Por Javier Armendáriz

Una de las razones por las que nos gusta tanto la ficción es porque, de una forma u otra, siempre nos apoderamos de ella. A una serie de acciones, ya sea en imágenes o palabras, la tomamos y le vaciamos significados de nuestra cosecha personal en las brechas que siempre quedan entre los signos. Entonces, estas historias se vuelven parte de nosotros, nos hablan, encontramos en ellas nuestras propias preguntas, preocupaciones, intereses.

Es diciembre y esta temporada siempre me remite a uno de mis libros favoritos: El Guardián entre el Centeno, de J.D. Salinger. Ya saben, ese libro sobre un adolescente vagando por Nueva York luego de ser expulsado de la escuela, tan popular porque te mete ganas de matar a John Lennon cuando lo lees.

La cosa es que los acontecimientos de Guardián suceden en diciembre, en los días antes de Navidad y cada año invariablemente en estas fechas termino recordando a Holden Caulfield y haciéndome preguntas: ¿Qué habrá pasado con él luego de volver a casa? ¿Por qué está hospitalizado al momento que comienza a contarnos su vida? ¿Habrá crecido, madurado y se habrá convertido en todo eso que trataba tan desesperadamente de no ser? Preguntas, muchas preguntas.

Entonces un día, de la nada, el cielo se abrió, trompetas celestiales sonaron y encontré la respuesta a mi pregunta: ¿Qué fue de Holden Caulfield? La respuesta nos la dio Martin Scorsese en 1976 con Taxi Driver. Travis Bickle y Holden Caulfield son la misma persona, quien sigue vagando por Nueva York una década después de lo sucedido en el libro de Salinger.

Si uno se detiene un poco a pensar, Caulfield y Bickle comparten muchos rasgos de personalidad sospechosamente similares: ambos son seres antisociales desilusionados ante el mundo que tratan de mantener viva la “pureza” del mundo al proyectarla sobre alguien más, que se vuelve una especie de bastión para darle sentido a sus propias existencias.

Holden no parece ser el adolescente más equilibrado mentalmente. Cuando inicia la narración en el libro, lo hace desde la cama de un hospital sin explicarnos muy bien cómo terminó ahí, aunque no es difícil imaginar que tuvo alguna especie de colapso nervioso. A los dieciséis años, esto puede ser simplemente una mala mezcla entre la adolescencia, las tragedias familiares (la muerte de Allie, su hermano menor, parece ser el detonante de la inestabilidad de Holden) y una naturaleza quizá demasiado sensible. Holden ve un mundo decadente y se encuentra desesperado por salvar aquello que aún no está contaminado, lo que es puro, inocente, genuino. De ahí nace su deseo cuidar que los niños no caigan en el precipicio a la orilla del campo de centeno: es su manera de decir que quiere evitar que esa pureza que él ve en la infancia se vea destruida por el mundo exterior. De alguna forma, Holden quiere evitar que la tragedia de Allie se repita, pues cuando su hermano menor murió fue cuando él mismo cayó por el precipicio.

Saltamos diez años en el futuro y tenemos a un Holden que, inevitablemente, sigue en caída libre. Ahora veterano de guerra, su mente también se ha deteriorado con el paso del tiempo. Cortó lazos con toda su familia, se cambió el nombre a Travis Bickle y  continuó encerrando en sí mismo y sus fantasías, ahora detrás de un volante. Lo que le molestaba en la adolescencia de la humanidad ahora se ve remarcado en las escenas de violencia que encuentra en los clientes de su taxi. Si hace una década le resultaban insoportables los pequeños detalles de la naturaleza humana, ahora que ha visto la guerra y es testigo de la decadencia en los callejones de su ciudad durante la noche, su misantropía se acentúa. Holden sigue combatiendo esta decadencia de la misma manera que en su adolescencia: creando ídolos, pilares que representan la pureza en su cabeza. Esto es lo que hace cuando conoce a Betsy como a Iris.

Betsy, como todos recordamos, es la chica que trabaja para la campaña de Palantine. A Holden solo le basta mirarla a través de una ventana para decidir que ella es el tesoro, la pureza perdida de la cual él mismo se ha declarado guardián. Es lo mismo que hacía con Jane cuando era adolescente, aquella chica que representaba de alguna forma el ideal amoroso en su juventud.

Pero, güey, me estarás preguntando en este mismo momento tú, querido lector, gracias a un extraño fenómeno telepático, Travis lleva a Betsy a un pinche cine porno. ¡Holden jamás haría eso! A lo que yo respondería que no lo hubiera hecho cuando era adolescente y no estaba tan jodido de la cabeza. Pero ahora está más desconectado de la realidad que antes, de verdad considera perfectamente normal llevar a una chica a un cine porno. Holden, de una forma u otra, se ha visto lastimado por las experiencias de su vida y esto ha tenido sus consecuencias. Ya desde adolescente solía escaparse de los problemas mediante fantasías irrealizables, como huir de la ciudad e irse a vivir a un lugar lejano mientras finge que es sordomudo. Diez años después no puede distinguir un cine triple equis de uno normal. Además, la forma violenta en que reacciona Bickle cuando Betsy se saca de onda por la clase de sitio a que la están llevando es muy similar a cuando Holden reacciona de forma violenta cuando Sally, la chica con la que tiene una cita en la novela, rechaza su invitación a huir con él.

El punto de no retorno llega cuando Travis/Holden conoce a Iris. Aquí es cuando se quiebra definitivamente. Iris es una niña prostituta, representa el pináculo de lo que Travis/Holden no puede tolerar en el mundo. Es la pérdida de la inocencia definitiva. En Iris, Travis/Holden ve a Phoebe, su hermana menor que, además, fue el ideal de la inocencia durante su juventud. El último circuito en la cabeza de nuestro taxista favorito termina por quemarse y es cuando Travis/Holden decide tomar cartas en el asunto. Si no pudo evitar que Iris cayera por el precipicio a la orilla del campo de centeno, entonces él mismo va a bajar hasta el fondo a balazos para treerla de regreso. No olvidemos que Travis/Holden ya tenía cierto gusto por romantizar las armas de fuego, como cuando de joven fantaseaba con ser herido por una cuando abandona un bar.

Pero, güey, me vuelves a preguntar, querido lector, gracias a la íntima conexión mental que compartimos, de todas formas la cronología no tiene sentido. El Guardián entre el Centeno sucede en 1951 y Taxi Driver en 1976. Hay diez años de diferencia en las edades entre Holden y Travis, pero más de veinticinco entre los acontecimientos de las dos historias. ¿Cómo explicas eso? A lo que yo te respondería que Marty McFly también existe en este universo narrativo y el desmadre que arma en el espacio-tiempo durante la trilogía de Volver al Futuro provocó esta incoherencia cronológica, pero esa es una historia para otro día.