Por Natalia Rivera

William El Nuevo Maestro de Judo es una película que deberían ver cuando haya oportunidad. La fotografía es hermosa de inicio a fin. Encuadre tras encuadre nos lleva por sitios que parecen de un sueño, de una pesadilla, nos llevan a jugar con nuestros prejuicios, a meditar con secuencias llenas de símbolos.

Escuchar al narrador me resultó hipnótico, ir leyendo aquél poema, que parece guiar y dar coherencia, que es el sostén narrativo, es uno de los sellos de las películas de Ricardo Silva y Omar Guzmán.

Técnicamente es redonda. Collage de distintas producciones hechas con el ojo maestro de Adrián Durazo. Bellas secuencias al fin; que quizá sirven para que el auditorio descanse y pueda pensar sobre lo transmitido instantes antes.

Creo que para los que vimos Navajazo y terminamos preguntándonos bueno, ¿Y de qué trato esta película? William El Nuevo Maestro de Judo nos deja más satisfechos en términos de las historias que relata. Un balance entre la forma y el fondo.

Recuperar el testimonio de William Clauson, tratar de descifrar su silencio, su concentración y su inquietante mirada, entenderlo es para mí un acierto. Pensé, cuántas veces caminé por ahí, lo veía sentado enfrente de un escritorio, fumando, cuántos lo vimos como parte de ese espacio y de pronto extrañamos no verlo más.

Me enteré por René Castillo que es un cantante famoso en Suecia, que tenía un programa de televisión para niños. Ahora sé que Clauson componía desde ese escritorio viendo pasar la vida tijuanense.

Intercalado con la historia de una estrella europea devenida en un hombre que envejece en el Pasaje Rodríguez, hay una historia de un actor que busca inventarlo y explorarlo desde una intención pornográfica.

Ojo, voyeuristas.

La carga homoerótica de este filme es apabullante, vemos hombres expuestos no sólo en su belleza física, sino en toda su vulnerabilidad existencial. Es increíble.

Debo decir que me quedé con las ganas de preguntar a los realizadores ¿Por qué la mezcla? ¿Por qué la copulación narrativa entre un viejo enigmático y la prostitución masculina?

El personaje que más me sorprendió de esta película fue Edward Coward, no es una exageración decir que su interpretación es quizá lo más emocionante de esta película. Se planta en la película como un señor que sabe exactamente lo que quiere pero no parece convencerse de encontrarlo. Sólo puedo describirlo como un artista que es llevado a sus límites donde encuentra su propio equilibrio entre el trabajo, el arte, la pornografía y la exposición de su vulnerabilidad humana.

La crudeza que nos presenta Edward Coward es quizá lo más inquietante. Como buen actor de los escenarios, se entrega con la concentración de una mente incendiada, con palabras que me llegaron a las entrañas, vaya me convencí que es un “encabronado ser de luz y amor”.

El actor revela y con ello podemos vernos. Gracias a William El Nuevo Maestro de Judo me pregunté: ¿Por qué siento tanto al ver una persona en estado de caos?

Vocación voyeurista. Estas secuencias transgreden saludablemente con la experiencia de los interlocutores. El veredicto: sí la volvería a ver.

Este filme llevó al locutorio de jóvenes a inframundos imaginarios de la zona norte de Tijuana, nos hizo presos momentáneos de la curiosidad. Muchos tomaron con humor el lenguaje de aquellos personajes. Tensión silenciosa y risas nerviosas durante la teatralidad homoerótica.

Los realizadores se veían felices de ver la sala de cine llena, el codirector Ricardo Silva estaba en el tren de su éxito, nos contagiaba su extraño sentido del humor. Habló que la película aborda “lo extraño que es ser una deidad”, sobre las tomas y simbólico, dijo que “no hay que tomarse el cine tan en serio, es decir la vida no es la película, yo además de hacer cine, hago otras cosas, tengo mis gatos”.

El fotógrafo Adrián Durazo y la productora Paulina Valencia se veían un tanto incómodos al tomar la palabra, pero nos hablaron de que la realización fue estresante, la franqueza nos regaló frases como “Fue un reto… porque en las escenas de la bodega, Ricardo no me dejo poner luz ”,  o un “estoy muy contenta, porque a veces fue imposible trabajar con los directores”.

Muchos de los comentarios del público fueron positivos. Comparándolo con la lluvia de críticas que recibió Navajazo en la exhibición en la Cineteca Carlos Monsiváis en 2015.

Esa vez, recuerdo que fui por el morbo que rodeaba la película, incluso me las ingenié para convencer a tres amigos que desde entonces no me han vuelto a aceptar las invitaciones a ver películas. Hay una cierta incomodidad manifiesta por el público en la presentación de las películas Navajazo y William El Nuevo Maestro de Judo. Esa vez la profesora Sayak Valencia tundió con maestría varias cuestiones que nos presenta la película, dijo que era algo así un “circo de freaks” y se dejaron venir los aplausos.

Uno de los comentarios-reacción de la noche de la premiére de William El Nuevo Maestro de Judo, que se realizó el pasado viernes 14 de julio, dentro de las actividades del FotoFilm Tijuana, se alzó para cuestionar el hecho de cómo se refirió el codirector Ricardo Silva sobre el actor Edward Coward y coincidí con el comentario, claro, como ahora lo pienso: ¿Cómo es posible que el director trate sin el debido respeto el trabajo de una de las estrellas que dan vida a la película? Como dijo el chico que cuestionó: “Así no”. Así no se puede compitas. No se arregló con un: “Pues por eso, está él en la película”.

Sinceramente lo que más aplaudo en esta crónica tijuanense es el público, por el interés que los arrastra a los eventos culturales (sea por quedar bien con la conquista de turno, sea por sana curiosidad),  por su espíritu de crítica constructiva.

Recuerdo hace años estar en muchas presentaciones donde nadie preguntaba. Ahora me es gustoso escuchar la voz de la gente, a los que se atreven a cuestionar, protestar, recomendar.

Coincidencias curiosas, en los últimos dos casos de presentaciones a las que he asistido, se les ha pedido respeto por los sujetos que retratan, es inquietante el desparpajo de adjetivos con el que se les refiere. Los mismos sujetos que hacen que su arte sea posible. Que cierto es que a veces a los artistas se les va el sentido común por el caño del ego, también hay que decirlo, en ambos casos la crítica se agradeció más que el elogio.