La primera y original versión de este texto fue publicado en esta revista en el año 2012. El texto se acopló y se modificó acorde al presente.

 

Por Manuel Ayala

 

 “La energía es muy importante en estos tiempos; a menudo les falta poder a los grupos de agitación callejera de Europa o América.” / Serafima, Pussy Riot

“No tenemos nada de qué preocuparnos, porque si la policía represiva putinista nos mete en la cárcel, cinco, diez o quince chicas más se pondrán balaclavas de colores y continuarán la lucha contra sus símbolos de poder.” / Kot, Pussy Riot

 

En septiembre de 2011, Vladimir Putin vaticinó públicamente que para marzo del 2012 regresaría a la presidencia de Rusia. Una noticia que fue tomada por gran parte de la sociedad rusa como altamente preocupante, ya que la corrupción, la pobreza, los ataques terroristas y sobre todo la pérdida de ciertos valores civiles han sido puntos constantes dentro de su reinado (como presidente y primer ministro) en el Kremlin.

Ante esta circunstancia, en octubre del 2011 un grupo de jóvenes, principalmente mujeres, conformaron el colectivo llamado Pussy Riot, mayormente conocido como un grupo musical que se desenvuelve dentro del género punk rock feminista y contestatario, quienes en ese momento se dieron cuenta de que ese país necesitaba “un grupo militante, punk y feminista que se moviera por calles y plazas, movilizando toda la energía pública acumulada contra los corruptos malvados de la junta de Putin”, como mencionara Serafima en una entrevista realizada por la revista Vice España.

Entrevista en la que también agregó que con esto se trataría de “enriquecer así la oposición cultural y política rusa con temas que nos importan; los derechos de la mujer, y de gays, lesbianas y transexuales, así como denunciar la ausencia de un mensaje político valiente en las escenas de música y arte, y la dominación masculina en todas las áreas del discurso público”.

En esta banda/colectivo participaban aproximadamente 10 mujeres artistas, todas de manera anónima o con seudónimos, además de unas 15 personas más quienes ayudaban en el montaje, producción y grabación de sus videos, los cuales se publicaron en internet.

Ataviadas con prendas diminutas y estrafalarias –como contraposición al escandaloso clima frío que permea por esa región-, además de medias y balaclavas de diversos y divertidos colores, desde el momento de su formación se habían venido manifestando abiertamente en contra de la campaña política de Putin, quien finalmente sí regresó al poder envuelto en un escándalo de fraude. Aunado a eso, estas chicas han continuaron con la firme intención de derrocarlo de su privilegiado sitio, mediante presentaciones esporádicas situacionistas e ilegales en lugares impensables e incómodos para la sociedad y el mismo gobierno, siempre negándose a realizarlos en lugares convencionales o adecuados para la música.

Estos han sido una especie de actos “musicoterroristas” o “performances de guerrilla”, como les han llamado en distintos medios alrededor del mundo. Uno de estos actos lo realizaron en enero del 2011 en la Plaza Roja, un lugar altamente simbólico y representativo del país, donde tocaron “Revolt in Rusia”. Al final de su manifestación fueron detenidas bajo la aplicación de fuertes y rigurosas normas anti manifestaciones y disturbios, siendo liberadas unas horas después bajo el cumplimiento de unas multas pequeñas.

Así, la banda se ha caracterizado por tomar como bandera el movimiento Riot Grrrl, gestado en los 90’s en los Estados Unidos. Además de influenciar –como ellas mismas lo han mencionado- su trabajo con el de artistas como Valie Export (Austria), Alexander Brener (Rusia), Artur Zmijewski (Polonia), Santiago Sierra (España); de activistas como The Yes Men (Jamaica) y Bell Hooks (EUA); escritores, filósofos y teóricos como Vladimir Sorokin (Rusia), Michel Foucault (Francia), Julia Kristeva (Bulgaria-Francia), Gayatri Spivak (India); feministas como Simone de Beauvoir (Francia), Shulamith Firestone (Canadá), Elizabeth Grosz (Australia), Kate Millet (EUA); músicos como John Cage, Pierre Boulez y Nina Simone (EUA); hasta del luchador el Místico (México), de quien toman su atuendo enmascarado, según la revista Fifi.

Luego de los performances que realizaron en gran parte de su ciudad, tres de las integrantes de la banda, Nadejda Tolokonnikova, de 22 años; Maria Alejina, de 24 años; y Ekaterina Samutsevich, de 29 años, fueron detenidas en la prisión de Butyrskaya en marzo del 2012. El motivo fue que el 21 de febrero de ese mismo año el grupo se presentó de manera espontánea en la Catedral del Cristo Salvador, la más importante de la iglesia ortodoxa rusa. En ese acto la banda interpretó una “Oración punk” llamada “María madre de Dios, ¡Líbranos de Putin!”.

A estas tres chicas se les acusó de “vandalismo cometido en grupo organizado”, según el artículo 213 del código penal de Rusia, por atentar contra los valores tradicionales de la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), lo cual las llevó a varios años de prisión.

