Por Mixar López

Como todas las modas,

la literatura está hecha de novedad

e imitación.

Leopardi

¿Quién lee novedades literarias?, uno se pregunta, y me gusta pensar que las leen hombres y mujeres en las filas de un McDonald´s; que las leen los mismos escritores y camaradas de esa novedad en viajes aéreos transcontinentales en vez de ver películas banales y vulgares para matar el tiempo; que las leen críticos y reseñistas sagaces y bien informados, quienes parecen sentir que la novedad narrativa bien puede contribuir a nuestra comprensión mercantil de unos y otros, y algunas veces, del confuso mercado editorial que nos rodea.

La novela, el ensayo, la crónica, en todas sus grandezas, exigen, al menos, algún conocimiento de las unidades clásicas, que preservan ese lazo misterioso entre la estética y la moral: pero que esta “antigüedad” inexorable excluyera la novedad en nuestras formas de vida sería ¿lamentable? Algunos conocemos la novedad como una película basada en la saga de George Lucas protagonizada por Adam Driver, oros, a través de la transgresión de la cultura y la tradición mexicana por una empresa estadounidense de animación.

En los productos literarios de mis estimados colegas que presento aquí, encuentro esos lazos extraviados que desconciertan la estética tradicional, sin convertirse nunca en novedad, sino más bien, en verdaderos clásicos.

 

Perro de Ataque

Darío Zalapa Solorio

Ediciones B

Darío Zalapa (Paracho, Michoacán, 1990) es el escritor mexicano joven más talentoso en la actualidad, si debemos referirnos a alguien como escritor, debe ser a él y a nadie más; Zalapa es un artífice que lleva el oficio de la escritura a su máxima potencia, y lo demostró con su primera novela y su primera incursión en la literatura policiaca, la “negra”, que aborda, al igual que Caneyada, desde el autoexilio y la extradición, pues nada había leído de aquella literatura de notas rojas; alguien le había recomendado El Halcón Maltés y algo de Ellroy, nada más, y son precisamente esos referentes que reconocemos en “El Perro”: la astucia y la violencia. Digo extranjero, al igual que Imanol que vino de otro país y que lo describe mejor que cualquier mexicano, Zalapa es al igual, un extranjero en la literatura de los uniformados, y la teclea con una madurez admirable.

De Perro de Ataque, Darío Zalapa Solorio ha dicho que:

“Finalmente, no pretende ser un testimonio a la manera de Los periodistas de Vicente Leñero. La ambición de la novela radica en un ejercicio ficcional que la obliga a guardar distancia de los hechos reales, pero que también le permite nutrirse de la cotidianidad. Si bien, una de sus principales fuentes de documentación es el acervo periodístico que registra la violencia contra la prensa durante el sexenio de Felipe Calderón, pero presenta personajes, acciones, ambientes y escenarios surgidos de la ficción.”

Una novela que rompe con el canon de lo policíaco en México, que aborda con astucia y una enfermiza perfección, la de un escritor obsesivo compulsivo. Perro de Ataque es la fisura de un género tan explotado, minado hasta el cansancio, hasta dejar nada, tan sólo convenciones y estereotipos. Zalapa lo renueva con una mordida rabiosa, un instinto de ataque… suelta a los perros y apuesta.

 

El Billar de los Suizos

Memorias Atendidas

Guillermo Fadanelli

Cal y Arena

“Lo poco que me es posible prometer aquí es que si mis crónicas se leen con buen ánimo y sin mala leche entonces el viaje será compartido y nadie se arrepentirá”, escribe Guillermo Fadanelli a manera de prefacio en El Billar de los Suizos, una colección de crónicas de un viajero solitario, cuasi misántropo, no grato y modesto; las crónicas de un escritor mal humorado que hubiera preferido realizar un viaje de cuarenta días alrededor de su habitación y no exponer a los otros el mal rato de su presencia y compañía, no obstante, este alcohólico refinado y filósofo por diversión, se ha lanzado al mundo sin paracaídas y ha recolectado, cual pepenador, una serie de amistades y anécdotas a partir de una vagancia cuyo único paradero es el nihilismo. Éste es un libro para seguir odiando a la humanidad y desternillarse de risa.

 

La Superficie más Honda

Emiliano Monge

Random House

“Un bestiario del hombre como lobo de sí mismo: de la intimidad del terror hasta la voracidad de un linchamiento”, se escribe en el cintillo de La Superficie más Honda de Emiliano Monge (México, 1978). Más que un “bestiario”, el de Monge es la agenda personal de la violencia, aquella que opera con sigilo y sutileza, con destrucción fina, con un silencio magistral, y es este precisamente el personaje principal en los once cuentos reunidos en este libro, el silencio, el rictus, el miedo, la muerte. El hombre no es el “lobo” de sí mismo, sino la expiración de los demás. La superficie es un verdugo, y es tan honda como el silencio.

