Por Mixar López

La estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón aturdido, la vida pasando como estas palabras. Lunes, martes, miércoles, enero, febrero, diciembre, otro año, otro año, otra vida. La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia; escribe Jaime Sabines, así, el Puñal de Dante Spinetta causa una herida con dolor a rutina, a lujuria, a remordimiento, a cansancio.

Un disco compuesto emocionalmente partido, transitando el aislamiento y al mismo tiempo el desenfreno de la ciudad de Buenos Aires, que puede ser también cualquier ciudad del mundo… cualquier soledad del mundo.

“Arranqué imaginando un disco orquestal y la idea se fue expandiendo, convirtiéndose en un álbum donde conviven el mundo con la mística del Rock argentino y el Rhythm and Blues. Puñal es mi disco más vulnerable… real.”. Expresa el IKV, y todo parece ser que sí, las entrañas están a flor de piel, el Puñal es un corazón puntiagudo, capaz de crear llagas que no sanarán nunca, una herida que causa otra herida, sombra perdida entre las sombras. Puñal es lo que pasa cuando te encuentras con tu otredad y descubres que es la soledad misma. Te reconstruyes a partir de ahí, con el corazón vacío, pero aún penetrante.

Compuesto y producido por el hijo del juglar surrealista porteño por excelencia, a excepción de “Laberinto”, que fue producida por Rafa Arcaute. Todos los instrumentos fueron ejecutados por Dante, “con la necesidad de transmitir esa intimidad y punto de vista sónico”, al lado de Leo Sujatovich y la Orquesta Filarmónica de Praga, para afianzar toda esa soledad.

Puñal es un espejo que se pliega hacia el infinito, un cuchillo y una herida que no cesa de lacerar… la memoria, un álbum que en verdad es una ventana hacia la negrura. Canciones escritas con el corazón desangrado, ingrávido, como un fantasma en la oscuridad.

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