Por Elizabeth Vilchis Martínez

Bruno dijo Bruno para recordar en un mundo en el que todos queremos olvidar. En la última novela de Edgar Borges, la nada es el espacio en blanco al que se entra cuando los paradigmas cambian y el mundo llega a su fin.

“Un, dos, tres. Nada. Un instante roto, un hueco entre pasado y presente. Un no lugar en la historia de un hombre. Y él, por muy normal que se creyera, era consciente de que cualquier suceso cabía en el vacío de una memoria”, escribe el novelista venezolano en El olvido de Bruno (Nitro/Press. México, 2017).

El librero del barrio de 64 años disfruta de la música de Wagner y de las caminatas al lado de su mujer. Bruno y Eliana han estado casados durante veinte años, pero su mundo se alteró cuando ella enfermó de cáncer. Cada día él la cuidaba y le daba su medicamento, “Bruno asumió la enfermedad como suya, como suyos fueron los tiempos de salud de su mujer”.

Al poco tiempo a Bruno le diagnosticaron Alzheimer, todo comenzó a nublarse y de pronto su voz comenzó a narrarle su vida en tercera persona. Por recomendación de Eliana, el librero recurrió a la literatura como terapia contra el olvido crónico. “Crear, crearse”, convertir a Bruno en el narrador de su propia historia: Bruno dijo Bruno.

¿Qué ocurre cuando dos enfermedades se mezclan y fulminan la existencia? ¿De dónde surge la nada que tiñe de rojo todos los vestigios de lo que alguna vez fue? Bruno concebía un mundo en pareja. Su realidad se vio alterada con la enfermedad de Eliana, posteriormente el caos de su propia demencia fue el preámbulo del fin de su mundo. Eliana murió de cáncer; tenía dolor y Bruno Alzheimer.

Rodeado de nada, la realidad de Bruno es una invención que nace de la angustia de verse a sí mismo desde la otredad, perdido en el limbo de la desmemoria con la conciencia reducida. Se niega y se reafirma en el vacío de una existencia varada en una crisis paradigmática que se repite una y otra vez en el fin del mundo congelado en el olvido.

Thomas Kuhn define un paradigma como la concepción del mundo de una comunidad científica, la cual abarca todos los modelos, tradiciones y prácticas. El éxito de un paradigma consiste en la promesa de éxito y cuando ésta no se cumple el paradigma cambia y cuando esto ocurre, el mundo cambia con él.

El mundo de Bruno terminó el día en que su mujer dejó de respirar. Si para Jean Paul Sartre la negación se funda en la nada, la soledad y la ausencia (del ser amado y de los recuerdos) abren las compuertas que resguardan la conciencia negada, reducida, en crisis: el monstruo de la existencia se libera, bífido, fluctuante y enmascarado.

El olvido de Bruno es la percepción de la realidad suspendida en la nada, es un hombre reducido en la demencia, que se disuelve a cada instante en su propia ficción. Se crea y se recrea hasta llegar al punto de no saber realmente quién es. Como la serpiente (uróboro) que se devora a sí misma, Bruno se aniquila y se inventa, sin saber cuándo comenzó todo.

¿Quién es el verdadero Bruno? ¿Realmente es un librero? ¿Existieron fuera de su mente Eliana y los demás personajes de la novela? Al igual que en La ciclista de las soluciones imaginarias, Edgar Borges es el demiurgo que juega con la realidad y la memoria de los personajes, pero en El olvido de Bruno reflexiona sobre la condición del ser ante el mundo.

“Contar, contarse. Imaginar una mujer y crearle una historia. Hacerle compañía, convertirla en palabra y movimiento. Ser a partir de ella y ganar identidad gracias a su sexo. Darle luz, cuerpo, salud y enfermedad”, se lee en esta novela cuya edición mexicana forma parte de la colección Nitro Noir de la editorial Nitro Press.

Bruno enmascara la angustia en la inconciencia, se interioriza y desde la lejanía observa un crimen, la figura de una infanta desaparecida le nubla la mente, como si estar en medio de la nada no fuera suficiente: “La historia de un sujeto sólo existe en la imaginación de quienes pueden recordar”.

El protagonista se rebela a su condición, niega su enfermedad al inventarse, para simular que existe entre lagunas. Al mismo tiempo se reafirma y se rehúsa a desaparecer en las dimensiones de la nada. En cada cambio de paradigma hay una revolución que desemboca en violencia reaccionaria que queda sepultada entre memorias vacías, “pensó en el fuego como la voz de la nada”.

La primera fase de la crisis paradigmática de Bruno se originó con la enfermedad de Eliana, el mundo cambió y al poco tiempo le diagnosticaron Alzheimer. La crisis se intensificó a una segunda fase con la muerte de su mujer, “pensó en el blanco como el color de la soledad”. El mundo ya había cambiado vertiginosamente.

La fase tres de la crisis de Bruno se da cuando es sospechoso y único testigo del crimen que paraliza la ciudad. De frente a la nada, Bruno dice Bruno y no se reconoce cuando en la fase cuatro el mundo vuelve a colapsar y sus recuerdos inventados se rebelan y dejan pasar la luz de la memoria de lo que podría ser catalogado como real.

El olvido de Bruno es una obra existencialista en la que Edgar Borges utiliza el Alzheimer como metáfora de la demencia colectiva. En tiempos en los que las redes sociales y los artefactos absorben la conciencia de la sociedad. ¿Cómo discernir lo real cuando todo es simulación? ¿Cómo distinguir los cambios de la concepción del mundo cuando la información fluye tan rápido? ¿Cómo recordar cuando la monotonía invade la memoria?

La literatura es la expresión de una ilusión. Crear, crearse, para cubrir la nada. La imaginación es el recurso contra la carencia. Como escritora Eliana lo sabe: la palabra despierta las fibras más profundas del ser, es una conexión con la memoria, es la herramienta para vencer el olvido. Bruno dice Bruno para saberse vivo, para salir por un instante de las ruinas de la nada.