Por Nothingman

San Juditas nunca le había hecho caso, así que a la mierda el mundo, ella no estaba para andarle pidiendo limosnas a un tipo que en la cabeza traía una llamita que parecía más una caca menstruada que el espíritu santo. Si no fuera por sus creencias religiosas estaba segura que ya andaría en el debraye, con la raza, con los compas en Xicali o en Compton, su puto sueño guajiro; pero una morrita como ella no estaba para esos trotes, bien le decía su abuelo, para vagar cualquier pendejo, para pensar nomás unos cuantos, pero el pinche viejillo ese no tomaba en cuenta que a la raza lo que le gusta es atizarse bien sabroso, poner un cumbión loco con caguama en mano y un churrito de yesca para aguantar la réalité.

Sin embargo a ella no le gustaba la mota, la mota le revolvía el estómago y si pisteaba caguama al mismo tiempo que fumaba, vomitaba y aventaba el vómito hasta por las mendigas narices, y con lo jodida que está la economía, la cheve no está como para desperdiciarla a lo puro baboso. A ella le gustaba la mona, además, comprar solventes industriales no era complicado y no era tan ilegal después de todo. No necesitaba de dílers ni de intermediarios, sus más frecuentes surtidores eran las tiendas departamentales, nadie le pedía su credencial para votar y a las cadenas multinacionales les importa un carajo para qué anda uno comprando disolventes.

Tampoco le gustaba el phoco, esa madre te apendeja todo, y te deja en los puros huesos, me dijo cuando le vi atizándose por primera vez, yo sostenía mi caguama en la mano derecha y ella no más me miró como retándome, o como pensando que era más culo que pierna y que, para eso de las drogas, yo no más no le entraba, que me dejaran con mi tabaquito y mi caguamita y le subieran a esas rolas de Los Primeritos de Colombia, con las que cochábamos de lo rico. Pero algo de bueno debía dejarle esa madre, porque Patti se ponía bien cachonda, y no más pedía pito, que se lo dejara ir, que para eso era hombre, para mantenerla satisfecha, y yo, la neta, me sentía usado pero no decía nada, no más me desabotonaba mi Dickies color caqui bien tumbado y le apretaba sus nalguillas que cubría con mis manos y padentro; así, sin pensarla se la insertaba como imaginando que era Scarlett Johansson a la que me estaba enchufando, pero nel, no más abría los párpados y veía la sonrisota de la Patti burlándose de mí porque cuando me venía cerraba los ojitos como bebé y abría la boca. Pinche puto no me duras más de cinco minutos, ya deberías atender tu eyaculación precoz wey, me decía así como queriendo alivianar el trance, pero yo no más nada, es que ella siempre estaba bien húmeda y la neta yo no aguantaba mucho, me prendía bien cabrón y pos no más sentía lo calientito de su pussy, pensaba en la Johansson… y me descremaba todito.

Con ella llevó ya siete meses, entre puro cumbión, mona y caguamas. Cómo nos gusta coger en la noche debajo del puente de las Dalias, yendo a la cementera pasando La Merced, mientras sus compas andan pasadísimos de phoco, la droga que se habían traído de TJ, o de Maquilopolis Juaritos. Entre ellos yo era conocido como El Paletas, un pinche morro fresa que se la creía de vato loco, así que de culo y pendejo no me bajaban, porque no había nacido en el barrio, muchos eran del Cerro de la Cruz, otros de Tierra y Liverpool y algunos más de la Compre o la Polvorera. Yo mejor no decía donde había crecido, pero Patti se encargaba de eso. Este pinche mayatón viene de la alta alcurnia, nació en San Isidro el cherri, los demás de putete no me bajaban, yo me reía porque no podía contestarles, toda mi vida en puro pinche colegio católico pipirisnice y la madre, no más que mi jefe me corrió del cantón por borrachales… usaba esas palabras para ponerme a tono, que vieran que no era tan pendejo después de todo, pero nel, cuando las pronunciaba yo, parecían dichas como en Cholos, la Ley del Barrio. Los amigos de la Patti se cagaban de la risa y me decían mayatín de mierda con un sape incluido, yo no más me callaba, ya no me quedaba de otra, hasta que una vez el Micos 13 se me acercó y tiró un patadón en las corvas que me doblaron las patitas y caí con la nuca besando un riel caliente del tren bajo los cuarenta grados de primavera en Putorreón, ciudad Mayate, capital mundial de Vestilandia. La neta sentí un pinche dolor en toda la espalda y se me nubló bien cabrón la vista, todos se rieron y la Patti ni me veía por estar con su mendiga mona entre las manos, bien avionadota.

Apenas me recuperé tantito y me le dejé ir al Mico a pura pinche patada y puño limpio pero yo no era bueno pa los madrazos, el wey los esquivó todos y cuando vio la oportunidad no lo pensó y con una mema en la mera nuca me tiró al piso y ahí fui a dar de puro hocicote de nuevo a las vías del tren, ya en el piso me atizó dos patadas en las costillas con sus bombitas y una en la mera jeta. Yo no sentía nada, el aire me faltaba y ya no sabía pa donde vergas moverme. Me arrastraba como pinche lombriz. Cuando pude ponerme boca arriba el Mico sacó el filero y me lo iba a clavar en la pierna derecha, pero la Patti, hasta ese momento pasada de mona, se aventó y lo impidió, si no fuera por ella me hubiera cargado la puritita chingada. ¡Hazte a la brinza wey!, tira paro Mico, este vato ahí como lo wachas, pendejo, pendejo, pero es mi morrito, y nos surte a todos de merca cuando no traemos baro, no te apendejes puto; alcancé a escuchar mientras yo empezaba a chillar con toda la cara llena de tierra y caca de perros callejeros.

Patti me levantó y sacudió el pantalón. Sentí sangre corriendo por mi boca y en efecto, cuando toqué mi labio inferior, lo tenía todo reventado y parte de un diente se había caído. No me quitaba la mano de las costillas, sentía como si me hubiera tragado una bomba molotov y ésta me hubiera explotado adentro. La Patti me recargó y me dio una caguama, le di un trago sabroso, levantando la cabeza, pero al pasar la cebada líquida sentía como me dolía todo el pecho, la escupí. Pude ver la mezcla de chela con sangre, Patti agarró su mona y la puso en mi nariz, le di un jalón, un jalón en la medida en que podía inhalar porque las pinches costillas dolían de a madre. Me dio un beso y ya después de dos tres jalones me empecé a sentir mejor, nos subimos al Ruta Sur Dalias… mejor dicho, me subió como pudo al pinche camión porque yo arrastraba mi pierna izquierda. Ya cuando nos sentamos le pregunté a dónde íbamos. A la Cruz Roja hommie, yo creo el Mico te rompió unas costillas, nomás aguanta los topes y listo. Me dio un beso en la frente y me hizo la señal de la santa cruz. Yo pensé que no podía pedir más, pues la bendición de San Judas y mi Scarlett Johansson cuidaban de mí.