Por Iván Gallardo

Aún recuerdo la primera vez que miré Night of the living dead. Lo primero que me tomó por sorpresa fue la rapidez con la que se intenseo todo. Blanco y negro, atmósfera opresiva y un sentimiento de persecución constante. Por fin miraba “terror real” y marcaría una pauta en todo lo que haría artísticamente en un futuro.

“They’re coming to get you, Barbara”, reza una de las primeras y más icónicas líneas del filme (para el género y consecuente subgénero también) que ha sido llevada incontables veces a la pantalla de plata y oro a forma de tributo a este brillante filme. Una frase realmente sencilla que al simple oyente no pareciera definir toda una generación.

El filme

-¿Y qué tiene de brillante una película de zombies?- podría preguntar el cinéfilo ocasional.
-No es la primera película de zombies- podría mencionar el cinéfilo más experimentado.

Después de todo, White Zombie dirigida por los hermanos Halperin y con la leyenda Bela Lugosi en el papel antagónico ya se había estrenado en 1932 y The Last man on earth, con la increíble actuación del genio Vincent Price se estrenó en la primavera de 1964.

Una pregunta más acertada sería: ¿Qué hace al trabajo de George A. Romero tan legendario e importante? Una de las razones más importantes para el impacto cultural del filme de 1968, Night of the living dead, fue el valor del “DIY” (“Do It Yourself” – Hágalo usted mismo, por sus siglas en inglés) impregnado a lo largo del rodaje y que con un ojo curioso puede reconocerse en el largometraje.

Iniciando con un presupuesto de 6,000 dólares y después aumentando a poco más de 100,000 dólares (compararlo con otras producciones de ese mismo año: 2001: A Space Odyssey de Stanley Kubrick dispuso de 12 millones de dólares para su producción y Rosemary’s Baby de Roman Polanski con 3.2 millones de dólares), Night of the living dead no fue más que un filme independiente con actores relativamente desconocidos y un director con grandes aspiraciones.

Pero en sus carencias residió su genialidad. Al verse Romero en tan precaria situación para un director de cine buscando el gran momento, decidió irse por el camino del ingenio. Para escenas impactantes por su contenido en ese momento de la historia cinematográfica, Romero decidió utilizar la característica monocromática de sus cámaras para dar la ilusión aún más cargada de “realismo” a la hora del chorro de sangre: Jarabe de chocolate.

También, aunque llegue a parecer imposible, muchos de los diálogos son improvisados, de acuerdo a la actriz principal Judith O’dea. Otra de las anécdotas más celebradas del filme es la paga a los extras: Familiares y amigos de Romero recibieron 100 dólares y un par de sándwiches básicos por su presencia. Incluso Romero tomó el trabajo de actuación por su cuenta en algún momento y apareció en escena, como un reportero que aparece un par de minutos.

El mensaje

Pero la humildad no fue lo único que hizo a esta pieza del séptimo arte una de las grandes. “Ben”, el personaje héroe del filme fue representado por Duane Jones, un ex profesor de universidad y actor de teatro afroamericano desconocido. El héroe negro en un largometraje compuesto completamente por blancos fue razón de controversia en el estreno y las consecuentes críticas. Un crítico infamemente lo describió como “un negro útil y comparativamente calmado” en 1969.

La cuestión es que hacía apenas tres años antes de su estreno que el Gobierno Federal de Estados Unidos había restaurado los derechos de voto a las minorías en el país, y apenas cuatro años del Acta de derechos civiles, el cuál prohibía la discriminación racial, religiosa, de color, sexual o de procedencia en el país.

Night of the living dead había llegado en el momento exacto de su contexto social y político. Sin pensarlo, había puesto una de las piedras angulares para la diversidad en los sets de grabación del Hollywood setentero. Al ser cuestionado sobre su decisión de aterrizar al héroe en un actor afroamericano, George, con la sencillez que lo caracterizaba, respondió: “(Ben) Jones simplemente dio la mejor audición para el papel”.

Para los intelectos más despiertos, la película llegó incluso a representar una historia metafórica sobre una sociedad consumista voraz y violenta que ha llegado a los extremos; un tema que después influenciaría a otro gran director norteamericano del cine de horror: John Carpenter con su obra clásica They Live de 1988, basada en la historia corta de Ray Nelson “Eight O’clock in the morning” de 1963.

Romero confesaría años después que la fe que le tenían al filme descansaba en el “Hambre voraz de la industria por lo bizarro”. Otra corriente expone la teoría de la analogía con los sentimientos de la sociedad norteamericana clase-mediera ante la crisis de la guerra contra Vietnam. Aunque la verdad podría ser más sencilla: Romero también dijo en una entrevista que “quería algo que sacudiera al ser humano hasta su fundación. ¿Qué pasaría si los muertos dejaran de estarlo?; el filme se centra en cómo la humanidad respondería o fallaría en responder a tal situación.”

Basándose en la temática de la novela de Richard Matheson I am legend (la cual tendría varias apariciones en la pantalla grande, la última en 2007 con Will Smith en el papel principal), Night of the living dead había nacido. Cabe destacar que Romero popularizó la mística del “Zombie” moderno (muerto reanimado, caníbal y falto de conciencia) con esta película, a diferencia del que hasta ese momento se utilizaba en la pantalla grande: producto de un embrujo Vudú y esclavizado de voluntad.

Influencia y legado

Después de la primer década desde su estreno, la película recaudó 15 millones de dólares (30 internacionalmente) y sigue siendo considerada como “la película de terror producida afuera de un estudio de Hollywood más exitosa de la historia”, por incontables críticos. También ha sido traducida a más de 25 lenguajes alrededor del mundo. Sin embargo, está lejos de ser el único trabajo trascendente de George A. Romero.

Después del éxito con Night of the living dead, Romero realizó cinco películas más como secuelas vagas del filme original, siendo Survival of the dead de 2009 la última. Además de eso, el filme tiene dos remakes en su haber, siendo la del genio de los efectos especiales Tom Savini de 1990 la más prolífica y notable de éstas. Y no sólo realizo trabajos por su cuenta: Una de sus más notorios filmes es la antología de pequeñas historias de terror “Creepshow” de 1982 escrita por nada más y nada menos que Stephen King y dirigida por George Romero.

Esta colección ostenta dos secuelas, sin embargo en la última no cuenta con la participación de ninguna de las dos personalidades del cine de horror. En 1999, la Librería del Congreso de EU agregó el largometraje al Registro Nacional del Filme por ser “una obra de gran valor cultural, estético e histórico”.

George A. Romero falleció el pasado 16 de Julio del 2017, víctima de cáncer de pulmón, pero su legado se extiende más allá de la cinematografía y se cuela a la cultura contemporánea en libros, series, música e incluso teatro. Infinidad de artistas de distintas índoles han expresado la influencia de Night of the living dead y el trabajo de George en su carrera. Su “zombie” se volvió el estereotipo a seguir para cualquier producción relacionada a la criatura.

Como dato curioso, el filme no cuenta con derechos de autor, lo que la convierte en el filme más descargado del archivo virtual de internet, con más de 2.8 millones de descargas. Por el estatus legal de “Dominio público”, la película cuenta con más de 200 versiones en DVD a la venta por distintas “productoras” y distribuidores. Nada mal para un director de cine soñador y dispuesto a retar lo establecido en un lugar áspero como Hollywood.

Descanse en paz, George Andrew Romero, “Godfather of the dead” director, escritor y “Padre de las cintas de Zombies”.