Por Eduardo Carrillo

Al perder el último empleo entendí que sería buen tiempo si dejaba el asunto a la poesía y el ritmo del viento en movimiento. Es decir, hacer nada al respecto.

Había sido el sexto trabajo distinto en los últimos dos años, y digo distinto a mi cartucho, que es más de verborrea, de letras, de dejarle el asunto a la poesía y el ritmo del viento en movimiento (al simulacro de la verdad, la ficción y los dramas).

Como sea, del vivero de don Henrique Bayleys fue del único trabajo que me han echado; alguna que otra vez, en algún lugar cubriendo nota, la embriaguez, diosa de los pobres, los infieles y de los despechados, habrá provocado una invitación a retirarme, pero aunque yo fuera sólo un aprendiz de periodista y no uno en papel, igual podrá entenderse como uno de los tanto gajes del oficio.

Ahora llevaba dos años rondando entre los que no requieren especialización (oficinista, jardinero, lavacoches, campesino), sólo hambre y disposición, gusto común, sed verdadera: masa, no minoría.

Por no estudiar mijo. No, si por eso no estudié. ¿Por qué?. Pa´comer vida a mano limpia. Órale, pues buen récord para un barbaján de… ¡Medio lustro, oiga!

Tampoco hacía mucho que la chica con la que salía había conseguido otro rollo y había botado el mío. De ese color eran mis películas románticas. Iba viento en popa, digo, para un barbaján. Lágrimas de cocodrilo, carcajadas como de pato, paso de tortuga y memoria de elefante.

Como buen devoto a su propia metafísica, juzgué todo como consecuencia de papá destino, de absurdo el plato fuerte acompañado de una probadita de absoluto. Así que sacando un poco el pecho silbé Pianito de Gulp!, el primer álbum ricotero y me puse a empapuzar vida, a mano limpia, claro, claro. La premisa ontológica susurraba: la verdad, de verdadera, tiene sólo cierta parte.

Y aquello se instaló tanto que se volvió verano, tan real, tan inherente a todo, que se volvió cada bocanada, como apostasía la apología de la mentira, que es como se completa lo verdadero.

Y como papá destino va delante de ti una cierta suerte, lo mejor es lanzar los dados y devorar sin prisa, pues no hay que olvidar que ¨el buen gusto está en no excederse¨, diría Camus.

La apuesta: la verborrea, las letras, dejar el asunto a… la cultura en acción, que no existe nada más fasto. Lanzamiento de dados…

Pero antes que todo, que papá destino, la apuesta estelar, ir a beber de la copa, el alma y el culo del amor de mi vida, que soy suyo y nada tiene más sentido que ella, incluso con lo que cuesta entenderla, ¨con lo que cuesta armarse un full¨, como canta el genio amor.

Ah, la vida, ah, qué rico.