 

La Conquista del Monte de Venus

Joserra Ortiz

Abismos

Es esta novela la que más me entusiasma enlistar como una de las mejores (que leí durante) todo el año 2017, por su estructura, narrativa, singularidad e ingenio, por sus culturismos, ¿quién más ha logrado meter en sus libros a John Waters? La Conquista del Monte de Venus de Joserra Ortiz (San Luis Potosí, 1980) es una novela que viene desde abajo, desde el underground o desde el Abismo, como bien lo apunta su editorial. Una historia que comienza con un hombre perdido, arrastrándose en el Valle de Guadalupe en Baja California Sur una tarde calurosa de 1923, buscando el Egipto art decó que vislumbraríamos en “Los Diez Mandamientos” de Cecil B. deMille con Charlton Heston, o como bien lo ha dicho ese gran cerebro que es Víctor Santana, este libro es “una persecución policiaca sin crimen y el concierto perfecto de las obsesiones de Joserra Ortiz”. Noventa y ocho páginas colmadas de pornografía, cine exploitation, bohemia, desgobierno y toda la decadencia de la edad de oro del cine americano, adornado todo con la caída del oficio verdadero, la enemistad, el desamor y el arte como utopía.

Alguien más ha dicho que “La Conquista” de Joserra Ortiz son: “pájaros negros que se desbandan a veinticuatro cuadros por segundo en una película de Hitchcock, robots revelándose contra la clase intelectual del poder, luciérnagas que tiritan en la oscuridad de la desmemoria. Un tributo, el gran tributo, dedicado a quienes estamos deteriorados, deformados por el cine”.

Joserra se afirma con este libro como la combinación perfecta entre Marcel Duchamp y el Oso Yogui (Bef Dixit).

 

Dafen: Dientes Falsos

Pierre Herrera

FETA

En el ensayo creativo contemporáneo mexicano sólo entran dos palabras: Pierre Herrera.

Dafen es una pequeña villa situada en los límites de Hong Kong, ahí, reside una comunidad de artistas anónimos que se dedican a crear producciones fieles de las obras más demandadas de los grandes fetiches de la historia del arte, reproducciones que van a parar a occidente, al departamento naif de un catedrático, una oficina de telecomunicaciones, la sala de operaciones de ‘Broken English’ o a la estancia de quien esto escribe. Pierre Herrera (Morelia, 1988) ensaya —tras haber sufrido la pérdida de un diente y ser beneficiado después con uno de “imitación”— sobre la autenticidad y la originalidad, sobre el plagio, el robo, la copia, la duplicidad y los mecanismos de apropiación. Un ensayo escrito en verso, con una prosa tan perfecta como las reproducciones elaboradas en Dafen, y una técnica depurada, “la técnica de escribir como otro”. Pierre Herrera se pregunta ¿con cuántas voces escribo cuando escribo? Todo fue hecho ya.

 

Cuaderno de Faros

Jazmina Barrera

FETA

Cuaderno de Faros es quizás, al lado de Dafen, el libro más hermoso que leí este año. La prosa de Jazmina Barrera (Ciudad de México, 1988) es limpia y tórrida, como un abrazo o el centellar de la luz de un faro que en la noche nos brinda orientación. Este libro es una sublime colección de apuntes de viajes, crónicas personales, recuerdos de lecturas y referencias históricas sobre la efigie del faro. Nos hace aminorarnos frente a la imposibilidad de no tener uno cerca mientras leemos sus cuadernos; una nostalgia lejana, pueril, sobre los faros de la infancia, aquella luz que se encendía en la noche en las costas de nuestra habitación, en las costas del mundo.

Los faros hablan con ese idioma primordial de las llamas y su mensaje es, en primera instancia: aquí hay humanos.

 

Loca Academia de Astronautas

Carlos Velázquez

Universidad Autónoma de Nuevo León

Carlos Velazquez es un género literario en sí mismo, no hay nadie que pueda igualarlo, pese a ser imitado y plagiado por muchos. La Universidad Autónoma de Nuevo León, al lado del Director Editorial Antonio Ramos Revillas, tuvieron a bien editar un cuaderno con dos de las crónicas más célebres de Velázquez, necrologías que versan sobre las teiboleras, las verdaderas astronautas, “las que conquistan el espacio”, “las que seguro en la adolescencia tenían sueños en los que surcaban los aires, ahora se apasionan con el tubo”.

“Aprende a amar el plástico (una noche en el Matehuala)” y “Loca Academia de Astronautas” conforman las crónicas más descampadas de un Carlos Velásquez más acido que nunca.