Con entrevista a Alejandro Filio y comentarios de Pedro Aznar.

 

Por Paloma Carreño Acuña

Punza en Latinoamérica el latir ancestral del dominio, retumba en la cabeza la ruptura de lo propio, y queda en la memoria el recuerdo lúcido del despojo. El gemido de la descolonización, el jadeo al reventar la identidad de esclavos, el lamento por la enfermedad de la revolución, el grito eufórico al dictador. Todo sonido de lucha se interiorizó y se mezcló con la proporción líquida del ser.

Se ha ido derramando en sudor por las calles, su sonido, para mojar la tierra, para darle el sabor a la fruta, para bañarnos. Ese sonido que nos habita y habitamos, se interiorizó históricamente hasta invadir el pensar. Es rítmica la búsqueda de libertad, va al compás la asunción de lo propio, y se ha hecho música la oposición.

Pero la música del recuerdo histórico, de la exposición del hoy, ha sido reprimida en Latinoamérica de diferentes formas, a veces con balazos, pero el método más efectivo ha sido la imposición de un esquema que impide el entendimiento de las letras.

Alejandro Filio es un trovador mexicano que ha sido incluido en el movimiento Nueva Canción. Un frente donde los músicos reafirman a través de sus canciones la naturaleza guerrera de la música y en un espíritu de fusión la usan para oponerse al sistema anacrónico del imperio y distópico del consumo.

En entrevista Filio me cuenta que le parece que en México cualquier mensaje de protesta es incomprensible, porque nos hemos alejado de la exploración del concepto a través de la trova, la real, que se juega el mundo en las palabras para develar la poesía, con sus implicaciones.

Hay un México caído como un ángel al olvido
Pero es cierto que los buenos somos más.
El engaño esta pagado como el narco o el soldado
Que buscando su dolor se matarán.

Así dice su canción “Engaño” sobre el contexto en el que se hace la música, “Es un constante intentar, poner en resistencia a la música para hacerla una forma de oposición”. Esta canción, afirma, es una invitación a hablar de las mismas cosas de siempre, para intentar poner en evidencia a un sistema nada equitativo, donde la pobreza existe y mata, con injusticia y corrupción.

El movimiento de la Nueva Canción vincula el pasado con el presente, permitiendo el uso histórico de los recursos musicales como el folclor y alimentándolos con el sentir común frente a la realidad. Por eso Filio habla del papel que tiene la honestidad en la canción “Vivir como escribimos, escribir como vivimos. El contexto aumenta la necesidad de hacer ese compromiso ético y estético”.

¿Y cómo cantar sobre la realidad? Si se educa para normalizar el daño. Siempre me he cuestionado sobre la carga emocional de este momento histórico en que nos observamos aún a distancias quiméricas. El ser humano replica el exterior construyendo adentro de sí, fronteras indómitas que lo separen de los otros.

Pero el recurso elemental de la nueva canción es el sentir, un sentir que al ser recibido e interpretado replica las realidades para ponerlas en la boca de todos y que deje de ser un hecho negado.

“El sentir es una necesidad básica y elemental para escribir, mantenerse en ese estado no es sencillo, la creación no es un chispazo, sino un ejercicio permanente de consciencia”, dice Filio.

La nueva canción es una búsqueda de identidad de los otros en la época cimbrante de los 60´s, “Fue el instrumento político y estético para difundir en las masas la ideología que habría de motorizar los Nuevos Tiempos, y conducir a la formación del Hombre Nuevo, que reivindicaría las clases tradicionalmente oprimidas” (Resolución Final del Encuentro de la Canción Protesta, Cuba, 1967).            

Sin embargo, la opinión era reprimida, las ideas contenidas. El discurso de los que se creyeron sin voz impactó en la percepción de sí mismos, como un algo definible a partir de ellos y no del exterior, el antiimperialismo permeo en cada capa de piel del cuerpo latinoamericano. Pero fue reprimido, con fuerza. La nueva canción se volvió el instrumento de la protesta.

