Texto y fotos por: Eriko Stark

Dos de octubre, México se encuentra frágil. El mundo respira fragilidad debido al esparcimiento de la muerte. Hablamos de muertes, sumas de vidas y cuerpos que no se les ha podido llorar con dignidad, no se les ha podido enterrar con calma, nuestros difuntos siguen alzando junto a nosotros.

Dos de octubre, a 49 años tu memoria parece apagada, una flama que respira bajo, que necesita más fuerza. El recordatorio del pasado es fijo, vive para recordarnos que una vez creímos que marchando juntos todo mejoraría, vive para recordarnos que aún amamos y por amor intentaremos cambiar todas las injusticias. Pero ahora, en el presente, en donde todos deberíamos estar marchando sin importar la fecha o las tristezas causadas por el reciente sismo, todos debemos marchar para obligar a nuestros gobiernos a responder y no se atreven, el gobierno ya no puede quedarse mudo, no dejaremos que se quede mudo, lo haremos hablar porque ninguna sociedad puede vivir inundado de lágrimas.

Dos de octubre, este año se recuerdan a las mujeres, marchamos por las mujeres que han vivido presas del pánico, impunes por tanta muerte, heridas por una estructura que las minimiza y convierte en cuerpos de un matadero machista.

Dos de octubre, marchamos por las personas que se fueron sin decir “Adiós” frente a un sismo que nos recuerda el poder de la naturaleza y nuestra responsabilidad con ella.

Dos de octubre, marchamos por las mujeres trans que fueron asesinadas impunemente, por los gays y lesbianas que son heridos por decidir sus formas de amar.

Dos de octubre, marchamos por los migrantes que buscan un mejor sueño a costa de las políticas brutales que hacen su travesía un infierno.

Dos de octubre, marchamos por los niños y niñas que han sido privados de su libertad y son parte de un mercado negro en pro de crecimiento.

Dos de octubre, marchamos por todos los cuerpos que no pueden salir a las calles a exigir justicia.

Dos de octubre, marchamos por Lesvy, marchamos por los estudiantes de Ayotzinapa, por los estudiantes que nunca tuvieron nombre ni luto.

Dos de octubre, marchamos por todos.