sus casas con puertas de garaje, puertas de casas desechadas por habitantes de Estados Unidos, tarimas y demás. Una construcción que hace un homenaje a la estructura de emergencia que se hace por la necesidad de protegerse.

Para su construcción comenzó el solo haciendo la cabeza del coyote, posteriormente el cuello, las patas y el cuerpo, pero al momento de ensamblarla contrató a dos de sus amigos artistas de la CDMX quienes le ayudaron con ello y algunos detalles como el hecho de balancearla, hacerle la espalda y la cola. Un equipo de trabajo que requirió de nueve personas más para poder finalmente instalarla en el lugar que ahora que se encuentra, situación que con la presencia de algunos medios de comunicación permitió que fuera más rápido y tranquilo el trabajo, considerando que es un sitio de alto riesgo.

México, un país agresivo con los migrantes del sur

Después de toda su experiencia trabajando con migrantes en la CDMX y su natal Tijuana, Alfredo está convencido de que México es un país muy agresivo y muy grosero a nivel de autoridad con “los hermanos del sur”, situación completamente errónea porque considera que deberíamos de hacer todo lo contrario, precisamente ahora que se está dando esta situación con Estados Unidos en la que las políticas migratorias y económicas de Donald Trump han venido a desestabilizar a nuestra sociedad y mercado. Creé que es un buen momento para ver hacia nosotros y nuestra producción nacional, así como la producción que se está dando al sur “con nuestros vecinos” y así comenzar a consumir de lo que se está dando a nivel Latinoamérica, para de una vez por todas “dejar de depender y dejar de ser el hermano menor de un país que francamente se está viendo que no quiere nada que ver con lo que se está haciendo y dando en México”.

Debido a esta circunstancia cree que era totalmente lógico hacer y llevar a cabo este proyecto, porque “hay una necesidad de la gente de ser querido y ser abrazado, es parte de la naturaleza humana y tenemos que compartir, porque ahora todo mundo es tan egoísta y esto es parte de la necesidad también de dar, y en ese sentido así se ha caracterizado mi trabajo”. Ejemplo de ello es que durante varios años de su trayectoria “Libre” Gutiérrez los ha dedicado como voluntario en lugares como el Reclusorio Oriente en la CDMX, en dar clases a niños en situación de calle o con migrantes deportados, a dar talleres en las colonias más marginadas o colaborando con asociaciones civiles preocupadas por impulsar un cambio no solamente social, sino de visión y humanismo, y todo esto lo hace porque es evidente que en el país hay una problemática y tenemos que tratar de ayudar.

“No se vale criticar sin aportar, yo critico mi gobierno, las políticas públicas, las educativas, pero no me quedo en mi casa con los brazos cruzados, si hay un problema pues hay que tratar de ayudar para resolverlo, no se trata nada más de quejarnos, si queremos una solución hay que tomar acción, por ello creo que en un país tan rico como México, que tiene gente increíble desde pintores, escritores, escultores, si cada uno de ellos donara un día del año para una causa, este país sería otra cosa, por ello creo que sí hace falta esa mentalidad de filantropía, de hacer un voluntariado con sus vecinos, en su colonia, con su cárcel local, los albergues, orfanatorios, asilos de ancianos y por supuesto los migrantes”, dice convencido.