Por David Meneses Gómez

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del Marxismo.

Durante mi larga formación en la carrera de Estudios Políticos y de Gobierno, conocida también como Estudios Etílicos, siempre estuve influenciado por las distintas corrientes políticas. Desde las más radicales como el anarcochairismo orgánico, hasta las más convenientes –si es que hay alguna-, los largos debates –la mayoría realizados en las asambleas de los jardines del campus- entre posicionamientos y enervantes mentales. Al final me decidí por el Marxismo, el de Groucho Marx, mezcla entre Maquiavelo, un porción de Schopenhauer ( la menos(más) misógina quizá) y el bigote revolucionario sin tintes hípster.

Según la siempre confiable Whiskypedia (Véase también mis aportes al “Pequeño Larousse desilustrado”) Marx fue “un filósofo, economista, sociólogo, ​periodista, intelectual y militante comunista prusiano de origen judío”… sin relación con el Gran Marx, Groucho quien fue un filósofo del humanismo, un cómico sátiro , que fue más allá del humor y se convirtió en un pensador puritano, ya que fumaba puros y  en un sentido un hombre  vegetariano a su manera: “Yo no soy vegetariano, pero como animales que sí lo son”, quien nació a muy temprana edad, un 2 de octubre de 1890 en Nueva York, Estados Unidos.

Hoy en día, ¿qué podemos aprender de este genio? además de casarse cuatro veces y reflexionar que: “Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio”. Veamos algunas de sus reflexiones:

 

-“Citadme diciendo que me han citado mal.”

Quizás la mejor reflexión para un mundo digital donde a todo mundo lo hackean, le roban la cuenta o les da sus 5 minutos de furia, este axioma bien podría aplicarse a la presidencia de la república.

 

-“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.”

La máxima entre las máximas del Marxismo político, nuestros representontos hacen gala de esta frase en cada declaración, ya que los políticos son hijos del interés y la corrupción.

 

-“Bebo para hacer interesantes a las demás personas”.

Un verdadero clásico para todas las reuniones, sociales, de trabajo y familiares, ya que solo con un par de tequilas podemos intentar mostrar cierto interés a las banalidades de las personas y sus pláticas bizantinas.

 

-“Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”.

Si la política fuera en arte de hacer el bien público, ninguna organización admitiría a la clase de pulpos chupeteadores que hoy los dirigen.

 

– “El matrimonio es la principal causa del divorcio.”

-“¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”

 

¿Acaso hay frases más sabias que estas? No lo creo, y lo dice un hombre divorciado.

Creo que al final de cuentas con mis escritos poder alcanzar el éxito del Marxismo Grouchesco: Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria.

Marxismo o muerte señores…