Por David Meneses Gómez

A ellos, cuyas manos están llenas de trabajo y esperanza.

Más 90 mil espectadores, en una estadio para 180 mil… es la inauguración del Mundial de México 86, con un  empate entre búlgaros e italianos, un mundial donde la ‘Mano de dios’ levantó a la afición futbolera, donde El Diego vino a darnos el Gol del Siglo, un mundial en un país devastado después del sismo de 1985. Al igual que Chile 1962, el país había sufrido un terremoto un año antes de la máxima fiesta futbolera, la frase de un diplomático Carlos Dittborn: “Porque nada tenemos, lo haremos todo”, después de la  devastación en Chile, resonaba en México… solo que acá sonó otra cosa, mas mexicana.

Uno de los bonitos antecedentes del “Ehh…puto” lo encontramos en este partido inaugural, a los políticos les encantan los reflectores, y ahora las selfies, pues ya saben, quien se mueve no sale en la foto y, en ese momento, era más importante para el presidente Hurtar y Robar, es decir Miguel de la Madrid Hurtado estar en el palco con toda la caravana trajeada de la FIFA (otro gran ejemplo de corrupción) que estar con los ciudadanos que lo habían perdido todo, a punto de sonar el silbatazo inicial, toda la camarilla dio sus arengas, y cuando le tocó a Hurtado, la voz del Azteca, que es la voz de dios gritó:

“Paloma Cordero, tu esposo es un culero”.

Y así, México demostró que estaba de pie, listo para reclamar por los caídos, la cara del guarura, un portero sin suerte en ese momento, no pudo evitar la caída del marco del cuadro de los Pinos. El mundial siguió su curso normal, perdimos en penales, y nada cambio al hacer un gasto millonario para un país en ruinas y en manos del PRI, bueno, eso parece repetirse tantas veces como sea posible.

En otro partido, hace días, en su acto de bondad e intento de empatía hacia la gente, el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, decidió que era buena idea intentar hacerle como que ayudaba a los voluntarios, pero un joven caracolero le metió un túnel, le puso sotana y lo obligo a que se callara, ya que este cazagoles político llegó cuando quiso y fue recibido con un: “Ahora sí que pónganse sus botitas y a trabajar”, con lo cual el politiquillo mejor se fue por la banda.

Por eso como dice Serrat:

“No conocen ni a su padre cuando pierden el control,

ni recuerdan que en el mundo hay niños.

Nos niegan a todos el pan y la sal.

Entre esos tipos y yo hay algo personal.”

Por cierto el árbitro Peña Nieto, dice que al partido o a su sexenio le falta para terminar solo “un minuto; no, a menos, como a cinco minutos”.