Por Ricardo Zamora Jacobo

PRÓLOGO

Dada la reciente liberación del Dr. Mireles después de casi 3  años preso en una cárcel de alta seguridad en el estado de Sonora y poco después de su regreso a tierras michoacanas, inició una cruzada de concientización dirigido principalmente al sector juvenil en diferentes espacios universitarios como en la UNAM campus Morelia y algunas preparatorias de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) hasta que el pasado mes de agosto cuando se proponía a dar una charla sobre las autodefensas en la Aula Mater del Colegio de San Nicolás de Hidalgo, autoridades nicolaítas le negaron el paso y posteriormente le prohibieron la entrada a cualquier otro espacio de la misma universidad.

Es por eso que hoy recordamos un film de un género que no ha logrado penetrar en los gustos y preferencias de los mexicanos (a pesar de los arduos trabajos de Ambulante durante los últimos 12 años) por lo que Cartel Land pasó desapercibido mercadotécnicamente en los medios tradicionales, más allá de la publicación de notas periodísticas con escaso análisis y contenido al debate, lleno de ideas repetidas, (a excepción de los realizados por Proceso, patrocinador oficial del documental) y que por tratarse de un problema contemporáneo aún para el 2017, apenas logró una distribución de 50 copias a nivel nacional[1].

Tenemos ante nosotros un documental con gran aceptación entre el espectador por el hecho de ser de las pocas cintas que muestran el contexto socio-político que vivimos los mexicanos desde hace mucho tiempo, y que en el caso particular de los que vivimos o han vivido en Michoacán, se trata de un escenario que se ha impregnado en la vida diaria, a veces tan común que nos impide mirar más allá de los actos de coyuntura para conocer sus tintes particulares y las fuerzas externas que provocan en su interior, mutaciones y divisiones, aunque éstas se encuentren a la vista o solo sean vistas por aquellos que conviven hombro a hombro con sus personajes como lo hizo el equipo de filmación de Heineman.

El péndulo entre el bien y el mal

El argumento narrativo mostrado en el documental de Mattew Heineman, galardonado con la mejor dirección en el Festival de Sundance 2015, es el de llevarnos sobre un camino que se oculta por la debilidad de la conciencia humana: entre el egoísmo y los intereses particulares, entre la violencia y la ignorancia; todas ellas provocadas por los cinturones de pobreza que persisten en los pueblos mexicanos.

Desde escenas de temor hasta actos de valentía, el director estadounidense intenta discernir entre el bien y el mal, sustentado en un trabajo de campo en el estado americano de Arizona (5 meses) y el estado mexicano de Michoacán (9 meses).

Los dos protagonistas que interactúan intercaladamente a lo largo del documental, son en sí los movimientos civiles armados que luchan en contra de los carteles del narcotráfico (Antagonista – secuaz). La similitud entre ambos es haberse alzado en territorios con ausencia de la autoridad gubernamental, y cuyos brazos policiacos (falso aliado del protagonista) interactúan y confluyen generando una inmensidad de mezclas que construyen nuevos personajes mutados. Este previo punto ha sido argumentado por el director en diversas entrevistas realizadas por comunicólogos (y algunos periodistas mexicanos[2]), como un problema complejo que no cuenta con respuestas concretas a preguntas generalizadas y tan abiertas a las cuales ha sido cuestionado desde el estreno de su largometraje (tales como ¿Usted cree que el gobierno actuó de mala fe contra la población michoacana? ¿Cree que las autodefensas son auténticas? ¿Éstas son patrocinadas por el gobierno o el narcotráfico?, etcétera, etcétera).

Se trata de un documental que narra los hechos sin exponer una coda contundente ni generar un cliché, la virtud del documental es la de mostrar una historia sin ninguna línea editorial pactada, lo que hace que un largometraje de este género sea rescatable y proporcione un ejercicio de reflexión sobre un acontecimiento o problemática que permite, mediante hechos, testimonios y opiniones, contar su propia historia, se muestre a si misma a pesar de las fluctuaciones del problema socio político de Michoacán, provocados ya sea por factores internos (rencillas entre cabecillas del movimiento y filtración de narcotraficantes en las autodefensas) o externos (desprestigio de los poderes fácticos hacia los “justicieros”).

En 97 minutos y 36 segundos se nos muestra cómo se van construyendo los acontecimientos, donde los movimientos civiles armados son sujetos al mismo enemigo en la misma temporalidad y en espacio diferente, valiéndose de sus aliados de mayor confianza: el Doctor José Manuel Mireles y el veterano de guerra estadounidense Tim “Nailer” Foley.

