Por Erik Meneses (Eriko Stark)

El 30 de agosto de 1985 en una imprenta que alguna vez fue conocida como Talleres Eficiencia, ubicada a unas calles del Metro Portales se realizó un tiraje de mil copias de lo que pudo haber sido una de las mejores novelas gays de la época de los ochenta, sin embargo, dicho libro quedaría en el olvido a veinte días de dar a luz por un sismo que cobró la vida de miles de personas en el Distrito Federal y algunos Estados de la República Mexicana. Brenda Berenice o el diario de una loca es una novela olvidada de la literatura, la principal razón se debe a que el autor Luis Montaño murió en el sismo del 85 con su obra.

Luis Enrique Rascón Montaño Nació en el año de 1955 en Cananea, Sonora. Luis fue psicólogo de profesión. Durante mucho tiempo ejerció clases y participó en concursos literarios en las categorías de cuento y poesía. Luis era un hombre amable y de sentimientos nobles, algunos lo consideraban un provinciano ingenuo que sufrió el choque de valores entre la ciudad y el pueblo. Para Rascón, su sexualidad iniciaría a edades muy tempranas que quedarían registradas en su primera novela gay.

México se encontraba en un proceso de visibilización en favor a las personas LGBT. Desde 1978, un grupo de homosexuales, lesbianas y trans se manifestaron en la conmemoración de los diez años de la masacre de Tlatelolco con el motivo de ser visibles y apoyar los recientes sucesos de una Cuba que reprimía homosexuales. A la par de la marcha, comenzaron a publicarse ensayos y libros que incitaron al escándalo público, tal es el caso de “El vampiro de la colonia Roma” (1979) del escritor Luis Zapata, obra convertida en una de las mejores novelas de temática gay a nivel Latinoamérica. El libro debía venderse con bolsa negra para que las personas no fueran juzgadas al igual que los discos del grupo Molotov, además, fue criticada por escritores reconocidos como Juan Rulfo y Sergio Magaña que ni siquiera leyeron el libro. A pesar del escándalo, la obra de Zapata sería el parteaguas para que nuevas plumas se atrevieran a escribir.

En la década de los ochenta la literatura LGBT tuvo mayor incremento, la producción de novelas en el Distrito Federal había aumentado aproximadamente de cinco a diez obras, cosa mínima, pero importante ante una corta época de liberación. La crisis del sida se convertiría en un reto para la generación de los noventa que cobraría vidas incontables que hasta la fecha no se encuentran reconocidas. Algunos ejemplos de las obras más emblemáticas fueron las del propio Luis Zapata con: Melodrama (1983) y En jirones (1985); José Joaquín Blanco con Las púberes canéforas (1984); Luis González de Alba con El vino de los bravos (1981) y José Rafael Calva con Utopía Gay (1985). Entre estos autores destacaría Luis Montaño siendo posiblemente el mejor de todo el grupo de escritores, sus letras eran frescas y adelantadas a su tiempo, logrando una verdadera imagen de la vida travesti en la Ciudad.

Sobre Brenda Berenice o el diario de una loca

La historia de Brenda Berenice es la vida de un joven llamado Gerardo Urbiñón Campos que huye de su tierra por ser descubierto homosexual. Tras la presión de su familia, Gerardo decide irse con su pareja llamada Iván hacia la capital del Distrito Federal donde su identidad aflora y se convierte en Brenda Berenice. A través de los capítulos se aprecia la destreza de Brenda al narrar sus vivencias con un metalenguaje que es considerado una escritura kitsch, de un momento a otro, cambia las palabras para darles su propia entonación, por ejemplo: tranquilidad-trancuilidad, mujer-mujir, la relata-el relato; modificaciones que se aprecian en las jergas o modismos en la cultura gay. Actualmente, está muy de moda alterar las palabras como un sello de originalidad que nunca antes se había hecho, pero Montaño demuestra lo contrario. Brenda Berenice expone la homosexualidad de manera cómica e incluso elegante, dotándola de atributos que no encontrarían en un diccionario que ella se atreve a proponerlo:

Y ahora resulta que somos una cosa muy pequeña, ignorante (…). Querido diario; si yo fuera sapientosa de las letras, ¿cómo quedaría?

Jota: Dícese del joto que ya perdió toda la concepción de los límites. Hombre de grandes vuelos.

Joto: Masculino de jota.

Pervertido: Hombre que sí sabe hacer el amor.

Loca: Mujir en continua efervescencia

Maricón: Mariposa macho muy grande: mariposón. Especialista en las ciencias del hombre.

Si vemos una fotografía de David LaChapelle es similar a estar leyendo Brenda Berenice. La novela te transporta a un sinfín de referencias, desde las más sencillas como canciones mexicanas de divas, el querer entablar diálogos con personajes ficticios y de la vida real como El vampiro de la colonia Roma que trata de invocarlo, pero recuerda que el bicho se lo llevó, hasta la imitación de la poesía de Santa Teresa. Los elementos culturales abundan en cada párrafo sin perder la naturalidad del texto. Otra característica que logra la novela es sumergimos al mundo de la generación beat con drogas para las clases media y bajas; la marihuana y los poppers son un reflejo del tipo de consumo que se tenían en las universidades mexicanas y la vida gay costeable, también las fiestas sexuales repletas de hombres teniendo sexo en Estados Unidos que William Friedkin logra exponer en su película conocida como Cruising. Luis Montaño construye un compendio de la cultura LGBT a través de Brenda y su capacidad de asombro continuo.

