Por Mixar López

Charlotte Gainsbourg está de vuelta en la música —si es que alguna vez realmente se fue—. Entre un calendario bastante sorprendente —según Internet, ha lanzado dos películas sólo este año, mientras que otra está en postproducción—; ha escrito y grabado un álbum, y ha creado una serie de videos para sus canciones —“Rest” y “Deadly Valentine” están actualmente disponibles en iTunes— dirigidos por el controvertido director Lars Von Trier, su mentor.

El video de “Rest” —la pista del título ralo, susurrante y nostálgico— monta imágenes nuevas y de pietaje, creando una estética pesarosa, voluble, que Gainsbourg describe como profundamente personal. “Tomando posesión de las imágenes, pude reflejar mi personalidad en las fotografías de archivo que seleccioné, o en las nuevas que filmé”, dice, y agrega: “Con este primer paso como directora, creé un lenguaje repetitivo a través de un rizo musical. Apliqué un enfoque similar a los videos de otras canciones en el álbum”.

Quizás extrañamente, para una mujer que ha construido su carrera profesional evitando la “corriente comercial adecuada”, a pesar del éxito comercial y crítico, Rest es casi deliciosamente pop-heavy. Las pistas sintéticas, cargadas de cuerdas recuerdan al Blackout y la resaca de Britney Spears, una comparación quizás anómala que se me ocurrió más de una vez en las repeticiones que hice del disco, sólo que con un tono experimental literario y despojado que lo eleva a algo más parecido al arte que a la cultura popular.

El inquietante e iterativo “Ring-A-Ring O’Roses” abre el álbum con una calidad suave e infantil que se refleja en su pista de cierre electro influenciada —de la que estoy menos que enamorado—.

Portada del disco.

“Esas dos canciones siempre fueron los sujetalibros del álbum”, explica Charlotte. “Recuerdo que SebAstian —el productor del disco— me preguntó: ‘¿Estás segura de que eso es lo que quieres decir en contra de ese ritmo?’ Pero así es como este álbum tuvo sentido para mí, en la contradicción entre las cosas, con la música que te lleva a algún lado y en todas palabras que van en dirección opuesta”.

Sin dilación está la conmovedora “Kate”, en la que aborda la muerte de su hermana: Kate Barry. Y mi canción favorita: “Sylvia Says”, cuyos tonos oscuros y melódicos podrían enmarcar a una película de terror en alguna casa de arte.

¿Puedes pensar en un disco que presenta un cameo de un niño que no es solo un clavo-en-la-pizarra?, ¿alguien-que-te-da-un-golpe-por-cuenta-de-su-recurrente-sueño-irritante? Puedo pensar en uno, y no es la canción de siete minutos que cierra este álbum —“Les Oxalis”—, es, si debes saberlo: “97 Bonnie and Clyde” de Eminem. Supongo que el niño en cuestión está relacionado con Gainsbourg y que, por lo tanto, ninguno de los miembros de su equipo de producción tuvo el corazón para señalar que este tipo de interludio sacarino alienará al grupo demográfico de su audiencia que aún no está enamorado de la obra de Anne Geddes (fotógrafa australiana de bebés de calendario).

Además, el comunicado de prensa se refiere a las pistas del álbum como “ensayos”, para sugerir que ofrecen un análisis profundo y perspicaz que simplemente no se encuentra en la ejecución de las canciones finales del disco. Están equivocados. Estas son sólo canciones, muy buenas en su mayor parte, y excelsas, como en “Songbird in a Cage” escrita por Paul McCartney.

Rest es un trabajo confiado y compositivamente fuerte, que sólo se ve socavado por sus inevitables pretensiones… y por el fantasma de su padre que aún ronda en su música.