Nos encontramos con un documental dividido en 8 actos: acto 1, problema de las drogas a manera de introducción; acto 2, Presentación del primer protagonista ¿Qué es el Arizona Border Recon? Argumentando la existencia de una “Frontera porosa” como razón de ser; acto 3, presentación del segundo protagonista ¿Qué son las autodefensas de Michoacán? Describiendo el grado de violencia cometido por el narcotráfico como su razón de ser; acto 4, descripción morfológica y pensamiento de los aliados de los protagonistas principales: José Manuel Mireles y Tim Foley; Acto 5, modus operandi de las autodefensas de Michoacán (cateos, detenciones, barricadas) con el actuar de uno de sus líderes, Paco Valencia, y la explicación de Mireles sobre el sustento del movimiento bajo el artículo número 39 de la Constitución Mexicana; acto 6, declive de las autodefensas a partir del accidente aéreo de Mireles. La batalla se vuelve más violenta desde dos frentes: el armado contra los carteles de la droga y el mediático por los poderes facticos; acto 7, modus operandi de los justicieros del Arizona Border Recon versus los llamados centinelas; acto 8, aniversario del movimiento de los autodefensas, su deterioro y división a causa de la filtración de grupos criminales como los viagras y posteriormente el “desarme” o incorporación de sus elementos en policías rurales; acto 9, el ciclo de la droga continua como un antagonista difícil de vencer por su rasgo evolutivo y capacidad de adaptación.

El símbolo del justiciero

Una de las preguntas que motivó a Heineman en realizar el documental de Cartel Land, fue en responder el por que las personas se disponen alzarse y tomar las armas. Aquí se presenta el personaje simbólico de la historia: la justicia. La justicia heterogénea que se expone para explicar la premisa del documental, es provocada a su vez por la morfología de los personajes que toman el papel de autodefensas de Michoacán, desde que se visten la playera blanca con los logotipos de identificación hasta que se encuentran en una incursión mirando hacia todas direcciones desde la mira de su arma ante una inminente emboscada. También es la heterogeneidad de ideas y pensamientos de aquellos gringos que deciden en cambiar de residencia hasta la frontera porosa entre México y Estados Unidos para conformar las filas del Arizona Border Recon.

En el minuto 30 del documental, Manuel Mireles por ejemplo, describe la morfología social de las autodefensas: “Todos los autodefensas hacen su trabajo habitual, soy médico cirujano, y otros compañeros fabrican tabiques, otros compañeros son pescadores, otros son leñadores, pero todos voluntarios para mantener la seguridad de nuestros pueblos”; ese origen antropológico diverso, se muestra visualmente con varios integrantes de las autodefensas que por su forma de hablar y vestir, muestran a todos luces que son inmigrantes repatriados, chicanos, dreamers, recién llegados a México.

Cada movimiento armado civil hace lo que cree que es correcto y realiza la acción necesaria para cumplir sus objetivos…, mientras nosotros como espectadores pudiéramos indignamos por la tortura física y psicológica a los individuos detenidos arbitrariamente por las autodefensas, en su contraparte ellos creen que su actuar está respaldado por la justicia a sus muertos; no necesitan pruebas para identificar a la gente del crimen organizado porque la gente que conforma las autodefensas (supuestamente) son los mismos oriundos de la región que tienen identificados desde mucho tiempo atrás, a los sujetos que conformaban las filas de los grupos delictivos, es decir, es una acción provocada por el mismo falso aliado que se señala en diversos momentos del documental[3].

En la puerta del infierno

El aislamiento ha quedado capturado por medio de las lentes de las cámaras Cannon C300, 7D y 9 tomas aéreas desde aviones no tripulados[4] utilizadas como secuencias y que fueron filmadas en su mayoría desde territorio estadounidense para mostrar la frontera artificial entre México y Estados Unidos. Los senderos rurales bajo la negrura de la noche, las extensiones oblicuas de matorrales y montículos de sierras que se pierden más allá del horizonte, componen el mundo narrativo de esa condición.

Una escena que en lo particular ha llamado mi atención pues uno de sus fotogramas fue utilizado como portada para promocionar su distribución en las salas de cine, son las siluetas de tres autodefensas vigilando un valle desde lo alto, donde el sol apenas se ha ocultado y dejado su rastro horizontal naranjado sobre el relieve accidentado. Ese fotograma muestra el abandono de los justicieros que luchan en contra de las adversidades burocráticas y el despojo del crimen organizado. Por eso el Dr. Mireles grita a todos los puntos cardinales “¡ustedes están en la puerta del infierno!”, que luchan contra la mala reputación que tanto autoridades y medios de comunicación dejan caer sobre ellos, así como la acción imparable del ciclo productivo (Michoacán) y comercial (Arizona) de las drogas.

“Solo les queda tomar las armas y defenderse”.

Estos majestuosos escenarios han demostrado por que Cartel Land ha ganado también el premio especial del Jurado a mejor fotografía de la competencia 2015 del Sundance. Demonios y ángeles representados entre los diversos individuos que conforman los personajes que confluyen en esta historia de terror, así como escenas con movimientos bruscos provocados cuando los camarógrafos quedaban atrapados en medio de un enfrentamiento; dice Heineman: “Ya no sabíamos de qué lado estábamos, si con los buenos o con los malos”[5].