Brenda Berenice también nos aporta pequeños chispazos sobre lo queer. En una de las escenas de su infancia, pone en evidencia el prejuicio de las personas con un acto sencillo como mirar:

Una noche escuché discutir a mis padres y me levanté sin que se dieran cuenta, eran como las doce. Mi padre, fúrico, le reclamaba a mi madre que estuviera criando hijos chuecos. Ella lloraba y decía que él veía cosas feas por su mente tan cochambrosa. Regresé a mi recámara sin entender aquello de “hijos chuecos”. Te juro, querido diario, que durante una semana me contemplé en el espejo para comprobar si crecía chueca; pero siempre me encontraba muy derechita, muy erguida y salerosa. Entonces pensé que mi madre tenía razón: lo que ocurría es que mi padre, como mucha gente, necesitaba unos ojos nuevos para ver bien.

Montaño logra crear una novela en la identidad travesti. Brenda no es ni se considera una persona trans, ella se considera una mujir, pero también puede aceptar su lado masculino en las relaciones sentimentales, podríamos decir que Brenda no es ni un hombre ni una mujer, sin embargo, su conflicto crece a medida que se traviste, es como si la falta de amor de un hombre limitara la metamorfosis de ser una mujer reconocida y avalada, o eso va manifestando a lo largo  de las confesiones. Al final, Brenda queda sola en su propio departamento, sin ningún amor, pero convertida en toda una reina. “A todo se acostumbra una… ¡menos a estar sin hombre!”.

Sobre la vida de Luis Montaño

No existe mucha información sobre la biografía de Luis, sin embargo la búsqueda de la relaciones ayuda a entender que clase de persona era. Montaño tuvo una amistad con uno de los poetas gays que encabezan la primera generación nacida en la década de los cincuentas. Uriel Martínez Venegas (1950) conoció a Luis aproximadamente en el año de 1973 fuera de la Ciudad de México en un evento cultural, su relación amistosa quedaría marca cuando Uriel viaja a la capital a estudiar Letras, al no encontrar un cuarto o departamento para vivir la suerte lo hizo encontrarse nuevamente con Luis en el Metro Insurgentes, espacio conocido como un lugar donde los homosexuales se aglomeraban en la glorieta y Zona Rosa para poder pavonearse con suma libertad. Montaño invita a su amigo a compartir departamento en la avenida Álvaro Obregón y la calle de Frontera, a dos calles y media del Metro Cuauhtémoc y a dos calles del Metro Hospital General, lugar perfecto para dos estudiantes.

Luis Montaño tenía una relación amorosa con un hombre llamado Juan Antonio a quien conoció en la UNAM y también compartían carreras afines, a pesar de ello, La belleza de Luis atraía miradas y él ya tenía relaciones con otros hombres. Montaño era un fanático de John Travolta, su película favorita era Fiebre de Sábado por la Noche. Le gustaba bailar igual que su ídolo y lo llega a exponer en su novela.

Una de las anécdotas recuperadas es sobre su departamento que sufría constantes inundaciones. Una mañana, Montaño despierta a Uriel, le dice que todos los libros se mojaron, no tuvieron remedio que tirar la mayoría de ellos. Uriel confiesa que se enteró de su muerte cuando leyó la revista “Tema y variaciones de la literatura” número 44 de la UAM-Azcapozalco. El artículo titulado Brenda Berenice o el diario de una loca, una novela marginal fue escrito por un joven académico de nombre Helder Ariel Díaz Cisneros quien hizo una investigación psicoanalítica de la novela.

No existen muchas referencias en torno a Brenda Berenice. En el libro México se escribe con J existe un ensayo de Víctor Federico Torres llamado Del escarnio a la celebración. Prosa mexicana del siglo XX que hace una pequeña mención, pero su texto se enfoca en la importancia de la década de los ochentas como un punto importante para la literatura LGBT. Helder Ariel encuentra un par de artículos y explica que la novela es inexistente. El Estado de Sonora reconoció a Luis Montaño en 2016 haciendo una versión disponible en digital. Guillermo Núñez Noriega, un investigador que habla de las relaciones homosociables explica que fue a buscar el paradero de la familia de Luis, pero ésta se negó a dar información, causa misma que impide que la novela pueda ser reeditada.

Su pareja, Juan Antonio, parece también haber fallecido en el sismo, acabando por cerrar las memorias de un escritor el cual no se tiene más información. Antes de Brenda Berenice Luis Montaño logró publicar en 1983 una obra teatral llamada Los afanes recurrentes en el teatro Roberto Amoros. También fue incluido en Letras nuevas mexicanas publicadas por la SEP y cuenta con una serie de cuentos no publicados llamados Asforel que de igual manera son casi imposibles de encontrar.

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Luis Enrique Rascón Montaño es una de las plumas enterradas por el sismo de 1985. A sus treinta años la vida le fue arrebata junto con todos sus sueños y proezas que no pudo cumplir. Sin embargo, en una sola novela pudo plasmar todos sentires y saberes de una manera que no se había logrado, si leemos las nuevas plumas que tratan de crear un lenguaje único y alterado descubriremos que no alcanzan el ingenio de semejante escritor. Luis, gracias por darnos a Brenda Berenice.

Para leer el libro pueden consultar AQUÍ.

 


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