Texto y fotos por Eriko Stark

El cierre

Ciudad de México. 02 de febrero de 2011. 10:00 pm. La Ciudad funciona con normalidad, la gente regresa a casa después de una larga jornada de trabajo, faltan dos días para que sea viernes y puedan relajarse. Nadie se daría cuenta excepto los homosexuales que los últimos tres vagones de las Líneas 1, 2, 3, 8, 9 y B del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro quedarían cerradas, nadie imagina la causa. La orden de cerrarlos sin dar aviso previo a los trabajadores del STC provoca suspenso, nadie puede contradecir las órdenes de Francisco Bojórquez Hernández, Director General del Metro.

Dos días después se publica una nota en el periódico Excélsior con el título: “Metro sexual. Los últimos vagones son usados por gays para el destrampe; el GDF los cerrará por las noches”. La nota escrita por Francisco Pasos da el motivo de dicha acción: “Por los gays, porque se están apoderando de las instalaciones. Se tienen hasta grabaciones en las que se está teniendo sexo oral”. De un día a otro, todo México descubre el secreto del último vagón.

El día 05 de febrero se publica otra nota: “Metro, hotel subterráneo”. Francisco Pasos da continuación al tema explicando el fenómeno conocido como Metreo, palabra usada por los gays para ligar y tener encuentros sexuales en los últimos vagones. Los medios de comunicación disfrutan el banquete del escándalo.

06 de febrero. Se publica una caricatura con la siguiente leyenda: “EL ‘STC METRUS’ ES UN ANIMALITO QUE POR LAS NOCHES TIENE PROBLEMAS DE TEMPERATURA CORPORAL EN LOS ÚLTIMOS SEGMENTOS DE SU CUERPO. HA DE SER POR CULPA DEL CALENTAMIENTO GLOBAL”. La imagen ilustra un gusano de color naranja con gris que sufre una erección en su parte trasera.

07 de febrero. Se publica una nota con el título: “Instalaran más cámaras en el Metro”. Francisco Bojórquez Hernández anuncia la instalación de cámaras dentro de los trenes y mayor número de policías desplegados. El 08 de febrero se olvidan de darle continuación al tema porque es la inauguración de una nueva Línea del Metrobús.

¿A dónde irán los homosexuales sin su último vagón?

La historia del último vagón.

La historia del último vagón del Metro nace en la década de los setentas cuando homosexuales, lesbianas, travestis y transexuales vivían en una aparente libertad. En esa época no existía el Sida y la sexualidad era diferente a la de nuestra actualidad. La Zona Rosa era el lugar de predilecto para vivir, los días con sus noches se convertirían en la región más transparente de la comunidad gay. La Línea 1 del Metro tenía el color rosa, su estación más emblemática era Insurgentes, saliendo se encontraba la Glorieta, uno de los primeros lugares de encuentro para homosexuales. Varios escritores hablarían de la Glorieta de Insurgentes y mencionarían el Metro como un lugar idóneo para ligar. Con los años, la práctica del ligue se perfeccionaría hasta tomar el último vagón.

Existen varias teorías; la primera de ellas es la de un grupo de estudiantes de la escuela cristiana Y.M.C.A que utilizaba la Línea 1 para tener encuentros casuales con las chicas. Otras teorías hablan que varios homosexuales viajaron a otros países que tienen sistemas de trenes subterráneos donde los homosexuales igualmente ligaban, esta revelación la llevaron a la práctica en su Ciudad. Otra teoría está vinculada con el crimen en el Metro. Se decía que en los últimos vagones había un grupo de carteristas y ladrones dedicados al robo, al ser peligroso, muchos hombres decidieron utilizar el vagón que nadie quería abordar para tener ligues y encuentros. Con los años se fueron creando mitos y especulaciones hasta llegar a decir que en el año de 2010 nacieron estas prácticas. Algunos mencionan que su origen proviene desde el 2005 hacia adelante, pero la realidad es que desde 1990 ya se ligaba en el último vagón y desde mucho antes (en 1971) ya existían registros literarios sobre el ligue en el Metro.

Carlos Monsiváis fue el primero en poner en papel la definición del “Metreo”: “Allí se congregan, con los ritmos que marcan las redadas, los jóvenes gays más extremistas por su aspecto y por su habla, por su debut en estas lides o por su gana de exhibir veteranía. Transmiten su discurso con ese rumor iniciático que son los gritos y carcajadas. En la estación Hidalgo se dicen a sí mismos  “las metreras”, y allí les da lo mismo las represiones policiacas y el disgusto ante sus actitudes y su aspecto. Y las defiende la displicencia de la mayoría, poco dispuesta al papel del jurado, porque eso compromete, y temerosa de emitir su punto de vista porque lo último que quieren es juzgar”.