Hay un fragmento especial que dura del minuto 58 a la hora con 4 minutos del documental. Heineman transmite la debilidad de los movimientos civiles armados a través de la mirada de desesperanza, miedo e incertidumbre de Foley y Mireles; los objetivos que anhelan los protagonistas recae en los hombros de estos hombres que rebasan los 50 años, al encontrarse abandonados caminando a la mitad de un valle mientras los zopilotes sobrevuelan la colina esperando a que se rindan, o a través de un camino en medio del bosque noctámbulo, donde la esperanza en sus miradas parece desvanecerse mientras buscan quitarse los pesos muertos de sus vidas. Pero la luna llena y el destello de los relámpagos que se utilizan en repetidas ocasiones como secuencias del documental, pareciera que reflejan pequeños fragmentos de luz de esperanza en medio de la negrura de noches de temor que sienten tanto protagonistas y filmadores.

CODA

A pesar de la acciones inhumanas de Foley y Mireles al grado de alejarse de sus familias, y que sirven como soporte para representar a los protagonistas (grupos civiles armados, vigilantes o justicieros como los bautiza el director), Heineman no logra acotar el mal, figurada en la nula consideración por la vida humana por parte de los integrantes de los cárteles de la droga, la asentada cultura del narcotráfico que acota los valores de la sociedad mexicana a una sola burbuja, o el ciclo de la droga impulsada por la oferta y demanda del consumidor americano. No logra discernirse quien es quien porque a voz de Foley, la línea entre el bien y el mal es imaginaria y por tanto, en un mundo de violencia que genera mayor violencia, los justicieros son carcomidos lentamente hasta ser absorbidos.

Las escenas noctámbulas y el vapor de la cocina de metanfetaminas ha servido como la vía de la metamorfosis entre el bien y el mal. El documental inicia con civiles armados cocinando metanfetamina y culmina con los mismos civiles portando ahora uniformes de la policía rural cocinando el mismo producto. Se cumple el temor de Mireles cuando éste le dice al oído y en voz baja al que apodan como Papa Pitufo en el minuto 65 y éste segundo queda con la mirada nerviosa hacia el piso: “No nos vayamos a convertir en los criminales que estamos combatiendo”.

Pero en el infierno existe esperanza como la escena grabada en el pueblo de Apo del Rosario de la Esperanza, donde Paco Rangel Valencia, uno de los líderes de autodefensas, es apoyado por mujeres, ancianos y niños, pueblo en general, en el intento logrado de impedir que los soldados desarmaran a los justicieros. Y es la esperanza y la organización del pueblo que responde a la pregunta del director, ¿Qué sucede cuando los ciudadanos se arman para defenderse? Sucede que ya no les hacen más daño, logran justicia y demuestran que el bien se impone ante el mal.

El documental de Tierra de Carteles nos genera una nueva interrogante a la sociedad mexicana ¿Nos encontramos en un avance o un retroceso? Desde los lobos que se escuchaban en las incursiones nocturnas a mitad del Valle Foley, acechando a los justicieros del Arizona Border Recon, hasta los que Mireles desde la sierra de Michoacán sentenciaba: “Los lobos siempre serán lobos”.


Notas al pie.

[1] Casi el doble de copias que se destinan para la distribución de documentales en salas comerciales. Remitiéndose a los estrenos del 2015 encontramos que “La sal de la tierra” de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado,  logró 24 copias en solo 7 ciudades mexicanas bajo la distribución de Cinépolis Distribución y ND Mantarraya, o el documental “Eco de la montaña” con 15 copias en 3 ciudades. En excepciones nos regresamos hasta al año 2011 para recordar las 200 copias a nivel nacional del documental “Presunto culpable”, a casi un año después de haberse estrenado en el Festival Internacional de Morelia

[2] Entrevista realizada el 7 de Julio a Matthew Heineman por Carmen Aristegui en CNN. Fuente: http://aristeguinoticias.com/0807/mexico/tierra-de-carteles-lineas-entre-el-mal-y-el-bien-mas-difuminadas-de-lo-imaginado-director-en-cnn/

[3] En el minuto 41 del documental, Mireles se dirige a sus compañeros: “Se detuvieron a los criminales, se le entregaron, la autoridad federal [sic], pero esta autoridad los libera con armas y así las masacres, las balaceras grandes comenzaron 24 horas después”.

[4] Remitirse a la entrevista realizada al director por Scott Macaulay el 13 de febrero de 2015 y publicada en la revista Filmmaker.

[5] Cita textual de Matthew Heineman durante la entrevista realizada por Carmen Aristegui en el programa de CNN previamente citado.