Por Iván Gallardo 

El más reciente aporte español al cine de horror llega de la mano de Paco Plaza con este largometraje sobrenatural titulado La posesión de Verónica (de título original Verónica), estrenado el pasado 6 de octubre en carteleras mexicanas.

Un claro guiño a este cine de género retro en la vena de “Super 8” y avivado el último año con la exitosísima serie Stranger Things, en una mezcla muy particular de referencias de esa época de transición entre el final de los 80’s y principio de los 90’s.

Basado en el famoso “Expediente Vallecas”, un insólito reporte policial de la policía nacional española que data de 1992, sobre los sucesos paranormales de los cuales fue testigo un oficial en el domicilio de la joven Estefanía Gutiérrez Lázaro, en Vallecas, quien aseguraba que extrañas cosas le sucedían después de una sesión de ouija en el colegio y que culminó con su fallecimiento en circunstancias inexplicables desde un punto de vista médico y científico.

En la cinta, a lo largo de cuatro días que comprenden desde el jueves 12 de junio hasta el domingo 15 del mismo mes, del año 1991, la historia narra los sucesos posteriores a una sesión de ouija en el colegio de monjas donde cursan, en el que Verónica junto con otras dos amigas intentan contactar al padre de la protagonista sin un resultado concreto.

Sin embargo, una serie de sucesos paranormales y extraños comienzan a plagar a Verónica, quien se ve seriamente afectada emocional y psicológicamente por este “ente” que poco a poco va ganando más terreno contra su cordura, bienestar físico y todos a su alrededor.

Paco Plaza, el director y mejor conocido por su trabajo con REC de 2007 (tan exitosa que contó con un prescindible remake norteamericano en 2008 con Quarantine) vuelve a utilizar la formula que funcionó la vez pasada: Sucesos fuera de lo normal en un ambiente y contexto ordinario.

Cambiando esta vez los zombies por entes demoniacos, Paco Plaza crea una vertiginosa caída de la rutina con Verónica (interpretada por Sandra Escacena), una chica adolescente forzada por sus circunstancias a actuar como adulto y cuidar de sus dos pequeñas hermanas y su hermanito.

Este distanciamiento de su madre (interpretada por Ana Torrent) la lleva a interactuar con la ouija y el ocultismo con un resultado espantoso y fatal, sin embargo, siempre existe la duda si es la sugestión peligrosa de la protagonista o fuerzas fuera de este mundo las culpables.

Los peinados icónicos de fin de época, mochilas de mezclilla y los reproductores WalkMan proveen el contexto histórico, mientras uno de los toques retro más vistosos para el oído entrenado es el uso de melodías en sintetizador al más puro estilo del horror italiano ochentero de Serie B y que aún tienen un seguimiento de culto entre los fans de línea dura del género.

Un punto importante para completar la atmósfera noventera es el uso continuo de melodías por parte de uno de los estandartes del rock de habla hispana de la época: Los Héroes del Silencio. Referencias en el cuarto de Verónica y utilizando un par de hits por parte de Bunbury y compañía queda perfectamente posicionado el sentimiento rebelde juvenil de la protagonista y el sonido musical relacionado con la década.

Una película bien realizada, sencilla pero creativa y fluida, La posesión de Verónica se presenta como una propuesta sólida que encaja a la perfección con el boom del culto por el pasado no tan lejano y que en esta pieza no es sobre explotado, si no dosificado y utilizado inteligentemente.

Una historia interesante con el clásico gancho de “basado en hechos reales”, personajes entrañables y un soundtrack por momentos calculado a la perfección, La posesión de Verónica es una opción perfecta para estos días fríos y macabros de octubre.