Por Jonás

El 28 de agosto de 1844, en una oficina nada ostentosa y entre el recelo de una mirada que no puede otorgar la confianza como un cheque en blanco, se conoció un dúo teórico que hasta nuestros días no ha podido ser superado. En las oficinas de un periódico radical se estrechaban la mano Friedrich Engels y Karl Marx.

¿Cómo imaginar aquella escena? ¿Cómo entenderla sin los resabios del dogmatismo? Por fortuna los actuales interesados por el pensamiento marxista, aún aquellos que desde el posmodernismo prefieren traerle como afiche publicitario, existe hoy la película El Joven Karl Marx, una cinta del cineasta haitiano Raoul Peck, conocido previamente por su citan “No soy tu negro” en el cual hace una crítica al racismo desde la visión de James Baldiwn.

El encuentro entre los alemanes no es fortuito, no es una escena simplona o la búsqueda por un momento cualquiera. Hasta el más inmaduro lector de Marx entenderá la dimensión que tiene este encuentro tanto para la vida de los personajes como para el futuro de la teoría que desarrollarán estos dos pensadores.

Ninguno pasa los 30 años de edad y ya están determinados a reunir a las masas proletarias y plantear un futuro certero. En eso la película muestra una tendencia para darle el sentido y la posición necesaria de lo que representa la crítica en Marx.

Al conocerse, nos mostrará la historia y este filme que plantea una fidelidad que se agradece desde la butaca, Marx y Engels se proponen realizar una obra juntos, esta primera expresión de compadrazgo llegará a través de la crítica al pensamiento crítico superfluo de algunos autores alemanes, entonces nacerá en 1845 el libro titulado como La Sagrada Familia, donde los autores polemizan en torno al pensamiento de los jóvenes hegelianos. Pero al mismo tiempo llevará un subtitulo que dice “o crítica de la crítica crítica”.

¿Se trata de una broma? De ninguna manera. Marx sabe que su tarea es crucial para hacer ver al proletariado de la época que existen recursos retóricos que carecen del rigor para hacer viable una posible emancipación, por eso en El Joven Marx vemos una perseverante historia que busca hacer necesaria la crítica frente al utopismo y la palabrería de algunos socialistas que, desde su posición pequeño-burguesa, dicen hablar para que haya justicia frente al capitalismo.

Por otro lado, decía René Zavaleta, un teórico marxista boliviano, que “Marx no escribió El Capital porque era Mar, porque si se tratase sólo de genialidad pudo haberlo escrito Aristóteles, sino porque estaba ya en condiciones de explotar un horizonte de visibilidad de la sociedad que no había existido hasta entonces”.

Por ello nos queda claro que Marx se preocupa por su entorno porque estaba en condiciones de poder desentrañar su carácter injusto, en esa medida como también lo asume Peck, se trata de una teorización ética que busca darle un vuelco al grueso de un sistema que muestra su verdadera cara: la injusticia.

Es cierto que Marx ya estaba en el proceso de redacción de sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844, que no se publicarían sino hasta el siglo XX. Justamente por eso es crucial su encuentro con Engels, punto que va explotar la película o será su cuestión nodal. Pues el encuentro entre ambos se da a partir de que Marx conoce el célebre escrito de Engels sobre La situación de la clase obrera en Inglaterra. Por esa razón encuentra Marx el germen de la crítica en una contribución que tendrá que hacer a la economía política burguesa.

Francisco Zarco, uno de los pensadores más importantes del liberalismo rojo, un demócrata radical que no tuvo empacho en escribir durante los momentos menos ideales para el periodismo, dijo alguna vez: la libertad de expresión no se pide, se ejerce.

¿Qué mejor refrendo de libertad de expresión ejercida puede existir que la irradiante crítica que nutre los textos? Y es que la crítica no es una cosa sencilla, pues es la articulación ordenada y correcta de todo aquello que hay que mejorar, o como dice Foucault, la crítica es aquella que surge de quienes “no quieren ser gobernados de tal forma”.

Por ello las contribuciones criticas siempre deben ser bien recibidas, pues más allá del reflejo ideológico que contengan, también representan nociones interesantes que nutren la posición casi siempre total del pensamiento en boga, es decir, podríamos incluso hablar de una defensa del concepto de hegemonía en Antonio Gramsci y decir que la crítica es su punto débil y al mismo tiempo su necesaria contraposición.

Muchos años previos a la expresión del intelectual mexicano, en el continente europeo la crítica ya circulaba a través de folletines y periódicos radicales bajo la pluma de Karl Marx. Al que hoy tenemos acceso a una humanización que lo despoja de ese pedestal construido a través de 150 años de ortodoxia y lectura más bien sacramentalizada.

Este acercamiento, aunque en un sentido industrial y cultural supone un primer encuentro para muchos, y la realidad es que podría ser un encuentro bastante claro y que pocos elementos barrocos expone, es decir, se concentra en presentar los elementos necesarios, con una guion bien estructurado y que no muestra una tendencia tediosa o rayar en un aspecto pedagógico que también demeritaría la obra y vida de Marx, además del proyecto que supone mostrar la vida de este intelectual y pensador que sin dudas causó una gran ruptura en la vida social.

Los tiempos no son favorables para estas expresiones, esperemos que el alcance de la película supere las fetichizaciones que han tenido otras experiencias frente a la vorágine posmoderna. Como aquella que narra que cuando se tradujo El Capital en EE.UU. no generó el mayor interés, sino hasta que un publicista lo anunciaba como el libro que daba las herramientas para acumular capital, y entonces se vendieron cerca de cinco mil copias.

Frente a esta cuestión, ¿nos encontramos ante un impasse, es decir, un callejón sin salida como anunciaron algunos aventurados al caer el muro de Berlín en 1989? Desde la ética política personal decimos que no, y en todo caso este acercamiento no tan rudimentario o academicista signifique un vuelco más interesante. Pero siempre, en estos casos, la expectativa no debe ser un cheque en blanco.