Por Dauno Tótoro Taulis

La Maddalena desliza sus dedos por las teclas del antiguo piano. Es Brahms, la sonata número 3, opus 5. No le gusta la pieza, es demasiado críptica para ella. Pero se la han pedido los oficiales, y su padre le ha dicho innumerables veces: «no los contradigas en nada, es demasiado riesgoso».

La Maddalena no entiende de qué riesgos se trata, pero intuye que la armonía que se vive en casa es frágil, a pesar de las tardes de ópera, de los bailes, los brindis y los juegos de mesa.

Entonces, interpreta a Brahms. Lo hace mecánicamente, casi sin pensar, sin dedicarle atención.

Mientras toca, juega a distorsionar las figuras de su padre, del mariscal y del coronel, sentados del otro lado del salón, junto a la chimenea encendida. Inclina la cabeza y los ve a través del cristal de la pecera que hay sobre la cubierta del piano. La curvatura del vidrio y el agua que contiene, dependiendo de cómo mire, si más arriba o más abajo, si en el centro del jarrón o en los costados, los transforma en sapos gordos y rechonchos o en flautines alargados.

En un punto exacto, con la inclinación adecuada, incluso logra que su padre parezca un espigado caballero que conversa con un par de albóndigas uniformadas. Se divierte La Maddalena.

Las voces de los tres hombres, que catan un mosto de primavera mientras el padre juega distendidamente una partida de ajedrez con el mariscal, le llegan por oleadas. No presta demasiada atención. Le parecen tan aburridos como el mismo Brahms.

—Doctor —dice el mariscal con una sonrisa en los labios—, deje que le explique de qué se trata todo esto de la guerra. Es usted un romántico…

El padre mueve el caballo sobre el tablero.

—Ustedes, los civiles, la consideran accidentes históricos, fracturas espaciadas y dolorosas. Intentan atribuirle razones éticas, filosóficas.

—¿Y cómo la describiría, mariscal?

—La guerra es un proceso continuo de energía pura. Cuando un pueblo, una nación, un país posee los recursos para la guerra, debe deshacerse de esa acumulación de energía. No hay razones más allá que ésa.

El mariscal responde la jugada con un desplazamiento del alfil.

—No lo contradigo; finalmente usted es el profesional de la guerra, pero… ¿Dónde quedan las ideologías, entonces?

—Cualquier ideología, no importa cuál, buscará la expresión de esa organización, de esa fuerza acumulada, de esa energía cautiva. Como hombre de ciencias, estará familiarizado con las leyes de la termodinámica.

Mientras pulsa delicadamente las teclas del piano, La Maddalena percibe que el espigado caballero comete fallas absurdas en su plan de juego sobre el tablero. Su padre es imbatible. Ella lo sabe: se está dejando derrotar lentamente por su adversario, la albóndiga uniformada. «No los contradigas en nada, es demasiado riesgoso». ¿Tampoco en el juego puede llevárseles la contra?

—Claro que estoy familiarizado con las leyes de la termodinámica… entiendo su punto. Pero, explíqueme, ¿y cuando esta guerra haya acabado?

—Acabado… —el mariscal ataca con su reina—, es que no acabará. Aun si acaso la perdiéramos, si el enemigo desarrollase una estrategia genial, nos arrinconara, redujera nuestras fuerzas, quemara nuestras banderas, nos humillara; aunque fuésemos juzgados por la historia como criminales, monstruos, genocidas… lo cierto es que la energía desplegada por nuestras fuerzas no haría más que traspasarse limpia y pura hacia el vencedor. Ergo, doctor, nuestro propósito se habrá cumplido. La trasmutación…

—Ya sabe lo que dice el dicho —interviene el coronel—, «una mano no sabe lo que hace la otra».

«Una mano no sabe lo que hace la otra», piensa con un sobresalto La Maddalena. Sobre el teclado, su mano izquierda pulsa los acordes armónicos en una octava; la derecha se empecina en el staccato.

Es como lo que le sucede cada mañana al despertar. Todo sigue tal y como lo dejó por la noche, pero todo ha cambiado.

Son detalles, pero lo trastocan todo. El cepillo de pelo amanece fuera de su cajón; la blusa que ha dejado sobre la silla aparece ahora sobre el aparador; el vaso con agua que ha dejado en la mesilla junto a la cama se ha vaciado.

Cada mañana debe explicarse a sí misma que se trata de fallos en su memoria. Ese pensamiento la tranquiliza y la hace desechar la absurda idea que la abruma: que hay «otros» que habitan el mismo espacio que el suyo, «otros» a los que ella no puede ver y quienes tampoco pueden verla a ella. Que así como su mundo está ordenado y le es propio, lo es también para aquellos.

La idea le resulta absurda y suele durar sólo algunos breves minutos.

Lo que la atormenta, sin embargo, es el medallón. Jamás se lo quita. Siempre pende de la cadenita en torno a su cuello; siempre la tortuga marina de obsidiana reposa sobre su pecho. Y, aun así, cada mañana la encuentra en un sitio distinto.

—Es la verdadera historia de la humanidad, doctor… no son las ideas, ni las elucubraciones, ni el amor, ni la justicia… Es la acumulación y liberación de energía. Ya verá, si acaso perdemos esta guerra, el enemigo que ha luchado en nombre de la libertad y de la humanidad, rápidamente caerá en cuenta del poder adquirido, de la energía que ha acumulado en su seno, y le garantizo que aquel discurso moralizante que hoy esgrime (seguramente con honesta intención), mañana será sólo un pretexto para futuras aberraciones.

El mariscal mueve la torre y arrincona al rey del padre.

—Jaque mate, doctor…

El joven teniente, el elegante muchacho de uniforme negro, insignias cromadas y claros ojos, se sienta inesperadamente junto a La Maddalena en la banqueta ante el piano.

Ella no lo ha visto entrar al salón, divagando como estaba en sus absurdas elucubraciones. El joven la acompaña sobre el teclado. Interpretan a cuatro manos la pieza.

La pistola que lleva el joven al cinto lastima la cadera de La Maddalena, pero ella calla. «No los contradigas en nada, es demasiado riesgoso».

 


*Gemelo de sí mismo, 2017, novela publicada en coedición por Nitro/Press (México) y Ceibo Ediciones (Chile), en un intercambio que incluye la publicación de Apuntes de un escritor malo, de Mauricio Bares, en Chile. Agradecemos a Nitro/Press por las facilidades para su publicación, intercambio internacional con el cual celebramos sus 20 años como editorial. www.nitro-press.com/gemelodesimismo

 


Dauno Tótoro Taulis. Autor chileno nacido en Moscú, 1963. Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí en 1995. Autor de libros de crónica periodística, ensayo, cuentos, y de la trilogía de novelas La sonrisa del caimán, Los tiempos de la caimaguana y El caparazón de Ukucma.