Por David Meneses Gómez

Desde hace años y sexenios, me dedico al peculiar trabajo de ser asesor en campañas políticas, con distintos partidos y candidatos, de todos los colores y sabores ideológicos, solo para que el ciudadano escuche la canción de Raphael en su versión electoral:

Yo soy aquel

que cada moche te persigue

yo soy aquel

que por tu voto ya no vive

el que te promete

el que te convence

el que quisiera

ser el dueño de tu voto, de tu voto.

Al grito Echeverrista de “!arriba y adelante¡” (que por cierto luego se convirtió en el eslogan de una compañía contra la disfunción eréctil y nuevamente el grito de cierto canditonto) me he lanzado a distintos lugares de todo México. De mis aventuras de campaña he aprendido mucho, como por ejemplo que se debe dar de comer en los acarreos los actos libres de apoyo sincero a los candidatos dedocraticamente elegidos.

En cierta ocasión, recordando que el sur también existe, viajé a la zona de Oaxaca, y bueno, al lugar que fueres regala lo que debieres, y como yo estoy acostumbrado a la vieja fórmula “lonche + frutsi” y sus distintas variantes, como en Guadalajara, donde resulta un caos logístico al repartir las tortas ahogadas (Pequeño Larousse desilustrado: torta ahogada: platillo típico de Jalisco en la cual el bolillo, llamado birote salado , se rellena de carne de cerdo frita y se sumerge o Ahoga en una salsa de jitomate y picante, eda) ya que la final el pan queda tan aguado como el candidato o en la llamada Ciudad de México, antes el DeFectuoso con su torta de tamal y sus quesadillas sin queso, pero en Oaxaca fue sorprendente ver que con un alto grado de humedad y calor revolucionario, se repartían tamales oaxaqueños, resultando un mitin acalorado, después de ver cómo la gente se limpiaba con los trípticos pensamos que sería mejor envolver los tamales con hojas de “Chayote” para que la gente leyera las propuestas del canditonto y así tener la plaza y la panza llena de propaganda política.

Así que ya saben amiguitos, si en las próximas fechas usted acude como voluntariamente acarreado a algún acto de campaña y disfruta de un platillo típico electorero, ya sean Sopes Obrador, café descafeinado a la Meade, yogurt Anaya (con todas sus propiedades), tacos de buche, de lengua revoltosa y rinconera, un caldo de hueso y tuétano, manitas de puerco partidista, camarones Maruchan a las brasas, pollo rostizado y ranchero (como el candidato), mole enlodado con arroz chino, frijoles puercos  marranos –cochinos, garnachas con babosos nopales, chapulines partidistas, huevo con chile, caviar de robadó, perros (y candidatos) calientes, carnita asada con chorizo del que traen los inditos de fuera, tostadas de pata con uña de caravana política, enchiladas de blanquillo  y pulpo en su tinta con tentáculos, denme las gracias por elegir el menú campañesco.

Y estoy aquí

aquí, para prometerte

estoy aquí

aquí, para robarte.

Yo estoy aquí

aquí, para

vota, amor

amor, vota.