¡Qué caldo de cultivo de la voluntad reaccionaria! Usando el poder expansivo y accesible de la música. Surgieron distintos grupos como: Nuevo Cancionero en Argentina, Nuevo Canto en Uruguay, la peña de los Parra chilena, la Nueva Trova Cubana, la Bossa Nova y el Tropicalismo, con representantes cuyos nombres aún resuenan en la memoria automática de los sonidos familiares:

Víctor Jara, Quilapayun, Inti-Illimany, Violeta Parra; Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Facundo Cabral; Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, Los Olimareños; Amparo Ochoa, Oscar Chávez; Soledad Bravo, el grupo Presente y Pasado. Alí Primera, Gloria Martín; Geraldo Vandré, Tom Jobim, Giberto Gil, Milton Nascimento, Chico Buarque, Caetano Veloso; Carlos Puebla, Noel Nicola, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez.

… Y sigue una larga lista, donde se van incorporando los hijos y nietos de la nueva canción. Pedro Aznar en su visita a Morelia habló de la madre Sosa, que abrigó a los músicos con su bondad impulsando la creación simbólica de la canción otorgándole un significado en la letra y sonido.

Ven a acompañarme aquí,
al callejón brutal
Ven a ver cómo es vivir
en un barrio marginal

Cada casa es un fortín
sin mucho que guardar
Los mendigos van allí
por la basura, a hurgar

Su canción barrio marginal es una provocación, con el sonido de la élite de fondo y la invitación a repensar la marginalidad desde adentro. Es al mismo tiempo un discurso de clase, una crítica al sistema político y una ignominiosa experiencia de lo que permitimos que suceda a nuestro alrededor.

No se puede entender el movimiento de la nueva canción latinoamericano como un ente unificado. La identidad es un concepto que para el latinoamericano está tan lejano, por lo difuso y confuso de nuestro pasado y la lejanía con los otros que también son pueblo, pero distintos.

“El músico debe sumergirse en su propio contexto sociohistórico, debe dialogar con ese pueblo que es fuente, inspiración y aprendizaje. Así, la Nueva Canción sería el espacio multiforme para el amor, la protesta, la nostalgia bucólica y la crítica política” (Fabiola Velasco, La nueva canción latinoamericana, 2007).

La nueva canción no es siempre protesta, como me dijo Filio, se escribe sobre lo que aquello a lo que se le había negado importancia, sobre las luchas cotidianas, los amores mundanos y la búsqueda de trascendencia, se escribe sobre el camino al trabajo, los hoyos en los bolsillos, el afán de ser queridos, el esfuerzo paradójico por ser alguien, los contrastes en lo más elementa. Ismael Serrano lo hace así en su canción Podría ser.

Contando monedas para comprar cigarros

Regreso a mi casa sumando derrotas

Vuelvo sin excusas, sin paz ni trabajo

Y a nuestro futuro le arrancan las horas

Y en casa me espera mi razón de vida, el calor de hogar

Llevo la vergüenza, las manos vacías, la precariedad.

El leitmotiv de Latinoamérica se plasmó en la música del movimiento Nueva canción, los anhelos más humildes y sublimes “Cuando tenga la tierra, la tendrán los que luchan” (Mercedes Sosa), Agrupó el enojo y difundió la intolerancia a la aceptación de lo inaceptable “Basta, de mentes hipócritas, basta de mentes estólidas que nos quieren mandar” (Ali primera).

¿Y quién es dueño de la canción, si el motivo es de los pueblos?

Atahualpa Yupanki cuando habla de la canción Duerme negrito, regala una verdad, “Como toda canción de cuna, pisa la tierra y es un poco metafísica. Honor hubiera sido que fuera mía, pero no es mía, es de ellos, la canta una madre que deja su hijo con su hermana, en color y destino“.

Que tu mama está en el campo, Negrito

Trabajando

Trabajando duramente, trabajando sí

Trabajando e va de luto, trabajando sí

Trabajando e no le pagan, trabajando sí

Trabajando e va tosiendo, trabajando sí

Es de ellos, dice, de ellos. Y canta.

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