Cabe mencionar que el pasado 6 de junio de ese mismo año, ya con Putin en la presidencia, la Duma Estatal (cámara baja del parlamento) aprobó una polémica ley que endureció las condiciones para celebrar mítines en Rusia, gracias a los 241 votos a favor del partido de Putin, Rusia Unida. Motivo por el cual el juicio de las Pussy Riot se alargado demasiado. “El diablo se burló de nosotros”, mencionó al respecto Vlamidir Gundiayev, conocido como el patriarca Cirilo I, jefe de la Iglesia ortodoxa rusa, durante un debate publicado el 25 de junio del mismo año por la revista Novoe Vremia.

La situación s tornó grave, el caso mostró que son muy estrechas relaciones entre la iglesia ortodoxa y el gobierno de Putin, de acuerdo con ciertos personajes del momento, lo cual ha creó una división de opiniones en todos los estratos de aquel país debido a que fue el mismo Putin –quien se opuso abiertamente a los miembros del grupo- el que de manera “devocional” llevó su propio control en la investigación. Sin embargo, durante el mismo proceso, hubo quienes de manera airada pidieron castigos severos para las tres mujeres, como el azote público; otros más, incluso religiosos, solicitaron que se les liberara o se les aplicara una condena mediante multas administrativas y servicio comunitario. Pero nada de esto pasó, se fueron a la cárcel.

Ante lo severo y denigrante que resultó el tratamiento del caso, a finales de junio de ese mismo año, más de 100 artistas célebres y políticos rusos publicaron una carta abierta en defensa de las tres mujeres. En ella pidieron su liberación y consideraron que su inculpación desacreditaba al sistema judicial ruso. Entre los que firmaron la carta se encuentraban la actriz Chulpán Jamátova, representante de Putin en su campaña electoral; los directores de cine Eldar Riazánov, Andréi Konchalovski y Fedor Bondarchuk (éste último apoya a Putin); el director de teatro Mark Zajárov; Yuri Shevchuk, del legendario grupo de rock DDT; el escritor Boris Akunin; la escritora Liudmila Ulitskaia; el millonario Aleksandr Lebedev, dueño de Novaya Gazeta, el único diario de oposición ruso y de varios diarios ingleses.

Altos funcionarios como el defensor Vladímir Lukín; el ministro de Justicia, Alexandr Konoválov; y el exministro de Finanzas, Aleksei Kudrin, se unieron a las voces de reproche y declararon que las chicas no merecían la cárcel por sus actos.

Después de una larga espera y en medio de un ridículo y excesivo espectáculo de seguridad, el 20 de julio se dio inició al juicio contra las integrantes de Pussy Riot. En la primera visita judicial, el tribunal Jamovnicheski decidió prolongar el arresto por seis meses más, por lo cual continuaron en custodia hasta mediados de enero del siguiente año. Situación por la cual la defensa se manifestó pidiendo la liberación de sus clientes, comentando que si era necesario recurrirán a las instancias internacionales como el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

El caso tuvo una enorme resonancia mundial, se realizaron manifestaciones y conciertos de apoyo, además de actos solidarios en ciudades como Varsovia, Nueva York, Londres y Praga. Después de que se conociera el fallo, artistas internacionales como Alla Pugachyova, Sting, Peter Gabriel, Fait No More y Red Hot Chilli Peppers, entre una veintena más, mostraron su desacuerdo, incluso el embajador de Estados Unidos en Rusia, McFaul, expresó su preocupación por el tratamiento de la banda.

Cabe destacar que, ante todo este acontecimiento, la comunidad artística-intelectual rusa proclamó su descontento generalizado contra el gobierno de Putin y fueron varios los actos en los cuales pintores, cineastas, escritores, músicos, filósofos y demás han mostraron su repudio putinista en actos propiamente reivindicativos, solidarios con la oposición al régimen de Putin. Como la actriz y directora Olga Darfi, que se puso una balaclava rosa para caminar por la alfombra roja en la apertura del Festival Internacional de Cine de Moscú. O el conocido crítico Artiem Troitsky, exdirector de la revista Playboy, también usó un pasamontaña para presentar un festival de rock (Proceso, 2012). En los Oscar rusos, el pintor Oleg Kulik, encargado de entregar un galardón, dijo desde el escenario que el premio a la mejor opereta —declarado desierto- debería habérsele otorgado a Pussy Riot por su acto (El País, 2012).


El pasado domingo 18 de marzo, la banda se presentó en el Festival Vive Latino en donde se pronunciaron “por las mil 777 cruces rosas de Ciudad Juárez. Por los vientos de miles de familias de México y América Latina devastadas por la ausencia de nuestras desaparecidas y desaparecidos. Por nuestras periodistas y activistas asesinadas”, un acto en el que a muchas mujeres y hombres por un momento se les olvidó la imagen de Vladimir Putin descamisado sobre el lomo de un caballo, aquella imagen que compartieron tanto en sus redes sociales como un símbolo de la hombría y poder del mandatario Ruso.