Monsiváis atribuye a “las metreras” (en femenino) a un grupo de jóvenes gay con rasgos indígenas, amanerados; de aspecto travesti u transgénero que se prostituyen en la estación Hidalgo a una calle de la Alameda Central, un espacio dedicado a la prostitución desde hace décadas. La referencia aparece en sus libros: Los rituales del caos (1995) y una repetición en Apocalipstik (2009). El término metreras pasaría al uso común y ya todos usarían las palabras: metreo, metrear, metreando entre otras. La suerte de la comunidad gay cambiara en 2011.

El juicio.

Un activista conocido como Manuel Amador Velázquez comenzaría el proceso legal en contra del STC y Francisco Bojórquez Hernández quien antes del cierre del último vagón ha tenido escándalos por declaraciones que han ofendido a la comunidad gay. En 2007, Bojórquez dijo que él “Limpiaría el Metro de vendedores ambulantes, prostitución y de homosexualismo”. Esta sería la primera batalla para Manuel ya que otros activistas LGBT se burlarían del caso y mostrarían indiferencia o interés político que no afectara a su economía. Manuel, Irwin Genaro Salazar de la Vega y otro sujeto anónimo presentaron sus quejas en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF). Mientras el caso era llevado, los gays enfrentaban los ataques por parte de la opinión pública. La imagen perversa que representaba un homosexual hacían formular ideas fuera de lo común, el miedo a infectarse con su sangre, infectarse con su semen que derramaban, las orgías y toda clase de prácticas sexuales consideradas “contra natura” incitaban a un odio incluso por parte de muchos gays que no utilizaban el Metro y acusaban a otros gays de promiscuos y desesperados.

La realidad de un país que continúa ejerciendo la homofobia y odio hace de lugares como el último vagón del Metro espacios necesarios para sobrellevar las vidas precarias y oprimidas por los contextos en que viven muchos hombres. Manuel Amador tuvo que hacerse de pruebas que contrarrestaran las declaraciones del STC. Todas y cada una de ellas fueron erroneas, Amador y la CDHDF demostraron que el Metro había bajado los niveles de inseguridad por lo cual la instalación de cámaras era innecesaria, que el conductor del tren debe mirar todos vagones para tener la perspectiva de cierre y no existieron videos de hombres teniendo sexo oral ni penetraciones, los único videos se encuentran disponibles en las páginas pornográficas hechos por los mismos usuarios.

A un año del cierre el STC volvió a abrir los últimos tres vagones, pero sin dar la noticia a ningún medio o explicación a los trabajadores, el suspenso se había terminado.

La realidad.

El último vagón del Metro es un espacio de homosociabilidad disponible a cualquier hora en cualquier estación. Los hombres que utilizan el vagón no van únicamente a ligar y tener sexo. La realidad de las personas homosexuales es que aún siguen viviendo en el anonimato y muchas vidas se enfrentan ante la precariedad, desigualdad y violencia. Usar el último vagón es un recurso para saber que existen gays, para entablar amistades, para encontrar un lugar seguro en donde no puedan ser discriminados por su apariencia o preferencia. No sólo existe el ligue y el sexo, de hecho, ningún policía de vigilancia ha podido encontrar las pruebas de sexo, si existen, se encuentra fuera del alcance del STC.

El activismo LGBT parece no existir, es falso, muchos de los partidos tienen en sus agendas de trabajo la erradicación de espacios homosociables como el último vagón porque no son bien vistos ante una sociedad rosa que desea guardar las apariencias. Al menos, en el caso del Metro hubo dos personas que estuvieron de acuerdo con el cierre. El primero de ellos es Héctor Salinas Hernández, un escritor de libros sobre género que tratan de combatir el machismo y la violencia hacía la comunidad gay. El segundo de ellos es David Razú quien en 2011 era un funcionario del PRD y fue el asambleísta que metió la ley de matrimonios igualitarios, el creador de la Ley Razú,y un sociólogo estando a favor de un cierre de un lugar histórico deja mucho que desear sobre nuestros activistas.

Actualidad.

A pesar de que el último vagón fue reabierto en el año de 2012 la Línea 1 es las pocas que cuenta con cámaras de vigilancia. Los últimos tres vagones ahora son uso para mujeres confundiendo el flujo ya que esta medida fue impuesta en el 2017.

El último vagón del Metro es uno de los espacios conquistados por la comunidad LGBT y se considera un patrimonio cultural e histórico. La literatura y poesía gay se han encargado de darle una voz al igual que los medios digitales. La única serie de fotos hecha sobre el tema le pertenece a Erik Murguia, un joven periodista de la CDMX. La serie se titula: El Octavo Pasajero. Un catálogo de la sexualidad clandestina gay.