Por Luis Gabino Alzati Ruíz

La manera más explícita de entender la influencia profunda que el narcotráfico y el crimen organizado tienen en la sociedad es patente a través de los elementos que caracterizan y distinguen a la narcocultura. Vivimos en una sociedad hiperviolenta. Estamos habituados a la violencia: películas, canciones, series, noticias, son diversos los medios en los que hacemos consumo de la violencia. Actualmente, la violencia determina nuestras relaciones. En esta línea, Sayak Valencia, en su ensayo Género (s) y narcocultura (2016:239) sostiene que:

“La narcocultura es una forma de vida y socialización cotidiana […] la cual cuenta con elementos de distribución de sentido y pertenencia basados en una indumentaria abigarrada y costosa, un género musical popular (narcocorrido), un subgénero cinematográfico (videohome), unas prácticas de hiperconsumo ostentoso y un estatus social característicos”.

No se tiene que participar de las ganancias o de las prácticas de la narcocultura para ser parte de ella, estamos expuestos a la narcocultura de maneras variadas, sutiles o explícitas. Los narcoplaticantes son una expresión fehaciente de esta influencia: son aquellos individuos que celebran las acciones culturales emanadas de la narcocultura, que se sienten narcos y sicarios pero no lo son, que escuchan sus canciones pero no han empuñado ni disparado un arma; que se visten como los buchones(1) pero no cuentan con el poder adquisitivo que se obtiene en el negocio prohibido. La violencia es para ellos un espectáculo, una forma más de entretenimiento, de diversión que ha ido construyendo una identidad.

Para Patricio Chávez, consultor en temas de desarrollo co­munitario quien ha colaborado con la ONU y otras organi­zaciones en diversos países del continente americano, hay una brecha entre la capacidad y la expectativa de consumo de los jóvenes. “Por eso hay dos grandes situaciones y una de ellas es el narcotráfico porque eleva la capacidad de con­sumo y se vincula a dicha expectativa de consumo, como se resume en la famosa frase prefiero un año de rey que toda una vida de wey. El narcotráfico es una condición cultural que implica expectativas de consumo que son potenciadas a la N, porque los jóvenes saben que vendiendo drogas o par­ticipando en alguna de sus actividades podrán ganar más dinero en un día o en una semana que lo que no ganarían en todo un año en cualquier otro empleo. Lo primero que se tiene que admitir es que el hecho del narcotráfico existe no porque haya narcocorridos, sino por otras causas y múl­tiples factores.

“Por otro lado hay altos índices de violencia en comunidades con poder adquisitivo elevado. Las expectativas de consumo no se limitan a los estratos sociales desfavorecidos”, sostiene en entrevista.

Y continúa: “No vamos a ganar nada prohibiendo los narcocorridos, metiendo a la cárcel a los cantautores o intérpretes del movimiento alterado. El narcocorrido existe porque existe el narcotráfico, no es al revés, no es el narcocorrido el que genera las condiciones del narcotráfico, subraya, sino un hecho concreto que es el narcotráfico que jóvenes que no escuchen narcocorridos ni vean narcoseries, aunque haya quienes afirman que se está haciendo apología del narco. Lo que podemos hacer no es prohibir, sino educar, brindar a los jóvenes capacidad de crítica para que identifiquen y reflexionen sobre los mensajes que reciben”.

Portada del libro.

Una muestra del delito aspiracional expresado en el corrido se manifiesta mediante los símbolos de poder que aparecen como amuletos o extensiones del personaje referido, las camionetas y autos de lujo, joyas, armas chapadas en oro y de diferentes calibres, caballos, mansiones, aviones y referencias a la “vida loca” con fiestas, alcohol, música y mujeres. Entre más tienes y más ostentas, mayor es el poder y jerarquía dentro de la organización. La afirmación de Patricio Chávez parece tener un sustento sólido, difícil de contra argumentar: el narcocorrido existe porque el narco está ahí, forma parte del entorno. Pero, ¿qué es la narcocultura? María Socorro Tabuenca Córdoba y Juan Carlos Ramírez-Pimienta ofrecen una descripción precisa y sencilla en la introducción del libro Camelia la texana y otras mujeres de la narcocultura, editado por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

“La narcocultura es, sin duda, uno de los fenómenos más importantes del siglo pasado y lo que va del presente, qui­zá el más destacado por sus alcances políticos, económicos, jurídicos, médicos, artísticos, sociales, etc; además, impacta prácticamente todos los sistemas informativos y de vida del México actual”.(2)

Por ello, satanizar y censurar las narco coplas y las “rimas malandras” es un intento infructuoso de detener su influencia social porque no se atacan las causas profundas que las han arraigado; desde hace años existe una narrativa oficial que puso a la “guerra contra el narcotráfico” en el centro de la agenda informativa nacional, prohibiendo la pauta o programación de narcocorridos en las estaciones de radio y televisión y un pacto de medios que busca limitar la información sobre violencia. La estrategia oficial de inundar de comunicados oficiales las páginas y portales que solo cuentan una versión de los hechos topa con pared puesto que no logra articular ideas y acciones precisas, asertivas y contundentes para comprender la narcocultura y sus causas y orígenes. Su torpe accionar busca el efecto mediático e inmediato, sesgando la libertad de expresión con la justificación de que se trata de sacrificar éste por otros derechos y en aras de la seguridad.

El combate al narco crimen se llevó de las calles y las terrace­rías a las frecuencias de la radio, haciendo crecer las ganan­cias de la piratería sin tocar el corazón del crimen organizado ni sus cuentas bancarias.

“La narcocultura es, en síntesis, la influencia que el nar­cotráfico ejerce en la sociedad y en la producción cultural mexicana es una realidad innegable”, refieren Tabuenca y Ra­mírez-Pimienta.


  1. Persona que se dedica a la venta de droga. drog. Diccionario de america­nismos 2010 Asociación de Academias de la Lengua Española en http://lema.rae.es/damer/?key=buch%C3%B3n
  2. Ramírez-Pimienta, Juan Carlos y Tabuenca Córdoba, María Socorro (coords.): Camelia La Texana y otras mujeres de la narcocultura, México, UAS, 2016.

*Fragmento del libro De sicarios y juglares, reflexiones sobre el narcocorrido en México, editado en la Editorial Iztapalapa (2018). Agradecemos al autor por las facilidades para su publicación.