Por Carlos Velázquez

La cocaína llegó a mi vida como la zapatilla al pie de Cenicienta.

En 1978 Hunter S. Thompson dijo: “Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo eso, yo no sería nada”. Es una coincidencia escalofriante que lo haya pronunciado el año de mi nacimiento. Cuando leí esta declaración de principios me sentí plenamente identificado. Sin las drogas no sólo no me hubiera dedicado a escribir, sino que jamás me habría sentido un ser humano.

La cocaína acudió a mí cuando más la necesitaba. Estas memorias no son una apología de la droga. Son el testimonio de mi paso por la adicción. Al alcohol, al LSD, pero principalmente a la cocaína.

La soda, el chichiflín, el pascual, el fifí, el corn flakes, la caspa del diablo, doña blanca, etcétera, ha sido con quien he entablado la relación más duradera de mi existencia. La coca me ha acompañado siempre.

Acá te compartimos también el playlist con el que el autor escribió su libro:


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